
ARCHIVADO:05 Dic 1999 PAG:98a SECCION:opi NOTAS:niadomingo-lina PUB: AUTOR:VIELK;02/12,11:42EMILIA BARRIOS SARASQUETA
Tintibajos
A pesar del calendario, todavía soy capaz de recordar mis juegos de niña cuando en los parques me divertía en el tintibajo. De pequeña me maravillaba la tecnología de aquella sencilla tabla que sostenida por una base central lograba darnos largos ratos de entretención. El truco consistía en que se necesitaba la fuerza y el empuje de dos pequeños para que se equilibrara y funcionara. Si alguno era más gordito de la cuenta, el contrapeso no funcionaba.Como el tintibajo de mis juegos infantiles, la globalización de la que todo el mundo habla, se fundamenta en dos fuerzas principales: la fuerte competencia en el mercado global y el desarrollo de la alta tecnología. Una es el impulso de la otra, pero lo más importante es la base sobre la cual se fundamente esta tendencia y que no es otra que la corriente moderna de las ‘‘alianzas estratégicas’’.En nuestras pequeñas economías, en las que no tenemos más opción que adecuarnos a lo que las grandes transnacionales imponen, usualmente una de esas fuerzas es más gordita que la otra y por eso, aunque los gobiernos tomen medidas que supuestamente redundarán en beneficios para la economía nacional, el tintibajo se desequilibra y no sube de un lado, afectando la eficiencia de los procesos de liberalización del mercado que dan por resultado un duro golpe a la ‘‘equidad social’’.Sería extenso adentrarnos en las teorías modernas de globalización y desarrollo competitivo, a las que poco puedo aportar frente a los conceptos de Drucker, Porter, Ozawa, etc. Lo cierto es que el tema de las ‘‘alianzas estratégicas’’ es por demás apasionante, sobre todo para aquellos que tratamos de comprender todos los días por qué lo que antes nos costaba un balboa, hoy nos cuesta dos.Y es que si analizamos la teoría del tintibajo, comprenderemos que la clave de todo está en la base. Esa base inamovible que sostiene la tabla y cuida que esta no se salga y caiga. Esa base de ‘‘alianzas estratégicas’’ todavía tiene mucho camino que recorrer. Como todo lo nuevo, poco a poco se va asentando y sufre una cantidad de cambios a medida que su desarrollo avanza. Por eso, debemos esperar que esa base de ‘‘alianzas estratégicas’’, que cada día se hace mucho más fuerte y poderosa que los propios gobiernos, comprenda que su eficiencia no solo estriba en la acumulación de capital y en la producción de tecnología de punta; sino que su fin principal, a la larga, no es otro que la eficiencia en la equidad social y el re–encuentro con el bien común de la sociedad civil.Hasta que eso pase, continuaremos sentados en un lado del tintibajo sin poder hacerlo funcionar; sufriendo los embates de las alzas de los servicios básicos y la canasta familiar.n(La autora es administradora)
Copyright © 1998 Corporación La Prensa. Todos los derechos reservados.
Tintibajos
A pesar del calendario, todavía soy capaz de recordar mis juegos de niña cuando en los parques me divertía en el tintibajo. De pequeña me maravillaba la tecnología de aquella sencilla tabla que sostenida por una base central lograba darnos largos ratos de entretención. El truco consistía en que se necesitaba la fuerza y el empuje de dos pequeños para que se equilibrara y funcionara. Si alguno era más gordito de la cuenta, el contrapeso no funcionaba.Como el tintibajo de mis juegos infantiles, la globalización de la que todo el mundo habla, se fundamenta en dos fuerzas principales: la fuerte competencia en el mercado global y el desarrollo de la alta tecnología. Una es el impulso de la otra, pero lo más importante es la base sobre la cual se fundamente esta tendencia y que no es otra que la corriente moderna de las ‘‘alianzas estratégicas’’.En nuestras pequeñas economías, en las que no tenemos más opción que adecuarnos a lo que las grandes transnacionales imponen, usualmente una de esas fuerzas es más gordita que la otra y por eso, aunque los gobiernos tomen medidas que supuestamente redundarán en beneficios para la economía nacional, el tintibajo se desequilibra y no sube de un lado, afectando la eficiencia de los procesos de liberalización del mercado que dan por resultado un duro golpe a la ‘‘equidad social’’.Sería extenso adentrarnos en las teorías modernas de globalización y desarrollo competitivo, a las que poco puedo aportar frente a los conceptos de Drucker, Porter, Ozawa, etc. Lo cierto es que el tema de las ‘‘alianzas estratégicas’’ es por demás apasionante, sobre todo para aquellos que tratamos de comprender todos los días por qué lo que antes nos costaba un balboa, hoy nos cuesta dos.Y es que si analizamos la teoría del tintibajo, comprenderemos que la clave de todo está en la base. Esa base inamovible que sostiene la tabla y cuida que esta no se salga y caiga. Esa base de ‘‘alianzas estratégicas’’ todavía tiene mucho camino que recorrer. Como todo lo nuevo, poco a poco se va asentando y sufre una cantidad de cambios a medida que su desarrollo avanza. Por eso, debemos esperar que esa base de ‘‘alianzas estratégicas’’, que cada día se hace mucho más fuerte y poderosa que los propios gobiernos, comprenda que su eficiencia no solo estriba en la acumulación de capital y en la producción de tecnología de punta; sino que su fin principal, a la larga, no es otro que la eficiencia en la equidad social y el re–encuentro con el bien común de la sociedad civil.Hasta que eso pase, continuaremos sentados en un lado del tintibajo sin poder hacerlo funcionar; sufriendo los embates de las alzas de los servicios básicos y la canasta familiar.n(La autora es administradora)
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