
La palabra Crisis proviene del latín crisis y a su vez del griego kρίσις y se define como una situación de cambios que presenta un grado de dificultad muy alto, que se puede dar en cualquier aspecto de la realidad humana, ya sea personal o de estructuras organizadas, como puede ser la economía.
Crisis es específicamente el punto álgido en el cual la situación estalla y produce un resultado, que en el caso económico generalmente es una recesión. Por lo tanto, si nos ceñimos a esto, la crisis ya pasó y ahora estamos viviendo sus resultados. El grave problema de todo esto es creer que esta recesión nació de la nada y que no es algo que pueda preverse o controlarse. Lo que sucede es que cada vez que se presenta esta etapa del Ciclo Económico se retrocede automáticamente a 1929 trayendo, no solamente el recuerdo de los acontecimientos que se dieron en Wall Street en aquella época, sino también la percepción de pánico y desesperanza que provocó la Gran Depresión, para la cual si podríamos utilizar la palabra Crisis de forma permanente.
Pues sepa usted, mi querido saltamontes, que efectivamente sí enfrentamos una recesión, más o menos severa, que afecta mayormente a los países desarrollados, provocada por una serie de factores como la pérdida del valor del dólar, la subida indiscriminada de los precios del petróleo y de las materias primas junto con todo el descalabro del mercado inmobiliario; pero, que de ninguna manera va a terminar en una Gran Depresión y que no necesariamente va a dejarle en la calle. Pero para que comprenda exactamente cómo puede afectar sus finanzas personales, es muy necesario que entienda cómo funciona un Ciclo Económico.
Los ciclos económicos son fluctuaciones que van de la expansión a la contracción de las economías, que no son aislados y ocurren de forma cíclica, una expansión sigue a una contracción y así sucesivamente en los sectores comerciales, bursátiles e industriales. Estos ciclos constan de tres fases: el auge o ascenso donde la actividad económica crece y que muchos dan por llamar “boom”; el descenso o contracción en el que las variables económicas como la renta y el empleo se desaceleran o estancan, haciendo crisis y resultando en la recesión subsiguiente, llegando un punto de profundidad máxima, para luego iniciar la reactivación e iniciar un nuevo ciclo expansivo donde se destacan la inversión y un aumento del consumo de bienes y servicios.
Si esta pensando que esto es una teoría reciente se equivoca. Clement Juglar (1892 a 1905) analizó estadísticamente las fluctuaciones que se daban en los diferentes sectores del comercio y la economía, estableciendo que estas oscilaciones, a veces no tan severas, se daban en períodos entre 7 y 10 años. También el ruso Nicolai Kondratieff (1892-1938) estudió las fluctuaciones que se daban en los negocios cada 50 años y Kitchin, en 1923, estableció ciclos cortos de 4 años al estudiar las compensaciones bancarias.
Ahora bien, qué dispara cada fase del ciclo sigue sin ser definido exactamente, pero lo cierto es, que cualquiera que trate de explicarlo mediante un solo factor o causa, estará simplemente adivinado. La mayoría de los economistas serios están de acuerdo en que estas fluctuaciones son el resultado de la combinación de una serie de factores. Por ejemplo, la mayoría de la población mundial piensa que la causa de esta llamada “crisis” fue la debacle del mercado inmobiliario que tocó fondo en 2007 con la quiebra de una serie de empresas financieras; pero, en realidad, ese fue el momento en que estalló el petardo y dio inicio al pánico y a la recesión, el verdadero inicio de la contracción se dio desde el 2004.
Recordemos que el mundo económico vivía un auge desde 2003 con la expansión del consumo del mercado chino, el florecimiento de economías como la India y otros países del Asia, la consolidación de economías emergentes en el Tercer Mundo y el aumento de las inversiones americanas a nivel mundial; sin embargo, a partir de 2004 el dólar comienza a perder valor gracias al déficit fiscal y comercial de los Estados Unidos, lo que repercute en la confianza de los mercados a nivel mundial ya que el dólar es la moneda de intercambio mundial por excelencia. Así mismo, a partir de 2004 los precios del petróleo, afectados por la pérdida del valor de dólar y los acontecimientos políticos en el medio oriente, inician su ascenso hasta llegar a la escandalosa suma de $135 el barril en 2007. Esto, por supuesto, llevó a un encarecimiento mundial de la producción y de los alimentos que golpeó sobretodo a las poblaciones de bajos recursos perdiendo poder adquisitivo. También puede sumarle a esto el inicio del “impasse” por la carrera presidencial en Estados Unidos que terminó con la elección de Obama.
O sea, que lo que tenemos es un coctel molotov que acabó explotando en el momento en que las empresas financieras entraron en crisis, provocando un pánico colectivo que inmediatamente generó la contracción del consumo y la suspensión de las inversiones y el crédito en la mayoría de las economías del planeta, resultando en la recesión que vivimos hoy. Pero y ¿cuándo acabará?
Actualmente la mayoría de las economías mundiales han experimentado episodios inflacionarios, más o menos severos. Panamá no ha escapado a esto y vemos como la tasa de crecimiento que anteriormente se establecía en un 6% a 5%, hoy se está pautando alrededor de un 3.5% lo que sigue siendo positivo, ya que la mayoría de los países del área estarían creciendo a un 1.8% aproximadamente. En el caso de las economías de los países desarrollados el punto álgido es el desempleo que ha alcanzado porcentajes verdaderamente altos en la mayoría de ellos. Por ejemplo en febrero pasado la tasa de desempleo en USA llegó al 8.1%, la más alta en 25 años; en la EUROZONA la tasa se sitúa en un 7% aproximadamente, aunque el caso de ESPAÑA es particularmente severo, ya que actualmente el desempleo ronda el 14% y los expertos señalan que es mayormente grave en el sector de la construcción, que hasta hace poco era uno de los pilares de su economía.
En el caso de Centroamérica la OIT proyecta tasas de desempleo alrededor del 8% y 9%; en el caso de Panamá, la tasa de desempleo para el 2008 estuvo alrededor del 5.2% y se pronostica que para agosto del 2009 pueda alcanzar el 8%. Pero es aquí donde veo el mayor problema para nuestro país. Tal como le sucedió a España en materia de empleos, el sector construcción en Panamá ha sido uno de los mayores responsables del movimiento económico; sin embargo, ya se están viendo los efectos de la crisis inmobiliaria en el exterior en términos de cancelación de proyectos y una cantidad impresionante de apartamentos de altos precios y urbanizaciones turísticas sin clientes. De hecho el metro cuadrado ya ha bajado unos $500 en las áreas de mayor valorización del sector metropolitano. ¿Se imagina si se inicia el despido masivo en este sector? Con suerte la tasa de desempleo podría no pasar del 10%.
Tal como lo he expuesto en otros escritos, la “percepción” de los mercados y de los consumidores es el elemento clave para ayudar o no a una reactivación económica. En todas las economías se ha visto una severa reducción de los créditos para empresas y personales o, al menos, un incremento en los requerimientos para optar por el. Esto reduce significativamente las posibilidades de que el consumo interno, motor principal de la mayoría de nuestras economías, actúe como un factor de recuperación. Esto nos lo enseñó Keynes hace muchos años y se comprobó durante el episodio de la Gran Depresión.
Entendamos una cosa, menos empleos no sólo significa que el ciudadano promedio sufre, el propio Estado ve disminuidas sus tributaciones fiscales lo que inmediatamente se traduce en menor inversión en infraestructura y ayudas sociales. Esto a la larga se traduce en un impacto socio económico severo que provoca molestias en los principales colectivos del país, agravando aún más la estabilidad económica y la capacidad de atraer inversiones privadas.
Todo lo anterior nos dice claramente que la crisis se agudizará durante 2009. De hecho, la reciente aparición del H1N1, créanme que también tendrá un efecto de rebote sobre toda esta situación, principalmente en México uno de los principales socios comerciales de los USA y Canadá. El problema es que hemos tenido varios episodios de crisis: la inmobiliaria, la financiera y la peor de todas, la crisis de poder adquisitivo, lo que hace muy complejo el predecir cuando vendrá el período de recuperación, sobretodo porque no se da de igual forma ni en el mismo período de tiempo para cada país.
Panamá está por iniciar una nueva etapa con el cambio de Gobierno que se dará a partir del próximo 1 de julio y, aunque existe mucho optimismo por esto, también es cierto que hemos empezado a visualizar los escollos presupuestarios que tendrá el nuevo equipo para sacar el país adelante; por lo tanto, los acontecimientos políticos que se darán durante esos primeros meses de Gobierno tendrán un efecto positivo o negativo sobre nuestra economía.
En cuanto a la recuperación mundial son muchos los que coinciden que empezarán a verse destellos de luz a finales de 2009 para USA y la EUROZONA; pero otros esperan que la recesión agudice todavía un poco en 2009 y, no será sino hasta a mediados de 2010 cuando las economías empezarán a despuntar, siempre y cuando se den las condiciones apropiadas en el control del endeudamiento y los déficit fiscales y se restaure el desequilibrio en los cambios de divisas en la EUROZONA.
En cuanto a Panamá, mi apreciación personal, es que todavía no ha tocado verdadero fondo. Si vemos las estadísticas financieras y de mercado, comprobaremos que la mayoría de los conglomerados han tenido bajas en sus ganancias, las recaudaciones fiscales han bajado y el ciudadano promedio sigue perdiendo poder adquisitivo. De hecho, el endeudamiento de las empresas y familias panameñas es alto en este momento. Creo sinceramente que a Panamá le falta por vivir su propia crisis inmobiliaria que generará cambios significativos en los principales actores económicos que agudizarán la recesión. Actualmente también tenemos la amenaza de que uno de los principales pilares de nuestra economía de servicios, el negocio “Off Shore”, sufra las consecuencias de fuerzas económicas, que bajo una serie de falacias, intentan arrebatarnos nuestro legítimo derecho a mantener nuestro sistema tributario bajo el esquema de territorialidad. Eso sería una catástrofe mayúscula.
Por lo tanto mi consejo sincero es que tome las precauciones del caso y asegure sus finanzas personales de manera que pueda darle la batalla a este período de vacas flacas. Para hacerlo lo principal será:
- Cuidar su empleo y trabajar más que nunca.
- Si fue previsor y refinanció sus deudas, bien por usted; si no lo hizo, no se le ocurra aumentarlas, las condiciones del crédito actual no son las mejores.
- Trate de ahorrar en sus gastos personales, si no le hace falta para subsistir, no lo gaste.
Pero sobretodo no vaya a desesperarse creyendo que lo perderá todo y tendrá que tirarse por la ventana de su oficina, como lo hicieron un par de empresarios en 1929. Piense que esto es efectivamente una etapa del Ciclo Económico y que irremediablemente pasará. Lo importante es que durante este período, trate de ajustar sus gastos para no tener que pedir prestado, ni financiarse con las tarjetas de crédito. Esto último es tremendamente importante.
Es un hecho probado históricamente que las crisis son principalmente etapas de cambio, que generalmente, traen resultados positivos; por eso es muy importante que conserve el optimismo y esté atento a los signos de cambio. Es probable que a finales del 2010 estemos ya en el período de recuperación y, como simples humanos que somos, metiendo la pata de nuevo rumbo a nuestra siguiente crisis.


