on Sunday, December 13, 2009

He de comenzar por explicar que poco conozco sobre los mercados financieros árabes y, quizás por eso, mis neuronas chocan como protones alocados cuando trato de entender exactamente lo que algunos estudiosos financieros han dado por llamar la Crisis Dubái.

El 25 de noviembre pasado el Gobierno de Dubái anuncio que Nakheel, subsidiaria de Dubái World, había solicitado una moratoria de pago de seis meses en los bonos e intereses de préstamos que debía devolver este 14 de Diciembre.
Estamos hablando de 4,000 millones de dólares que los inversores no verán ingresar en sus bolsillos. Inmediatamente los principales medios financieros se hicieron eco de la noticia, logrando que los fantasmas de una nueva crisis inundaran las principales Bolsas financieras, de especulaciones y rendimientos a la baja. Dos días después, un oficial de Abu Dhabi intentaba calmar los ánimos de los inversionistas promotores de los Emiratos Árabes, al garantizar que dicha Capital analizaría los casos y respondería por las deudas; pero, otro par de días después, la entidad rectora de las finanzas en Dubái explicaba que los pasivos de Dubái World no estaban garantizados por el Gobierno.

¿Estamos hablando de deuda soberana o no? Pues bien, para comprender esta contradicción hay que entender que Dubái World nace como un holding en 2006, con la bendición del Emir Mohammed bin Rashid Al Maktoum, cuya familia gobierna el Emirato desde hace añales y, como es lógico, poseen la mayoría de sus acciones. Esta empresa de inversiones nace con la función principal de administrar y supervisar el portafolio de inversiones del Gobierno de Dubái, pero, con lo que llamaríamos una Personería Jurídica propia.

A ver…..Tengo que rebobinar. ¿Es un conglomerado estatal o una empresa privada?

Siempre que una organización, sea del sector que sea, se ve imposibilitada de pagar sus deudas, se da lo conoce como una quiebra financiera. Si hablamos de un Estado, hay un máxima que reza que “los Estados quiebran, pero los Pueblos no”, y esto es así, porque sus ciudadanos pagan impuestos y se supone que constantemente rellenan las arcas del Estado. Menos mal porque si no, ya Panamá tendría en su haber varias de estas. Es por esto que se considera que los instrumentos de inversión emitidos por los Gobiernos o los préstamos actuados, a los que se define como “Inversiones o Deuda Soberana” son considerados muy seguros, ya que el espectro de la quiebra es muy poco factible. Pero esta es una condición que no se cumple en Dubái, ya que su territorio es “0” impuestos personales y corporativos, debido a que va en contra de la Ley musulmana.

Y sigo rebobinando… ¿Será entonces que Dubái está en quiebra o sólo Nakheel?

Vámonos a las métricas. Dubái posee 4.114 km² y en 2008 su población ascendía a 2.262.000 habitantes, de los cuales el 80-85% de la población esta formada por expatriados de variados orígenes, indios(52%), pakistaníes(10%), iraníes y filipinos.

Su producción de petróleo sólo representa el 6% de su PIB y se espera que sus reservas se agoten en 20 años. Sus principales actividades económicas son las inmobiliarias y construcción (22,6%), comercio (16%), empresariales (15%) y los servicios financieros (11%). En 2009 su PIB total fue de 75.000 millones de dólares y su deuda se tasó en 88.133 millones.

Mejor voy concluyendo porque mi bobina ya humea. Lo que estas métricas me dicen a, ojo de buen cubero, es que el radio de influencia económica de Dubái no tiene el tamaño ni la capacidad de afectación, como para acrecentar los efectos de la llamada Crisis mundial. También me dicen que su economía es meramente de servicios y, por lo tanto, el país como tal, se verá inmerso en una pérdida total de la confianza de los inversores, quienes seguramente dirigirán sus ruegos a la poderosa Abu Dhabi para que restaure la confianza en los negocios de los Emiratos.

Y, en cuanto a las inversiones soberanas, creo que continuarán siendo inversiones relativamente seguras, ya que en este caso, de lo que probablemente se trata, es de un simple desequilibrio de finanzas familiares con características de territorio económico.

Pero lo verdaderamente valioso de esta experiencia, es que países como el nuestro se miren en este espejo de deudas, con cariz de sueños de desarrollo, y comprendan que los déficits públicos financiados con deuda no pueden ser la eterna solución para nuestro desarrollo. Por eso espero que la decisión tomada hace un par de meses de incrementar el máximo permitido en “déficit fiscal” para Panamá, no se nos transforme un una migraña con rebotes de crisis.


Las grandes deudas son un privilegio de la riqueza. " Anónimo
on Sunday, December 6, 2009
Hace mucho que no me encontraba con un artículo tan preciso sobre liderazgo como el que leí hace poco en Bloomberg.com, en su sección CEO, escrito por John Baldoni para Harvard Business y titulado: “Lo que se necesita para Liderar Hoy” (What It Takes to Lead Now), y que me sirve de marco para mi escrito de hoy sobre Cognitivo y Liderazgo.

El autor se hace eco de una encuesta realizada recientemente por McKinsey and Company que mide percepciones de los gerentes sobre “gestión corporativa”. Baldoni comenta algunos resultados relacionados con el área de Liderazgo que parecen sorprenderle de manera profunda al comprobar como la mayoría de los encuestados no considera importante motivar a sus equipos de trabajo en tiempos de crisis, ni tampoco darles guía o inspiración a fin de dar forma a sus acciones y alinearlos con la estrategia que se necesita operativizar para bandear la crisis.

Dice Baldoni: “Si una mayoría de directores no sienten que la inspiración y la dirección son necesarias para la gestión del rendimiento corporativo, y que la motivación y la rendición de cuentas no son esenciales, nuestras empresas están mucho peor de lo imaginado………. El estudio no mide lo que creo que la mayoría de los gerentes piensan que es su función principal: lograr que las tareas se ejecuten. Sin embargo, la ejecución sin un liderazgo adecuado es miope. Se llevará a una empresa a través de un trimestre o un año, pero no proporcionan una base para lo que las organizaciones realmente tienen que hacer y eso es crecer.”(1)

A pesar de ser un artículo muy corto, el autor enfoca de manera precisa y clara el principal problema del liderazgo hoy día, sea el país o la industria en que se encuentre, todos quieren hacer las cosas bien pero pocos saben, en concreto, lo que verdaderamente hay que hacer. Esta ha sido mi eterna diatriba en el campo del liderazgo, cuando defino que un gerente puede ser eficiente (realiza bien las tareas y la rutina de toma de decisiones), pero no necesariamente es eficaz (logra el resultado que verdaderamente debe ser obtenido influenciando positivamente a los equipos de trabajo).


Y es que por años el liderazgo ha sido visto como una tabla de categorías donde se define que un líder debe tener tal o cual característica dándose títulos, en algunos casos hasta peyorativos, a cada una de ellas. Y es así como tenemos líderes democráticos, autócratas y participativos, que representan las tres acepciones más comunes en casi todas las teorías; aunque hay algunos autores latinos como Angel Díaz Mérigo, que se manda categorías como la de zopilote, perseguidor, mamá gallina, y algunos otros, tremendamente folclóricos, que indudablemente sirven muy bien para definir conductas de liderazgo en nuestro medio.

Hoy día hay tantas definiciones de líder, como tipos de líderes hay y una de las que considero más completas es la de Peter Drucker que simplemente dice que: “la única definición de un líder es que es aquel que tiene seguidores. “ Pues claro, sin seguidores no puede haber un líder y esto nos lleva inmediatamente a razonar que puede haber líderes muy buenos, así como líderes muy malos. Y es que lo más connotado de cualquier definición de liderazgo es aquella parte que siempre se añade al final y que reza: “influye en la conducta de sus seguidores”. Ahí está la clave! El líder influye, ya sea para bien o para mal.

Es por esto que Baldoni expone su asombro al no entender cómo la mayoría de los entrevistados no conceptualiza la inspiración como parte de su responsabilidad al dirigir sus equipos de trabajo. Por supuesto el autor utiliza la palabra “inspirar” y, tal como él lo expone, es muy probable que muchos piensen que tienen que convertirse en oradores como Winston Churchill o comandar un contingente al estilo de Colin Powell y, por supuesto para ellos, este significado no forma parte de su conceptualización de la palabra “influir”. ¿Y por qué será?

Bien, usualmente se define concepto como una unidad cognitiva de significado, una idea abstracta o mental que puede llamarse "unidad de conocimiento". Pero no siempre una palabra tiene el mismo concepto para el sujeto que la usa o la escucha, dado que las experiencias intrínsecas que dicha palabra representa para cada individuo pueden ser bastante diferentes. Por lo tanto, a mi no me pilla de sorpresa que la mayoría de los encuestados no contemple la “inspiración” como parte de sus funciones. Y es que para la mayoría, el lenguaje es una función primaria de la comunicación; sin embargo, pocos tienen claro que, más que eso, el lenguaje es una herramienta cognitiva que permite crear el pensamiento conceptualmente organizado, para que luego pueda ser comunicado.

Y si se está preguntando que tiene que ver todo esto con el tan concreto concepto de influir y el liderazgo, pues piense Usted: ¿cuál será la herramienta principal que deberá utilizar el Líder para influir (inspirar) eficazmente en sus seguidores? La respuesta es obvia, la comunicación. Pero esta herramienta solo será ventajosa si quien la utiliza está consciente de las diferencias de conceptos y de las asociaciones que hacen los individuos de cada palabra, oración o instrucción que escuchan. Recordemos que cada profesional es producto de su entorno, de su cultura y hasta de su preparación académica, eso forma su experiencia y es diferente para cada uno de nosotros. Por ejemplo: si le pregunta a un Doctor, de buenas a primeras, qué es inspirar, seguro les responderá algo así como que es inhalar aire a los pulmones. Plop!

Por eso la mayoría de nosotros concibe la inspiración como un concepto filosófico espiritual que nos sirve más para el arte y la iluminación del pensamiento, que nada tiene que ver con tareas o el logro de objetivos comerciales. De hecho, si le preguntáramos sobre esto a Aristóteles, de seguro nos manda exiliar por semejante irreverencia conceptual, dada su natural aversión a todo lo que oliera a negocios o comercio.

Pero si he de ofrecer una solución a Baldoni, aunque por ciertas frases de su escrito intuyo que ya la conoce, es la de reiterar la necesidad de que los que líderes se preparen para su función. Está trillada ya la frase de que un “líder no nace, se hace”, pero esta deja en el limbo cómo se hace. El líder que quiere serlo debe prepararse no sólo para comprender la naturaleza de los procesos de liderazgo, ya bastante estudiados por los conductistas y psicólogos. También debe comprender el entorno en el que estos procesos se dan: la mente humana. Deben prepararse para ser “líderes cognitivos”.

El líder cognitivo es aquel que entiende que las personas tienen desviaciones de juicio muy personales que deben ser entendidas y direccionadas, es aquel que comprende que debe utilizar las tres principales acepciones sobre liderazgo dependiendo de la circunstancia en que se desarrollan los eventos y no esconderse en aquella que la gente evaluará positivamente en las 360; es aquel que conoce lo básico acerca de los principales procesos del pensamiento humano que permiten el aprendizaje y la ejecución de las tareas; es aquel que prefiere los refuerzos positivos a las constantes penalidades; es aquel que comprende que las personas conceptualizan instrucciones de acuerdo a su experiencia propia y que conceptos de negocios como el “bottom-line” no significan lo mismo para un financista que para un contador; es aquel que comprende que las emociones humanas forman parte de su entorno de trabajo y que esa frase de que “los problemas los dejo en la casa” no es más que un cliché; es aquel que practica el liderazgo de palabra, obra y acciones y, por sobre todas las cosas, es aquel que está consciente que no es ni mejor ni peor que aquellos a los que lidera y que necesita mantenerse en ruta constantemente para no caer en la manipulación de las mentes y las acciones.

El líder cognitivo es aquel que sabe trabajar con la información almacenada mediante la experiencia y el aprendizaje, propia y de los miembros de su equipo, que no es otra cosa que “conocimiento” y, por lo tanto, está pendiente de los procesos de pensamiento y las conductas que reflejan estos procesos, haciéndolos parte de su propio proceso de toma de decisiones. Este conocimiento le permite fácilmente neutralizar las percepciones y desviaciones de juicio que son, en muchos casos, la causa de la debacle en la gestión de proyectos.

Baldoni concluye su escrito haciéndose eco de otras encuestas sobre liderazgo que perciben una población de ejecutivos americanos que afirma que hoy día existe una crisis de liderazgo; algo que en nuestro país es claro y categórico en todos los estamentos de nuestra sociedad; por eso, es importante que se comprenda que las estructuras pueden estar plagadas de gerentes sin que ninguno de ellos pueda ser considerado un líder. Usualmente no se encuentran en los mandos altos sino más bien en los intermedios y, en muchas ocasiones, su posición no es otra que la de un supervisor o un colaborador. Si logra identificarlos no los pierda, prepárelos, conviértalos en la punta de lanza de su esquema de relevo de posiciones. Sus numeritos a futuro se lo agradecerán.

(1) Traducción de esta servidora


El liderazgo es el arte de conseguir que otra persona haga algo que quieres hacer, porque él quiere hacerlo.
Dwight Eisenhower
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