¿Recuerda sus días en el jardín de infancia? Seguro que a algunos les será más fácil que a otros pero, indudablemente, a la mayoría nos dibujará una sonrisa en nuestros recuerdos. Y es que los primeros años de un ser de carbono son esenciales para el desarrollo de sus habilidades físicas y psicológicas; aprenden a comunicarse e interactuar con los demás pero, sobre todo, florece la “creatividad”.
Y es así como juegan libremente en un ambiente permisivo que los estimula a hacer y deshacer utilizando su imaginación y pensamientos. Grandes murales coloridos, figuras abstractas que representan castillos o el hogar, rondas musicales, personajes teatrales, troncos, semillas y un sinfín más. Todo aquello que parece loco, absurdo o imposible tiene total cabida en el mundo de los niños y, a través de la curiosidad y los consabidos “por qué” esto o aquello, el niño encauza y aprende a utilizar lo irracional y fantástico para crear alternativas y alcanzar sus primeros logros.
No obstante, a medida que el niño asciende por la escalera educativa nos las arreglamos para reprimir totalmente el juego y la curiosidad, asesinando inmisericordemente sus posibilidades futuras de generar ideas y transformar el conocimiento en productividad. Luego, en la Universidad el asunto es aún peor con salones atiborrados de estudiantes que siguen instrucciones de cómo memorizar o aprender lo que otro descubrió o estableció hace años atrás, sin darles la oportunidad de criticar, dudar, o incluso, crear su propia conceptualización al respecto. Y el colmo, si al contestar la prueba usted aplica el conocimiento en vez de repetirlo como un papagayo, usted puede correr el riesgo de ser REPROBADO.

Los niños no tienen miedo a experimentar o a equivocarse sencillamente retoman otra idea o acción y siguen adelante. Tampoco temen inventarse una historia loca o perseguir una mariposa observando su entorno, mientras la nana trata infructuosamente de enseñarles cómo comer debidamente en la mesa. El niño usualmente dedicará horas a realizar lo que gusta y 6 segundos a aquello que no le gusta. Sin embargo, el adulto vive de la reprimenda y la amenaza correctiva ya que el exceso de curiosidad, fantasías y actividades lúdicas contemplan fronteras impuestas, enseñándoles que el excederse implica cometer errores y, por lo tanto, serán castigados por esto.
Como resultado de todo esto nuestra Sociedad hoy día está plagada de humanos inmersos en tareas rutinarias, incapaces de desarrollar nuevas formas de acción para alcanzar sus metas personales o de generar nuevas ideas que les permita transformar su realidad existente. Y cómo no, si nos enseñaron a no arriesgarnos a cometer errores porque es penado y, por ende, lo mejor es no salirse de lo tradicional. Y no es que esto sea totalmente malo, entendamos que las actividades del día a día, por ser rutinarias, no requieren de mayor creatividad; no obstante, en el momento en que enfrentamos una crisis, sea del tipo que sea, que implica la necesidad de un cambio o la reinvención de sí mismo, nos es muy difícil o casi imposible adoptar una solución creativa. Las trabas mentales que nos acompañan en estas etapas pueden ser: no voy a aceptar que me equivoqué, no haré el ridículo, no puedo actuar como un niño, no soy especialista en eso, jamás lo lograría, yo lo he estado haciendo bien, la culpa es de otros. Y la peor de todas: no soy creativo.
Y me detengo entonces a pensar si no sería interesante convertir nuestras Universidades y ciertas secciones claves de nuestras empresas, en laboratorios de juegos donde nuestros ejecutivos y colaboradores pudieran dar rienda suelta a su herramienta cerebral, creando la fantasía de mejoras e innovaciones académicas y de negocios.
Todo esto danza en mi mente, casi disparatadamente, después de haber tomado un curso “online” de seis semanas sobre creatividad de la mano de Tina Seelig, actual Directora Ejecutiva del “Technology Venture Program” de la Universidad de Stanford y reconocida especialista internacional en temas de creatividad. El curso ha sido excelente en términos de profundizar y redefinir mi concepto de “creatividad”, además de darme la oportunidad de intercambiar y nutrirme de las ideas de los más de 22,000 estudiantes representando a 140 países (72% del globo terráqueo) que se inscribieron en el mismo, siendo Latinoamérica una de las regiones con menor participación, destacando sólo México y Brasil, probablemente por limitantes del idioma.
Y es que según datos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) la mayoría de los países de América Latina invierte en investigación y desarrollo sólo entre un 0,1 y 0,6 % de su PIB, casi lo mismo que hace diez años. De hecho, es menos de la cuarta parte de lo que destinan los países desarrollados" señala la Cepal. Además, la cooperación del sector privado con las instituciones públicas y Universidades es casi inexistente y esto, según el BID, puede deberse el escaso reconocimiento, por parte de las empresas de la región, de la importancia que supone la investigación para el aprendizaje y la innovación.
Ahora bien, ¿cuál es el concepto de “creatividad” que manejamos?
Cuando hablamos de creatividad en nuestros países usualmente la asociamos al arte, la música, los libros millonarios, la televisión, el cine o la publicidad. No es costumbre que asociemos la creatividad con nuestro trabajo diario, sea cual fuere. Y es en esta conceptualización donde pienso que radica la mayor de nuestras dificultades. Sólo personas como Steve Jobs, Albert Einstein o Steven Spielberg son consideradas creativas. De ninguna manera Juan Pérez contador o Amalia Suarez secretaria, podrían verse así. Pues señores “craso error”.
La palabra “creatividad” procede del vocablo latín “creare” que significa engendrar, producir, crear. Según la Academia Española de la Lengua es la capacidad de crear algo, usualmente de la nada. Pero hoy día la conceptualización de la creatividad va mucho más a allá de esto y, créame, nada fácil de definir ya que es diferente según el contexto en que se encuentre y no tiene un solo significado, ya que la actividad humana implícita en él puede ser muy diversa.
Para algunos la creatividad se refiere a la capacidad que tiene todo ser humano de apartarse de lo obvio y previsible para producir algo que resulta novedoso; para otros, se limita a las aptitudes que son características de los individuos creadores, como la fluidez, la flexibilidad, la originalidad y el pensamiento divergente, y así tenemos un sinfín de definiciones:
“Creatividad es la capacidad de crear cosas nuevas.” Karlqvist (1997)
"La creatividad, en sentido limitado, se refiere a las aptitudes que son características de los individuos creadores, como la fluidez, la flexibilidad, la originalidad y el pensamiento divergente". Guilford (1952)
"La creatividad es la habilidad del ser humano de traer algo nuevo a su existencia". Barron (1969)
"La creatividad es la capacidad de producir cosas nuevas y valiosas". Rodríguez (1999)
"Capacidad del cerebro para llegar a conclusiones nuevas y resolver problemas en una forma original. Se relaciona con la efectiva integración de ambos hemisferios cerebrales". Grinberg
"La creatividad es ver lo que todo el mundo ha visto y pensar lo que nadie ha pensado." - Einstein
“La creatividad es el resultado de un duro y sistemático trabajo”. Peter Drucker
Sin embargo para Tina Seelig la creatividad puede definirse fácilmente: es el proceso de generación de nuevas ideas en cualquier estamento de nuestra vida el hogar, el trabajo, la educación. Es un recurso renovable que podemos aprovechar en cualquier momento y que además, puede enseñarse.
Esto último genera alguna controversia ya que la mayoría de los teóricos de la creatividad afirma que ésta “puede ser aprendida pero no enseñada”.
Desde mi punto de vista es muy probable que quienes declaran esto estén pensando en el salón atiborrado de estudiantes memorizando un montón de teorías, frustrados por la penalización de sus absurdas conjeturas. Pero para Seelig ese salón ya ni siquiera existe y cualquier idea que generen las cabecitas de carbono de seguro tendrá alguna utilidad, simplemente porque lo que Tina enseña es a utilizar las herramientas del entorno y componentes de nuestro pensamiento de una manera más libre y con un fin estratégico, que no es otro, que el de poder descubrir las oportunidades a nuestro alrededor y transformarlas en algo productivo.
Por muchos años se mantuvo la idea de que sólo podían ser creativos aquellos que desarrollaban mayormente el hemisferio derecho de su cerebro; por lo tanto, la creatividad era básicamente potestad de las artes, las emociones y los sentimientos y para nada de la lógica, la matemática o lo verbal. No obstante, estudios recientes indican que el lado izquierdo del cerebro también tiene mucho que aportar en el proceso creativo. Y es que lo que hay que recordar es que la creatividad no es solo generar una idea, hay que transformarla en productividad para concluir el proceso.
La clave estriba en que la creatividad es un proceso en el que se interconectan varios factores y recursos que deben ser utilizados de manera conjunta para desarrollar el proceso. Ella llama a su modelo “the innovation engine” algo así como el “motor de la innovación”.
Para Seelig el conocimientoes el combustible que arranca la imaginacióny esta, a su vez, actúa como catalizador al transformar el conocimiento en nuevas ideas, siempre que mantengamos una actitudabierta a la exploración y experimentación. Para lograr esto podemos hacer uso de los recursos que se encuentran en nuestro entorno y comunidad, tomando en cuenta sus valores, comportamientos y creencias, a la vez que entendemos a nuestros equipos de trabajo y los espacios donde producimos.
Y usted se estará preguntando ¿y cómo hago eso?
Bien lo primero observación. Preste atención a todo lo que constituye su entorno. La mayoría de nosotros llega a sus oficinas diariamente por el mismo camino, saludamos de la misma manera y al iniciar nuestras tareas diarias, ni siquiera se nos pasa por la mente el replantearnos las mismas de una forma diferente. Y esto es perfectamente lógico porque la rutina así nos lo exige. Pero si observáramos a nuestro alrededor con “una actitud diferente”, como la del niño curioso que mira todo por primera vez tratando de descubrir qué nuevo uso puede darle a todo aquello que le rodea; es muy probable, que nos replantearíamos un par de problemas y la forma de resolverlos, resultando en nuevos negocios o contactos: nuevas oportunidades.
Observar con atención nos permite recopilar nuevos datos sobre ese ambiente que creemos conocer tan bien, tal y como lo hacemos cada vez que estamos de viaje. Dado que estamos en un lugar totalmente nuevo para nosotros, nuestra forma de mirar y pensar de alguna manera se torna en una antena receptora que capta cada una de las diferencias que ubicamos en relación a nuestro entorno común. Como dice Tom Kelly: “El verdadero acto de descubrir no consiste en buscar nuevas tierras, eso es viajar ", sino en verlo todo con nuevos ojos."
Y es este descubrimiento de nuevos datos que antes no teníamos el que nos permite replantearnos los problemas, combinando objetos o ideas totalmente diferentes para plantear nuevas soluciones. De hecho, los marcos de referencia que utilizamos diariamente generalmente son incuestionables; pero, qué pasa cuando nos atrevemos a preguntar: ¿y si hacemos esto diferente?
Hacer algo diferente no necesariamente implica “innovar”, pero de seguro si “experimentar” y es este el camino más seguro y directo a la innovación. Y es así como replanteamos una desventaja tratándola como una posible ventaja o, vemos un problema como una oportunidad. Cuando experimentamos con estas nuevas definiciones es muy probable que aquello que antes definíamos como “imposible” ahora lo veamos como una posibilidad a largo plazo o un destino antes impensable, ahora se nos presenta a una distancia más corta.
Conectar y combinar es experimentar, o sea, retar los supuestos que usualmente damos como ciertos, algo que no es fácil, ya que hemos sido condicionados a no hacerlo. Es esa actitud de ir más allá de la primera respuesta o idea producida, de equivocarnos varias veces, la que nos permitirá dar con la solución más adecuada al problema planteado. Y es aquí donde la mayoría de nosotros detiene el proceso creativo ya que el miedo a fallar nos paraliza por completo, sin detenernos a pensar que “el fracaso es una parte inevitable del proceso creativo sobre todo cuando está intentando procesos en los que no habían trabajado antes” Seelig.
Lo cierto es que el ser creativo es una actitud innata en casi todos los seres humanos que puede mejorarse, siempre que usted ejercite estos procesos creativos. Adicionalmente tome en cuenta que el trabajo en equipo favorece enormemente estos procesos, no en balde se dice que “dos cabezas piensan más que una”.

En Latinoamérica la mayoría tendrá en su CV el término anglosajón “team player” como una competencia adquirida, sin embargo, de esa mayoría probablemente más del 60% no sepa a ciencia cierta lo que es un equipo creativo. De hecho, gran parte de los coordinadores de equipos o jefes de proyectos generalmente conforman sus equipos tratando de obtener la mayor cantidad de afinidades entre sus miembros. Que sean de la misma disciplina, del mismo departamento, de la misma región o que estén acostumbrados a trabajar juntos. Y si bien es cierto que estas disposiciones, de alguna manera, ayudan a que exista una cohesión más rápida y se limiten al mínimo los conflictos por diferencias en valores o culturas, no es menos cierto, que condicionan los resultados de su ejecución a lo conocido o rutinario.
Un equipo creativo es aquel cuyos miembros son capaces de nutrirse de las competencias individuales de cada uno, colaborando sobre las ideas de los otros. Los equipos multidisciplinarios son básicos para trabajar proyectos que son nuevos en la empresa, como el rediseño de un proceso o la creación de un nuevo producto o servicio. Cada uno tendrá competencias diferentes pero necesarias para complementar el todo. Lo único es que deberá dárseles tiempo para que acoplen y cultiven en equipo los procesos creativos. Herramientas como los “mindmaps”, el “brainstorming” y la capacitación en la presentación de las ideas y proyectos, son esenciales para el trabajo de estos equipos, pero aún más, la adecuación de los espacios donde trabajan y los procesos que utilizan para abordar los problemas.
El espacio de trabajo ejerce una enorme influencia sobre los individuos. Por ejemplo, si usted trabaja en el clásico cubículo de 3m2 seguro se sentirá limitado tanto para colaborar con los demás, como para sentirse libre de crear. El espacio de alguna u otra forma le dice que su quehacer diario tiene límites. En el caso de los equipos de trabajo el espacio debe invitarle a la colaboración y a la estimulación de producir nuevas ideas
.
Tomemos el caso de una agencia de viajes. Usted puede optar por el clásico counter abierto donde tendrá tres o cuatro unidades, separadas por una media división, y cada uno atenderá a sus clientes individualmente. Es como ir a cualquier counter de banco o empresa comercial. Este tipo de espacio invitará a sus agentes de viajes a realizar las tareas rutinarias de venta de boletos y paquetes turísticos, sin mayor diferenciación de lo que hace una línea aérea o su competencia y, sin proveer mayor valor agregado al cliente, que en ocasiones optará por hacer la compra en Internet. Pero, qué tal si a la mesa del counter usted le da la forma de un ala de avión. Es muy probable que ese simple cambio genere un estímulo en su personal que demande un actitud más proactiva, dándoles la oportunidad de reinventarse a sí mismos en sus propios procesos operativos, hasta convertirse en “consultores de viajes” en lugar de simples agentes.
Los espacios para grupos de trabajo deben ser amplios y contener toda clase
de materiales y equipo necesario para la creación, computadores, proyectores, copiadoras, equipos de video, internet, facilidades de comunicaciones y videoconferencias y acceso a los centros de información relacionados con su área de negocios. Deben ser flexibles y adaptables teniendo la posibilidad de ser reconfigurables de acuerdo a las necesidades del grupo y el trabajo.
Y es probable que usted esté pensando que la idea es maravillosa pero no se puede dar el lujo de aplicarla, ya que sus clientes de alguna manera perderían la confianza al ver un ambiente que, a primera vista, parece quizás un desorden con orden, sobre todo si estamos hablamos de un banco, una consultora legal, una entidad financiera, etc. Pero a ver, usted no tiene que adecuar toda la empresa a ello, puede que esto no se requiera en las áreas que visitan sus clientes, como es el caso de una agencia de viajes o Google, famosa por sus espacios creativos.
Lo que nos interesa son los espacios que promueven el intercambio de ideas entre el personal como recursos humanos, las áreas de mercadeo, tecnología y diseño y los salones de reuniones de trabajo. Y si aún piensa que la idea es maravillosa pero no tiene donde, piense en rediseñar los pasillos, las escaleras, las pequeñas áreas de descanso, en fin, aquellos espacios donde el aprendizaje y la colaboración se dan de forma espontánea.
Y muchos dirán -qué pendejada con tanta creatividad si generalmente todo el mundo tiene ideas, no importa donde estén, “las ideas son baratas”. Si puede que sea cierto pero usted necesita ideas rutinarias para situaciones rutinarias pero, cuando necesita adaptarse al cambio, sólo las ideas creativas son capaces de lograrlo. Y tal como lo he planteado tantas veces en este Blog, las empresas y negocios de hoy viven en una economía de cambios rápidos e impredecibles, donde el adaptarse y mantener su pedazo de mercado, requiere una constante innovación de procesos y redes de contactos. Usted necesita generar grupos creativos no importa el negocio al que se dedique.
Y en su vida personal aplica lo mismo o quizás más. Cada día nos levantamos con cambios en nuestras sociedades y trabajos, que en ocasiones nos obligan a reinventarnos a nosotros mismos. Los cambios nos obligan a ser creativos. De hecho se piensa siempre que los trabajos creativos deben ser realizados por jóvenes ya que después de los 35 usted es un rutinario por excelencia. Y esto lamentablemente es correcto, no porque no tenga la capacidad de hacerlo recuerde que la creatividad es una característica innata del ser humano tenga la edad que tenga, sino porque nunca puso en práctica los procesos creativos y, por lo tanto, su actitud no es “mirar con ojos nuevos”. Pero créame aún puede hacerlo.
La creatividad se mejora a base de práctica, es acostumbrarse a retar los supuestos en un entorno que constantemente le dice que no lo haga. Es atreverse a experimentar combinando productos y servicios que antes eran mutuamente excluyentes, para generar valor agregado a su vida o a su negocio. Es rescatar el pequeño niño que vive en cada uno de nosotros con el temor de salir a curiosear y jugar, simplemente porque su tiempo ya pasó.
Si lo piensa por un segundo comprenderá que las redes sociales hoy en día se basan en ese principio. Compartir la felicidad de nuestras vidas con las personas que queremos en la forma de comentarios, fotos, juegos y oportunidades. Hacer algo nuevo con uno mismo y con otras personas puede ser una fuente de placer y alegría muy grandes. Y lo mismo sucede con los negocios, ellos comparten a través de Twitter o Facebook las bondades de sus servicios y productos instando sus consumidores a proporcionarles nuevas ideas para innovar.
Creo que si hay una actitud que he adoptado en forma consistente durante mi carrera es la práctica de la creatividad. Ese recurso que se renueva en nosotros adaptándose a cada una de las etapas que pasamos. Hace 30 años no me hubiera imaginado tomando cursos de actualización por Internet ni hubiera creído el impacto que han tenido en reforzar mis metas profesionales. Hoy soy capaz de reinventarme para alcanzar nuevos objetivos de carrera en aquello que amo hacer y que no es otra cosa que compartir y adquirir nuevos conocimientos.
Inténtelo en sus relaciones personales y profesionales. Esto no tiene nada que ver con inmadurez, todo lo contrario. Es más que nada la manifestación del individuo que ha vivido lo suficiente para comprender que no hay aciertos sin equivocaciones y que el no saber ubicar nuevas oportunidades lo estacará a usted, a su familia y a su negocio.
Por lo pronto la pequeña Emy sigue haciendo de las suyas y para motivarlos a explorar nuevas posibilidades aquí les dejo el enlace a la Universidad de Stanford, que incluso, actualmente está desarrollando cursos en español en conjunto con la Universidad Católica de Chile. Es probable que encuentre algún curso que le abra las puertas a nuevas posibilidades.
Una corazonada es la creatividad tratando de decirte algo.
Frank Capra