on Saturday, December 25, 2010


EBSIDEAS LES DESEA UN NUEVO AÑO

 REBOSANTE DE OPORTUNIDADES  

ESTAREMOS DE VUELTA EL 2 DE ENERO

!BIENVENIDO 2O11!
on Saturday, December 18, 2010

Uno de mis libros favoritos es sin lugar a dudas “La Sociedad Pos capitalista” (1993) de Peter Drucker, un estudioso de los cambios con una capacidad inaudita para visionar tendencias en el siglo actual. En él, Drucker analiza con inusitada claridad el paso de la sociedad industrial a la sociedad del conocimiento.

Al analizar los cambios económicos concluye que la idea de la productividad que nació con Taylor dará paso al cambio constante y a la necesidad de toma de decisiones rápidas que permitan innovar sobre lo ya creado; características estas básicas de los trabajadores del conocimiento. Drucker establece la aparición del “capitalismo sin capitales”. Los empleados del conocimiento “serán dueños de los medios de producción a través de sus fondos de pensiones resguardados en las empresas gestoras de inversiones, se convertirán en capitalistas y administradores de sus propios fondos.” También serán dueños de las “herramientas de producción”, que será por excelencia “el conocimiento que poseen y que pueden llevárselo adondequiera que vayan.” (Drucker, 17-18).

Esta es una tendencia identificada y no entiendo como ciertos países insisten en retrotraer sus posibilidades de desarrollo económico, que incluyen el despunte en la mejora de la calidad de vida de sus habitantes, viajando 20 años atrás en el túnel del tiempo.

Con la reciente decisión de Bolivia de nacionalizar los fondos de pensiones y disminuir la edad de jubilación de 65 a 58 años, vuelve a la palestra la discusión entre lo justo o injusto que puede ser el sistema de pensiones privado, basado en cuentas individuales de capitalización y administrado por empresas privadas; y el público, basado principalmente en sistemas de reparto (pay to go) y avalado con una aureola de justicia, equidad y solidaridad que los sindicatos y esquemas del socialismo setentero continúan defendiendo.

Lo cierto es que en la mayoría de los países latinoamericanos, incluyendo Bolivia, ya se habían dado reformas importantes en los sistemas de pensiones. El pionero fue Chile cuando en la década de los ´80 introdujo las contribuciones a cuentas de capitalización privadas. El éxito obtenido por Chile en este esquema llevó a muchos países de LATAM a adoptar esquemas parecidos, que recientemente incluso introdujo Panamá, aunque de manera bastante tímida.

¿Y dónde estriba entonces la diferencia de conceptualización entre unos y otros?

Bien, en los sistemas de reparto no existe un vínculo definido entre lo que se aporta y las tasas de reemplazo ya que estas no se calculan en relación directa a los aportes. El individuo simplemente paga un cuasi impuesto, que genera un beneficio de jubilación definido, calculado en base a una serie de criterios establecidos por los administradores del sistema de pensiones estatal y que pueden variar con el correr de los años. Para colmo, los aportes de los cotizantes son utilizados para pagar los beneficios de los ya jubilados, por lo tanto, el sistema sólo acumula una deuda implícita. Esto no quiere decir que no exista una cuenta contable donde se acumulen sus pagos y se establezca que el estado le debe esto a futuro; lo que sucede es que no es explícita. ¿Ta complicao verdad?

Bien, para que lo entienda de forma simple esto hay que compararlo con una emisión de deuda. Si usted compra un bono del Estado habrá una cuenta con su nombre donde se establece que el Estado le debe pagar, en un término de tiempo, el monto más el interés ganado. Esta cuenta forma parte de la Deuda Pública, o sea, la deuda declarada por el Estado y registrada en sus estados financieros como un pasivo a largo plazo. En todo momento puede consultarse el monto real de la misma, su valor presente y su valor futuro.

La deuda implícita se reconoce como una promesa constituida por un Estado de realizar pagos futuros, generalmente sobre el largo plazo. Ningún Estado que utilice este sistema tiene guardado el dinero pagado por los ya jubilados para cubrir sus propios beneficios; es más, ni siquiera han ganado un interés registrado, por eso se utiliza el dinero que entra de las nuevas cotizaciones para estos pagos. Es un vil “flujo de caja”. Esto es así porque el valor final de un pago de pensión nunca es conocido como para que sea registrado, ya que depende de un conjunto de factores que afectan su cálculo y el propio Gobierno puede cambiar la fórmula en base a otras necesidades fiscales. O sea en este sistema se conoce el monto de los aportes del cotizante, no así, el monto de la pensión que recibirá.

Yo no sé a ustedes, pero a mí esto me suena a “mala paga”. Aquel al que se le presta un dinerito y cuando se le conmina a pagarlo, puede que no repague la deuda completa o, en el peor de los casos, que no le devuelva ni un solo quinto con la excusa de que está quebrado. Creo que si las masas comprendieran a cabalidad esto, tendríamos una revolución a lo Zapata en puertas. Es esta falta de conocimiento sobre el tema la que los hace defenderlo a capa y espada.

Tal como lo he expuesto en escritos anteriores, a nivel global, este tipo de sistema enfrenta la bancarrota futura ya que es un problema aritmético y entendamos que la aritmética es exacta, no da segundas oportunidades. Esto se complica al observar las tendencias poblacionales que indican que los mayores de 60 años se triplicarán en unos 30 años; por lo tanto, el cálculo de la expectativa de vida sobre el cual se han hecho la mayoría de las previsiones y los cálculos aproximados de la deuda implícita, serán completamente incorrectos. Entendamos que el envejecimiento global se convertirá en el mayor problema económico y político del mundo.

Cuando me trasladé a vivir y trabajar en Chile en 2004 entré en el sistema privado de pensiones. Mi reacción a priori no fue nada agradable, aunque entendía perfectamente el manejo. Simplemente era algo totalmente nuevo para mí en la práctica Eso de que pagaba un 12% de mi salario, de forma obligatoria, a una empresa privada merecía cautela de mi parte. Claro, en mí todavía privaba el concepto del Estado Padre Protector de mi jubilación. Esto fue hasta que me colgué “online” a decidir cómo administraba mis pinches lucas(**). ¿Fondo de riesgo alto, medio? ¿AFP 1, 2 o 3? Ahí comprendí que estaba trabajando “ahorros a largo plazo” con total potestad y decisión sobre los mismos. “Empowerment” total.

Mientras que el sistema de reparto se basa en un beneficio de jubilación definido, los fondos de capitalización privada se basan en una contribución definida, ya que el beneficio de jubilación que se recibirá se calcula en relación directa a los aportes y a la rentabilidad de los mismos a largo plazo. Adicionalmente existe una forma precisa de registrar los aportes individuales en la contabilidad y, por lo tanto, en todo momento la administradora de fondos sabe cuál es el monto de la contribución y es capaz de registrar el valor presente y futuro de la deuda. En otras palabras se cuenta con un registro explícito y contable, sujeto a regulaciones locales e internacionales, que le debe ser informado a usted de manera continua, permitiéndole contar con esta data como base para la proyección de su futuro y su familia.

Por supuesto no todo es color de rosa. Hay un sinnúmero de quejas relacionadas con los altos costos de administración de los fondos, que en algunos países incluso alcanza el 20% de las contribuciones de los ahorristas lo que al final tiene un efecto negativo en la tasas de reemplazo, es decir en la renta vitalicia que recibirá el cotizante. Esto ha llegado a generar diferencias entre los Estados y las administradoras, obligando al primero a establecer topes sobre este tipo de costos de administración. Así mismo se han establecido requisitos y restricciones sobre el tipo de inversiones donde estos fondos pueden ser colocados, a fin de minimizar los riesgos de rentabilidades negativas. De hecho, la última crisis financiera generó muy bajas tasas de rentabilidad e, incluso pérdidas, en algunos fondos de inversión a nivel mundial.

Pero hay dos puntos que identifico como vitales en este análisis y que me inclinan a preferir el sistema privado al público:

1. LA POLÍTICA CRIOLLA

La palabra criollo viene de la voz “criar” y se utiliza para definir a aquel que se ha criado en un territorio en particular (hoy día, independiente de su ascendente hispánico). La expresión “política criolla” se refiere a todo aquello que se cocina en un país (territorio soberano) por parte de sus nacionales, siempre cargado de tradiciones culturales que permiten que sus acciones y legislaciones conserven su identidad y proyección de país; pero también, de conquistas paternalistas, frases gastadas, demagogia de partidos, reivindicaciones regionales, socialismo setentero y, lo peor, un terror nato al “costo político” (pérdida del poder), que frecuentemente genera un atraso tecnológico y una resistencia al cambio con la que es muy difícil bregar.

Esta Política criolla es en muchos casos la responsable de decisiones como la tomada en Bolivia recientemente, claro, que también existen las políticas satélites de los vecinos. Es un hecho que en la América Hispana y, en algunas otras latitudes, la interferencia gubernamental es responsable de la alta carga financiera del Estado y de la acefalía de capitales en las Cajas de Seguridad latinas. Decisiones políticas destinadas a mantener contentas a las masas como el aumento de beneficiarios no cotizantes, destino de fondos para paliar necesidades en otros sectores y la falta total de análisis sobre el impacto de las políticas fiscales a largo plazo, son directamente responsables de la situación de quiebra anunciada de la mayoría de los sistemas públicos de pensiones.

Siempre he dicho que el mayor enemigo de un Estado son los Gobiernos. Los Gobiernos son temporales y generalmente alternos en cuanto a su bandera política se refiere, por lo tanto, sólo toman acciones y decisiones destinadas a reivindicar una demanda social en relación directa al período de tiempo que les toca gobernar. Esto representa un gravísimo problema para sus habitantes que son un elemento constante en la ecuación.

En alguna medida el que los fondos de pensiones sean administrados en forma privada, elimina el factor político de las decisiones que se toman sobre su administración y seguridad a futuro. Las masas no pueden darse cuenta de lo que esto significa en realidad. Es romper los viejos arquetipos al traspasar parte del poder del Estado a la Sociedad Civil Tal como lo vaticinó Drucker nacen los “capitalistas sin capitales”.

Pero, por supuesto que queda mucho que hilvanar en este tema. Las administradoras de fondos también pueden quebrar, los rendimientos pueden no ser los adecuados, y sus instituciones no están libres de los vaivenes de la economía mundial y local, ni tampoco, de los ladrones de cuello blanco. También es cierto que para los más desposeídos y con grandes déficits educativos, el sistema privado de pensiones es algo así como un oscuro túnel negro del que con mucha dificultad llegarán, si acaso, a ser partícipes pasivos a expensas de otros con mayor conocimiento. El tema de las tasas de reemplazo es otro punto crítico del sistema. De nada vale tener un ahorro a largo plazo que no rinde los retornos necesarios para disfrutar de una renta vitalicia acorde con los costos económicos de la época en que le toque jubilarse.

En todos los casos anteriores es visible el papel supervisor del Estado. El Estado debe ser el garante de reglas del juego justas y eficientes para el sistema. Es más, a nivel mundial es necesario que se definan estos mecanismos, ya que recordemos que un porcentaje de los fondos se invierten en productos extranjeros. De hecho, muchos de los análisis de la tasa de retorno de los fondos en LATAM concluyen que debería ampliarse el porcentaje que se invierte en renta extrajera. Así mismo, debiera regularse la estructuración de las administradoras a fin de minimizar los aumentos galopantes a los costos de administración.

Drucker era un fanático de las Organizaciones Sin Fines de Lucro y yo también lo soy, no en balde trabajé en el sector 10 años de mi vida, dada su importante capacidad para canalizar el poder de la Sociedad Civil. Creo que constituir este tipo de organización para manejar Fondos de Pensiones podría, de alguna manera, mejorar la eficiencia de su operación administrativa, siempre que no se administren bajo el viejo concepto de la “caridad”.

Así mismo es necesario que se incentive a las administradoras de fondos privadas para que innoven sobre los esquemas de inversión que actualmente se utilizan para los fondos de pensiones. Sería justo que estos fondos recibieran retornos siempre por encima de los intereses que pagan los bancos en los plazos fijos. Seguro que hay mecanismo para conseguir esto fundamentándose más en los retornos que en las comisiones. En una palabra, habría que lograr que los Fondos de Pensiones se constituyeran en los productos de inversión más cotizados, tal cual lo son hoy los bonos del tesoro o deuda soberana.

2. CONTRIBUCIONES VOLUNTARIAS

Para que el sistema tenga éxito a futuro y cumpla con el desarrollo social de los pueblos, los análisis indican que es necesario que se logre incorporar al sistema a aquellos que trabajan en el sector informal y, que en algunos de estos países llega a cerca del 50% de la población económicamente activa. Esto no es nada fácil porque son personas acostumbradas a no pagar impuestos y, lamentablemente el ahorro previsional se ha visto, por mucho tiempo, como un impuesto y no como una contribución a la seguridad financiera del individuo en el futuro.

Por otro lado, una forma de garantizarse a si mismo tasas de reemplazo mayores es contribuir con un porcentaje adicional al establecido por Ley, como contribución voluntaria. Esto es también un concepto que hay que trabajar mucho, debido a la percepción de impuesto mencionada anteriormente y, al hecho, de que en nuestros países latinoamericanos el ahorro todavía no se ha constituido como un concepto vital en los presupuestos de la clase media y media baja, que usualmente representan el percentil más amplio en los fondos de pensiones. Así mismo las proyecciones y tendencias sobre el comportamiento de los precios de bienes y consumos continúan al alza y esto, aunado a cifras de desempleo altas y problemas en la mantención de los puestos de trabajo y la poca capacidad de creación de nuevos empleos, dificulta todavía más la posibilidad de contribuciones voluntarias al sistema.

Pero es un hecho que si esto no se logra a mediano plazo, las tasas de reemplazo bajas, a menos que existan retornos exorbitantes, incrementara en las masas la percepción de desconfianza en el sistema, llevándolo a constantes crisis de reestructuraciones, quizás parecidas a la que vemos hoy en Bolivia. Los incentivos fiscales para contribuciones voluntarias serían una excelente forma de iniciar el acercamiento a este tipo de contribución.


Bien, hay muchos que aducen que todo lo hablado sobre la reforma de pensiones son cuentos basados sobre proyecciones en bolas de cristal, que pueden cambiar de un momento a otro. Eso tiene algo de validez, pero las tendencias poblacionales, señores, son de las más seguras, sólo las catástrofes naturales de gran magnitud, han sido capaces de cambiarlas. El problema del sistema de pensiones de reparto es claro, los numeritos no dan y a menos que Bolivia tenga una innovación que mostrarnos en este sentido, no creo que volver atrás 20 años en el túnel del tiempo, sea una decisión responsable.

Es necesario educar a la población en estos conceptos a fin de que comprendan y tengan las herramientas necesarias para tomar sus decisiones. Se tiene la idea de que las masas siguen sin pensar lo cual es totalmente erróneo. Pregúntele a Maquiavelo. La diferencia estriba en que la resolución de sus problemas generalmente tiene una base autodidacta sobre la que resuelven sus problemas básicos, muy ligada a las herramientas cognitivas y al nivel de conocimiento con que cuenten; pero eso, de ninguna manera los hace brutos.

Sòlo espero que a la larga los bolivianos no se queden como Aureliano Buendía, esperando un cheque de pensión que en 15 años nunca llegó.



¿Cuál es el mejor gobierno? El que nos enseña a gobernarnos a nosotros mismos. Johann Goethe.




(*)Tildearse: jerga panameña que dicho de cosas o situaciones significa: dañarse, averiarse.; dicho de personas: trastornarse, enloquecer.

(**)Pinches: jerga panameña que significa pocos, exiguos o casi inexistentes.

(**)Lucas: jerga chilena que aduce al papel moneda de 1,000 pesos chilenos.




on Monday, December 6, 2010



Para aquellos que somos fanáticos del potencial económico de Sudamérica, esta noticia conlleva una serie de aristas interesantes y con proyección a futuro, que va mucho más allá del simple análisis de otra integración de mercados.

El pasado 22 de noviembre dio inicio el período de pruebas del llamado Mercado Integrado Latinoamericano (MILA). De lo que se trata es de un mercado de renta variables (acciones de empresas) donde participan las Bolsas de Valores de Chile, Perú y Colombia. Este esfuerzo busca desarrollar los mercados de capitales mediante un acceso tecnológico más expedito para los inversionistas extranjeros y de las plazas locales. Estamos hablando de un mercado bursátil que comprende más de 500 opciones de negocios en sectores como la minería, energía, cadenas de comercio y servicios.

Para muchos de sus detractores esta no es más que otra integración con visos de fracaso anunciado, guiados en su mayoría, por todas las dificultades y descalabros que se han dado en intentos anteriores en la región y, por supuesto, por los recientes acontecimientos en Euroland.

Pero lo cierto es que según datos analizados por Bloomberg el MILA suma la friolera de 660,985 millones de dólares, con Chile a la cabeza con un 50.6%, básicamente en grandes empresas comerciales y fondos de pensiones, Colombia con el 33.55% y un fuerte sector industrial y Perú con el 15.85% mayormente con títulos de empresas mineras. El MILA se convertirá ahora en el segundo mercado bursátil después de Brasil y, en cuanto a volumen de negociaciones, en el tercero de Latinoamérica con 57,000 millones, después de Brasil y México.

Para esta etapa de prueba se diseñaron los modelos de negocios, compensación y liquidación, se han estudiado y adaptado los principales cambios regulatorios necesarios para integrarse, por supuesto con el apoyo firmado de los entes reguladores. También se han hecho las actualizaciones tecnológicas para la realización exitosa de las transacciones. Recordemos que están en pruebas y se espera que las operaciones en firme inicien en enero de 2011.

Pero ¿y adonde nos lleva esto? ¿Tiene futuro?

Bien, lo primero que hay que tomar en cuenta es que en esta etapa las Bolsas seguirán conservando su entidad jurídica funcional y operativa de forma independiente en cada país, lo cual suena lógico, dado que estamos trabajando con el mercado accionario únicamente. No obstante, esto genera una serie de escollos a vencer relacionados con las diferencias en sistemas operativos, el “clearing” y las legislaciones fiscales de los países.

El otro gran problema, según Richard Tornabell de ESADE en España, es que las economías de estos países no están integradas y, por lo tanto, la falta de una moneda única dificultará en gran medida el manejo cambiario y los pagos tributarios. Y ni hablar de las balanzas de pagos tan disímiles en estos países.

Bueno, pues sí, la cosa no es color de rosa pero no necesariamente indica que deba fallar. Creo que el kit del asunto radica en innovar sobre los modelos de integración actuales. De hecho en la segunda fase se esperan revisiones y cambios destinados a integrar el acceso directo de intermediarios, estandarización de nuevas reglas de negociación y, lo más importante, la definición de un modelo de compensación y liquidación entre fronteras.

Luego de dos semanas de prueba en los tres países ya un gran porcentaje de los comisionistas han sido capacitados y están integrando a sus reportes opciones de las diferentes Bolsas. Se espera que para mediados del 2011 se cuenten con índices comunes que facilitarán enormemente las negociaciones.

¿Y Mercosur?

Bueno pues el MILA parece que va a tener algo que el Mercosur todavía no ha logrado y creo que es difícil que llegue a lograr en vista de las aristas socio políticas de sus integrantes. Estoy hablando de la libre circulación de los capitales. El Mercosur, por más que traten de vendérmelo, no es un mercado común. El Mercosur en la actualidad no es otra cosa que una especie de zona de libre comercio, llena de imperfecciones, donde ni los aranceles han logrado cimentarse en la forma de una unidad aduanera eficiente. Ese cuento de las coordinaciones de políticas macroeconómicas y sectoriales son sólo palabras en un papel.

Lamentablemente el Mercosur se ha convertido más en un esfuerzo político por proteger posiciones, que en la mayoría de los casos, en vez de abrir posibilidades de negocios, las cierran con los candados de la intolerancia cognitiva al no comprender que las tendencias mundiales señalan claramente que las nuevas formas de negocios de hoy eliminan las distancias y hacen caso omiso de las fronteras y feudos políticos. ¡Helo E-Commerce!

Es indudable que muchos inversionistas verán con agrado las posibilidades que se abren para ellos con esta iniciativa que de alguna forma proyectaría una mayor seguridad en las inversiones, sobretodo en Fondos de Pensiones, nuevas emisiones bursátiles y nuevos productos con índices comunes.

No tengo una bolita de cristal para establecer cuál será el futuro del MILA, de hecho, no creo que esto pueda ser establecido hasta dentro de un par de años, pero hay un punto que para mí es de suma importancia y tiene que ver con BRASIL. En la medida en que Brasil reconozca que tiene mucha capacidad de negocios asociándose al MILA, el esfuerzo rendirá sus frutos en menor tiempo. Es cierto que el gigante sudamericano es miembro prominente del MERCOSUR, pero no creo que sea tan miope como para despreciar, a futuro, un esfuerzo que podría generar riquezas para toda Latinoamérica y mover sus capitales de forma más eficiente. De hecho en una entrevista que le hiciera CNN a la recién estrenada Presidente Dilma Rousseff a horas de su triunfo, la misma expresó la prioridad que le daría a las “relaciones estratégicas con América Latina”, mencionando también a Chile, Colombia y Perú.

Por último he de agregar que siempre he visto con cierta desconfianza la bendita integración económica, de mercados y hasta de proyectos conjuntos, principalmente porque creo que no se entienden ni practican ciertos conceptos que deberían estar más que claros en este tipo de iniciativa y, que una y otra vez, he visto como socaban estos esfuerzos tanto en cualquier parte del orbe donde se intenten.

El concepto de“integración” en su forma más generalizada y simple apunta al proceso mediante el cual varios mercados nacionales, antes individuales y de dimensiones modestas, se unen para obtener un solo mercado de dimensiones más apropiadas. Esto es muy conveniente en el mundo globalizado de hoy, donde solos no concentran ventajas competitivas y, por lo tanto, su comercio exterior no provee el volumen necesario para lograr mejoras en la calidad de vida de sus habitantes.

Ahora bien es importante entender que la integración no es un fin en sí mismo, sino un medio para obtener estas ventajas. No se trata simplemente de un esfuerzo de cooperación mutua, de lo que estamos hablando es de que al integrarse, los estados deben someter su capacidad de negociación frente a terceros, a los acuerdos y regulaciones que hayan establecido y firmado; deben respetar las reglas del juego, siempre que estas se sustenten en la armonización previa de los intereses nacionales de los países miembros. Un ejemplo de esto lo hemos vivido en la Eurozona.

El otro aspecto que llama mi atención es la cantidad de esfuerzos dispares que en este sentido se llevan a cabo, sobretodo en el Continente Americano. El ALCA, ALBA, ALADI, MCCA, CARICOM, G3 y le propio MERCOSUR, que no acaban de despegar casualmente porque nacen para un fin y no como un medio.

Es esta última conceptualización la que me hace percibir cierta esperanza de éxito en el esfuerzo que hoy emprende el MILA. Creo que la forma como ha sido planteado, un medio para el desarrollo de los mercados de capitales latinoamericanos a través de la estandarización del acceso tecnológico a las opciones de negocios, es mucho más realista que las anteriores, sobre todo de cara a las nuevas tendencias de negocios electrónicos.

Sólo espero que la natural cultura de algunos países sudamericanos de “mirar sólo hacia adentro”, no de al traste con las posibilidades de innovar y crear nuevos mecanismos supranacionales en él área de inversiones.

"No podrá lograrse una integración real entre las naciones de América Latina, sin un conocimiento profundo del otro, de su cultura y de su visión de mundo. Romper los prejuicios entre naciones, comprender nuestra historia y acercar nuestras culturas, conocerse en suma, es un camino inescapable hacia la integración"
D. Carlos D. Mesa Gisbert (Ex-Presidente de Bolivia)
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