¡SE ME TILDEARON EN EL TITICACA! (*)

on Saturday, December 18, 2010

Uno de mis libros favoritos es sin lugar a dudas “La Sociedad Pos capitalista” (1993) de Peter Drucker, un estudioso de los cambios con una capacidad inaudita para visionar tendencias en el siglo actual. En él, Drucker analiza con inusitada claridad el paso de la sociedad industrial a la sociedad del conocimiento.

Al analizar los cambios económicos concluye que la idea de la productividad que nació con Taylor dará paso al cambio constante y a la necesidad de toma de decisiones rápidas que permitan innovar sobre lo ya creado; características estas básicas de los trabajadores del conocimiento. Drucker establece la aparición del “capitalismo sin capitales”. Los empleados del conocimiento “serán dueños de los medios de producción a través de sus fondos de pensiones resguardados en las empresas gestoras de inversiones, se convertirán en capitalistas y administradores de sus propios fondos.” También serán dueños de las “herramientas de producción”, que será por excelencia “el conocimiento que poseen y que pueden llevárselo adondequiera que vayan.” (Drucker, 17-18).

Esta es una tendencia identificada y no entiendo como ciertos países insisten en retrotraer sus posibilidades de desarrollo económico, que incluyen el despunte en la mejora de la calidad de vida de sus habitantes, viajando 20 años atrás en el túnel del tiempo.

Con la reciente decisión de Bolivia de nacionalizar los fondos de pensiones y disminuir la edad de jubilación de 65 a 58 años, vuelve a la palestra la discusión entre lo justo o injusto que puede ser el sistema de pensiones privado, basado en cuentas individuales de capitalización y administrado por empresas privadas; y el público, basado principalmente en sistemas de reparto (pay to go) y avalado con una aureola de justicia, equidad y solidaridad que los sindicatos y esquemas del socialismo setentero continúan defendiendo.

Lo cierto es que en la mayoría de los países latinoamericanos, incluyendo Bolivia, ya se habían dado reformas importantes en los sistemas de pensiones. El pionero fue Chile cuando en la década de los ´80 introdujo las contribuciones a cuentas de capitalización privadas. El éxito obtenido por Chile en este esquema llevó a muchos países de LATAM a adoptar esquemas parecidos, que recientemente incluso introdujo Panamá, aunque de manera bastante tímida.

¿Y dónde estriba entonces la diferencia de conceptualización entre unos y otros?

Bien, en los sistemas de reparto no existe un vínculo definido entre lo que se aporta y las tasas de reemplazo ya que estas no se calculan en relación directa a los aportes. El individuo simplemente paga un cuasi impuesto, que genera un beneficio de jubilación definido, calculado en base a una serie de criterios establecidos por los administradores del sistema de pensiones estatal y que pueden variar con el correr de los años. Para colmo, los aportes de los cotizantes son utilizados para pagar los beneficios de los ya jubilados, por lo tanto, el sistema sólo acumula una deuda implícita. Esto no quiere decir que no exista una cuenta contable donde se acumulen sus pagos y se establezca que el estado le debe esto a futuro; lo que sucede es que no es explícita. ¿Ta complicao verdad?

Bien, para que lo entienda de forma simple esto hay que compararlo con una emisión de deuda. Si usted compra un bono del Estado habrá una cuenta con su nombre donde se establece que el Estado le debe pagar, en un término de tiempo, el monto más el interés ganado. Esta cuenta forma parte de la Deuda Pública, o sea, la deuda declarada por el Estado y registrada en sus estados financieros como un pasivo a largo plazo. En todo momento puede consultarse el monto real de la misma, su valor presente y su valor futuro.

La deuda implícita se reconoce como una promesa constituida por un Estado de realizar pagos futuros, generalmente sobre el largo plazo. Ningún Estado que utilice este sistema tiene guardado el dinero pagado por los ya jubilados para cubrir sus propios beneficios; es más, ni siquiera han ganado un interés registrado, por eso se utiliza el dinero que entra de las nuevas cotizaciones para estos pagos. Es un vil “flujo de caja”. Esto es así porque el valor final de un pago de pensión nunca es conocido como para que sea registrado, ya que depende de un conjunto de factores que afectan su cálculo y el propio Gobierno puede cambiar la fórmula en base a otras necesidades fiscales. O sea en este sistema se conoce el monto de los aportes del cotizante, no así, el monto de la pensión que recibirá.

Yo no sé a ustedes, pero a mí esto me suena a “mala paga”. Aquel al que se le presta un dinerito y cuando se le conmina a pagarlo, puede que no repague la deuda completa o, en el peor de los casos, que no le devuelva ni un solo quinto con la excusa de que está quebrado. Creo que si las masas comprendieran a cabalidad esto, tendríamos una revolución a lo Zapata en puertas. Es esta falta de conocimiento sobre el tema la que los hace defenderlo a capa y espada.

Tal como lo he expuesto en escritos anteriores, a nivel global, este tipo de sistema enfrenta la bancarrota futura ya que es un problema aritmético y entendamos que la aritmética es exacta, no da segundas oportunidades. Esto se complica al observar las tendencias poblacionales que indican que los mayores de 60 años se triplicarán en unos 30 años; por lo tanto, el cálculo de la expectativa de vida sobre el cual se han hecho la mayoría de las previsiones y los cálculos aproximados de la deuda implícita, serán completamente incorrectos. Entendamos que el envejecimiento global se convertirá en el mayor problema económico y político del mundo.

Cuando me trasladé a vivir y trabajar en Chile en 2004 entré en el sistema privado de pensiones. Mi reacción a priori no fue nada agradable, aunque entendía perfectamente el manejo. Simplemente era algo totalmente nuevo para mí en la práctica Eso de que pagaba un 12% de mi salario, de forma obligatoria, a una empresa privada merecía cautela de mi parte. Claro, en mí todavía privaba el concepto del Estado Padre Protector de mi jubilación. Esto fue hasta que me colgué “online” a decidir cómo administraba mis pinches lucas(**). ¿Fondo de riesgo alto, medio? ¿AFP 1, 2 o 3? Ahí comprendí que estaba trabajando “ahorros a largo plazo” con total potestad y decisión sobre los mismos. “Empowerment” total.

Mientras que el sistema de reparto se basa en un beneficio de jubilación definido, los fondos de capitalización privada se basan en una contribución definida, ya que el beneficio de jubilación que se recibirá se calcula en relación directa a los aportes y a la rentabilidad de los mismos a largo plazo. Adicionalmente existe una forma precisa de registrar los aportes individuales en la contabilidad y, por lo tanto, en todo momento la administradora de fondos sabe cuál es el monto de la contribución y es capaz de registrar el valor presente y futuro de la deuda. En otras palabras se cuenta con un registro explícito y contable, sujeto a regulaciones locales e internacionales, que le debe ser informado a usted de manera continua, permitiéndole contar con esta data como base para la proyección de su futuro y su familia.

Por supuesto no todo es color de rosa. Hay un sinnúmero de quejas relacionadas con los altos costos de administración de los fondos, que en algunos países incluso alcanza el 20% de las contribuciones de los ahorristas lo que al final tiene un efecto negativo en la tasas de reemplazo, es decir en la renta vitalicia que recibirá el cotizante. Esto ha llegado a generar diferencias entre los Estados y las administradoras, obligando al primero a establecer topes sobre este tipo de costos de administración. Así mismo se han establecido requisitos y restricciones sobre el tipo de inversiones donde estos fondos pueden ser colocados, a fin de minimizar los riesgos de rentabilidades negativas. De hecho, la última crisis financiera generó muy bajas tasas de rentabilidad e, incluso pérdidas, en algunos fondos de inversión a nivel mundial.

Pero hay dos puntos que identifico como vitales en este análisis y que me inclinan a preferir el sistema privado al público:

1. LA POLÍTICA CRIOLLA

La palabra criollo viene de la voz “criar” y se utiliza para definir a aquel que se ha criado en un territorio en particular (hoy día, independiente de su ascendente hispánico). La expresión “política criolla” se refiere a todo aquello que se cocina en un país (territorio soberano) por parte de sus nacionales, siempre cargado de tradiciones culturales que permiten que sus acciones y legislaciones conserven su identidad y proyección de país; pero también, de conquistas paternalistas, frases gastadas, demagogia de partidos, reivindicaciones regionales, socialismo setentero y, lo peor, un terror nato al “costo político” (pérdida del poder), que frecuentemente genera un atraso tecnológico y una resistencia al cambio con la que es muy difícil bregar.

Esta Política criolla es en muchos casos la responsable de decisiones como la tomada en Bolivia recientemente, claro, que también existen las políticas satélites de los vecinos. Es un hecho que en la América Hispana y, en algunas otras latitudes, la interferencia gubernamental es responsable de la alta carga financiera del Estado y de la acefalía de capitales en las Cajas de Seguridad latinas. Decisiones políticas destinadas a mantener contentas a las masas como el aumento de beneficiarios no cotizantes, destino de fondos para paliar necesidades en otros sectores y la falta total de análisis sobre el impacto de las políticas fiscales a largo plazo, son directamente responsables de la situación de quiebra anunciada de la mayoría de los sistemas públicos de pensiones.

Siempre he dicho que el mayor enemigo de un Estado son los Gobiernos. Los Gobiernos son temporales y generalmente alternos en cuanto a su bandera política se refiere, por lo tanto, sólo toman acciones y decisiones destinadas a reivindicar una demanda social en relación directa al período de tiempo que les toca gobernar. Esto representa un gravísimo problema para sus habitantes que son un elemento constante en la ecuación.

En alguna medida el que los fondos de pensiones sean administrados en forma privada, elimina el factor político de las decisiones que se toman sobre su administración y seguridad a futuro. Las masas no pueden darse cuenta de lo que esto significa en realidad. Es romper los viejos arquetipos al traspasar parte del poder del Estado a la Sociedad Civil Tal como lo vaticinó Drucker nacen los “capitalistas sin capitales”.

Pero, por supuesto que queda mucho que hilvanar en este tema. Las administradoras de fondos también pueden quebrar, los rendimientos pueden no ser los adecuados, y sus instituciones no están libres de los vaivenes de la economía mundial y local, ni tampoco, de los ladrones de cuello blanco. También es cierto que para los más desposeídos y con grandes déficits educativos, el sistema privado de pensiones es algo así como un oscuro túnel negro del que con mucha dificultad llegarán, si acaso, a ser partícipes pasivos a expensas de otros con mayor conocimiento. El tema de las tasas de reemplazo es otro punto crítico del sistema. De nada vale tener un ahorro a largo plazo que no rinde los retornos necesarios para disfrutar de una renta vitalicia acorde con los costos económicos de la época en que le toque jubilarse.

En todos los casos anteriores es visible el papel supervisor del Estado. El Estado debe ser el garante de reglas del juego justas y eficientes para el sistema. Es más, a nivel mundial es necesario que se definan estos mecanismos, ya que recordemos que un porcentaje de los fondos se invierten en productos extranjeros. De hecho, muchos de los análisis de la tasa de retorno de los fondos en LATAM concluyen que debería ampliarse el porcentaje que se invierte en renta extrajera. Así mismo, debiera regularse la estructuración de las administradoras a fin de minimizar los aumentos galopantes a los costos de administración.

Drucker era un fanático de las Organizaciones Sin Fines de Lucro y yo también lo soy, no en balde trabajé en el sector 10 años de mi vida, dada su importante capacidad para canalizar el poder de la Sociedad Civil. Creo que constituir este tipo de organización para manejar Fondos de Pensiones podría, de alguna manera, mejorar la eficiencia de su operación administrativa, siempre que no se administren bajo el viejo concepto de la “caridad”.

Así mismo es necesario que se incentive a las administradoras de fondos privadas para que innoven sobre los esquemas de inversión que actualmente se utilizan para los fondos de pensiones. Sería justo que estos fondos recibieran retornos siempre por encima de los intereses que pagan los bancos en los plazos fijos. Seguro que hay mecanismo para conseguir esto fundamentándose más en los retornos que en las comisiones. En una palabra, habría que lograr que los Fondos de Pensiones se constituyeran en los productos de inversión más cotizados, tal cual lo son hoy los bonos del tesoro o deuda soberana.

2. CONTRIBUCIONES VOLUNTARIAS

Para que el sistema tenga éxito a futuro y cumpla con el desarrollo social de los pueblos, los análisis indican que es necesario que se logre incorporar al sistema a aquellos que trabajan en el sector informal y, que en algunos de estos países llega a cerca del 50% de la población económicamente activa. Esto no es nada fácil porque son personas acostumbradas a no pagar impuestos y, lamentablemente el ahorro previsional se ha visto, por mucho tiempo, como un impuesto y no como una contribución a la seguridad financiera del individuo en el futuro.

Por otro lado, una forma de garantizarse a si mismo tasas de reemplazo mayores es contribuir con un porcentaje adicional al establecido por Ley, como contribución voluntaria. Esto es también un concepto que hay que trabajar mucho, debido a la percepción de impuesto mencionada anteriormente y, al hecho, de que en nuestros países latinoamericanos el ahorro todavía no se ha constituido como un concepto vital en los presupuestos de la clase media y media baja, que usualmente representan el percentil más amplio en los fondos de pensiones. Así mismo las proyecciones y tendencias sobre el comportamiento de los precios de bienes y consumos continúan al alza y esto, aunado a cifras de desempleo altas y problemas en la mantención de los puestos de trabajo y la poca capacidad de creación de nuevos empleos, dificulta todavía más la posibilidad de contribuciones voluntarias al sistema.

Pero es un hecho que si esto no se logra a mediano plazo, las tasas de reemplazo bajas, a menos que existan retornos exorbitantes, incrementara en las masas la percepción de desconfianza en el sistema, llevándolo a constantes crisis de reestructuraciones, quizás parecidas a la que vemos hoy en Bolivia. Los incentivos fiscales para contribuciones voluntarias serían una excelente forma de iniciar el acercamiento a este tipo de contribución.


Bien, hay muchos que aducen que todo lo hablado sobre la reforma de pensiones son cuentos basados sobre proyecciones en bolas de cristal, que pueden cambiar de un momento a otro. Eso tiene algo de validez, pero las tendencias poblacionales, señores, son de las más seguras, sólo las catástrofes naturales de gran magnitud, han sido capaces de cambiarlas. El problema del sistema de pensiones de reparto es claro, los numeritos no dan y a menos que Bolivia tenga una innovación que mostrarnos en este sentido, no creo que volver atrás 20 años en el túnel del tiempo, sea una decisión responsable.

Es necesario educar a la población en estos conceptos a fin de que comprendan y tengan las herramientas necesarias para tomar sus decisiones. Se tiene la idea de que las masas siguen sin pensar lo cual es totalmente erróneo. Pregúntele a Maquiavelo. La diferencia estriba en que la resolución de sus problemas generalmente tiene una base autodidacta sobre la que resuelven sus problemas básicos, muy ligada a las herramientas cognitivas y al nivel de conocimiento con que cuenten; pero eso, de ninguna manera los hace brutos.

Sòlo espero que a la larga los bolivianos no se queden como Aureliano Buendía, esperando un cheque de pensión que en 15 años nunca llegó.



¿Cuál es el mejor gobierno? El que nos enseña a gobernarnos a nosotros mismos. Johann Goethe.




(*)Tildearse: jerga panameña que dicho de cosas o situaciones significa: dañarse, averiarse.; dicho de personas: trastornarse, enloquecer.

(**)Pinches: jerga panameña que significa pocos, exiguos o casi inexistentes.

(**)Lucas: jerga chilena que aduce al papel moneda de 1,000 pesos chilenos.





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