Muchas son las veces que he mencionado en este Blog esa capacidad casi misteriosa que tiene el “conocimiento” de encontrarse en todo aquello que hacemos y experimentamos y, este caso en particular, el aprendizaje estuvo marcado por un caleidoscopio de emociones.
El pasado domingo tuve la oportunidad de experimentar uno de esos fascinantes encuentros con el conocimiento, al asistir a la presentación de la obra “La Magia de Mi País, una Leyenda”, llevada a las tablas del auditorio de la Universidad Andrés Bello en su sede de Viña del Mar, por la compañía de teatro Manantial de Ilusión, auspiciada por la Fundación Excepcionales.
El argumento de la obra descansaba en esta niña que regresaba al país de sus abuelos, Chile, con la ilusión de visitar y redescubrir todas las historias y leyendas que había escuchado desde pequeña; no obstante, este no era el atractivo principal de la obra, lo verdaderamente cautivador eran sus actores, todos niños con Síndrome de Down.
Y estando cómodamente sentada observando el transcurrir de las escenas, a la vez cavilaba acerca de la frecuencia con que consideramos que no nos es posible aprender nada de aquellos con grados, mayores o menores de discapacidad cognitiva, ya que son seres humanos a los que “algo les funciona mal” y, por lo tanto, son marginados por la sociedad y cuasi excomulgados del abanico de oportunidades educativas y de entretenimiento al que sí tienen acceso los niños en general.
No obstante los niños de la Compañía de Teatro Manantial de Ilusión, simple y sencillamente, hicieron trizas estos clichés al transmitirme con sus movimientos corporales, sus diálogos con acentuaciones heterodoxas y sus cantos fuertes y colmados de emociones, una gran cantidad de conocimiento acerca de las ancestrales leyendas de las diferentes regiones de Chile. Y así tuve un encuentro mágico con el Alicanto, las Pincoyas, los Mineros, el Caleuche y tantas otras historias de Rapa Nui y la Patagonia. Observar el esfuerzo y la seriedad con que se proyectaban, aún con sus limitantes de dicción o para recordar el dialogo, cautivó mi ser y colmó mi disco duro cerebral con gran cantidad de nueva información que debía transformar en conocimiento. Algo que algunas veces me ha costado obtener de conversaciones o seminarios con personas de alto prontuario educativo.
He dicho en muchas ocasiones que el conocimiento es toda la información almacenada mediante la experiencia, el aprendizaje y la observación e indudablemente el hecho de que estos niños tuvieran la capacidad de transmitir a toda la audiencia simbologías de la cultura de un pueblo, dice mucho de su talento y disposición para aprender conceptos que luego transmiten con un valor agregado muy especial, que no es otro que tener la maravillosa oportunidad de compartir el esfuerzo y dedicación de estos niños transformado en información valiosa que ahora me ayudará a entender un poco más el conocimiento y las oportunidades de desarrollo de “negocios sociales” que entraña la diversidad.
Yo soy una fiel creyente que a la larga los mercados financieros aceptarán el concepto de “inversión filantrópica” y que de alguna manera combinará la inversión social del estado con el sector privado, permitiendo que las Fundaciones puedan hacer uso de instrumentos financieros para ampliar el impacto de sus actividades, más allá del antiguo concepto la de donaciones y “matching grants”, como la obtención de préstamos con intereses blandos, compra de propiedades, acciones y más aún, la constitución de Fondos de Inversión en Proyectos Sociales.
¿Y por qué abogo por esto? Simple y sencillamente porque el gran esfuerzo de estos niños, sus maestros y padres generalmente se pierde en la burocracia educativa y social de nuestros países, donde los profesionales de la educación no se especializan en estas áreas porque no pagan, las instituciones privadas no los acogen en sus programas porque la inversión en materiales y adecuación es muy grande y, lo más triste, porque los que nos creemos normales no soportaríamos que nuestros hijos se atrasaran compartiendo el aula con un niño diferente a él.
A ver, luego de todos los esfuerzos realizados a finales del siglo pasado y los que llevamos hasta el presente, ya se ha probado hasta la saciedad que los gobiernos y el sector sin fines de lucro no pueden sólos con la tarea. Aunque mucho se ha hecho, sobre todo en los países del llamado primer mundo, no hemos sido capaces todavía de llegar siquiera a un cuarto de la solución. No es posible hacerlo sin el sector privado lucrativo. Así que toda esa burocracia y miopía de los entes fiscales de los países que insisten en limitar la inversión en estas fundaciones y organizaciones a simples donaciones, sin la capacidad de generar capital de trabajo propio, debe actualizarse y desarrollarse estándares para medir el impacto social de estas inversiones y acrecentar las capacidades en los profesionales y en las estructuras necesarias en este sector.
Lo cierto es que yo sigo educándome en las ancestrales leyendas chilenas gracias a mi tarde con los niños de Manantial de Ilusión y sigo meditando sobre le hecho de que estos niños tienen los mismo derechos a la vida y a la educación que tienen el resto de los niños y no se los estamos dando. Ellos viven limitados porque la sociedad les ha impuesto estos límites bajo antiguos conceptos como que mueren jóvenes o que su capacidad es limitada, pero hay estudios que indican que la expectativa de vida en ellos ha aumentado en casi 55 años y que sus capacidades pueden ser desarrolladas a niveles que nos sorprenderían, si se les da la oportunidad de contar con maestros especializados y los padres, por temor o falta de conocimiento, no limitan su integración social.
El entender que todo ser humano, por diverso que sea, tiene algo que aportar a la sociedad es un proyecto global de Gestión del Conocimiento que ayudaría no sólo a estos niños, sino también, a toda esa población adulta de discapacitados para los que solo nos hemos preocupado en darles estacionamientos marcados con grandes sillas de ruedas, que usualmente no respetamos, o tímidos intentos por incluirlos en la fuerza laboral. Es necesario entender que son vulnerables porque usualmente la discapacidad cognitiva va acompañada de la total ausencia de maldad y eso los hace presa fácil de los bajos instintos humanos, pero quizás por eso es tan entrañable pasar una tarde con ellos. Simple y sencillamente sus ojos, ademanes y gestos de cariños tienen esa energía poderosa de lo positivo y armónico.
Entendamos algo las bases del conocimiento, experiencia, aprendizaje y observación tienen parte de su origen en las emociones y sentimientos humanos, por lo tanto, no hay argumento que nos permita deslindarnos de la responsabilidad de desarrollar programas y buscar los fondos para que la integración de estos niños excepcionales en la Sociedad sea completa.
Adjunto incluyo un video que elaboramos con las fotos que tuvieron a bien enviarme el personal de la Fundacion Excepcionales, a quienes agradezco.
Bienaventurados
….Los que comprenden mi extraño paso al caminar y mis
manos torpes ..
...Los que saben que mis oídos tienen que esforzarse
para comprender lo que oyen...
...Los que comprenden que me es difícil convertir en
palabras mis pensamientos...
...Los que me escuchan, pues yo también tengo algo
que decir...
...Los que saben que mi corazón siente aunque no
pueda expresarlo...
...Los que me respetan y me aman como yo soy, tan
sólo como soy, y no como ellos quisieran que yo fuese...
Extracto de Bienaventuranzas para los Niños Especiales