
Aunque no he regresado, las estadísticas del país me confirman que poco ha cambiado desde entonces, lo que no deja de impresionarme negativamente acerca de la capacidad de la sociedad hondureña para proyectarse hacia el futuro. Hoy día Honduras sigue siendo uno de los países centroamericanos más atrasados, con un PIB per capita de $2,200, un 74% de la población que vive en pobreza, un 20% de analfabetismo y un muy bajo índice de Desarrollo Humano. Sólo el 18% tiene acceso a los servicios básicos y de salud, que tienen grandes deficiencias. Sería como ver a Panamá allá por la década de los ´60, más de 40 años de atraso.
Es por esta razón que no me toma de sorpresa la situación política que vive hoy Honduras originada por la forzada salida de Zelaya de la Casa Presidencial de Tegucigalpa, hace unas semanas atrás. En un país donde sólo el 10% de la población controla los recursos productivos es de esperarse tendencias radicales y, si a esto le sumamos las influencias de otros gobiernos del área que se han erigido como los supuestos salvadores de los pueblos oprimidos, estaremos ante el caldo de cultivo por excelencia, para que estos hechos ocurran.
Muchos se han sorprendido de la manera tan descarada en que los militares hondureños decidieron sacar al “Mr. President” del poder, con sombrero y todo; sobretodo, por el no preocuparse de las críticas y posibles consecuencias negativas de parte de la comunidad internacional. Desde mi punto de vista, hubiera sido más inteligente buscar opciones como someterlo a un juicio interno o demandarlo legalmente por violaciones constantes a las principales leyes constitucionales del país. Esto le hubiera permitido al Gobierno Hondureño interino, poder manejarse sin ser condenados y excluidos de los foros internacionales, dejando en total libertad al llamado “Club Chavista”, de constituirse en los defensores de la alicaída Democracia hondureña.
Por su parte, Zelaya ya lleva tres intentos infructuosos por retornar a su país, el último realizado a través de la frontera de Nicaragua. Zelaya ya debería tener claro que si verdaderamente lo quisieran en Honduras, la presión interna sería mucho mayor, lo mismo que la violencia y, probablemente, conociendo la idiosincrasia hondureña, lamentablemente muchos muertos; pero todo parece indicar, que los que no lo quieren en el país son más que los que lo quieren. En realidad sus últimas apariciones no han sido otra cosa que un gran circo mediático para explotar la imagen de Presidente preocupado por lo que le pase a su pueblo.
Por su parte la OEA, con la clara perspectiva de no permitir que el esquema de los golpes de estado gorilescos vuelvan a tender su sombra sobre la America Latina, suspende los derechos de membresía de Honduras, negándole toda posibilidad al Gobierno de Facto de maniobrar la crisis, pero tratando por todos los medios, de lograr diálogos que puedan llevar a feliz término, semejante arroz con mango regional.
Ahora parece ser que la única salida posible a toda esta situación sería que el Gobierno interino convocara rápidamente a elecciones a fin de que el pueblo hondureño, con su voto, elija un nuevo Gobierno que pueda ser aceptado por la comunidad internacional como legítimo. Pero todo esto me deja con un mal sabor de boca. Las medias tintas nunca han sido de mi agrado y eso es todo lo que vemos cuando a nivel de relaciones internacionales se trata, dejando que los ciudadanos del país en crisis se desgasten entre la incertidumbre, los bloqueos políticos y comerciales, arrastrándolos irremediablemente a la desestabilización socioeconómica de sus fuentes productivas y sus esperanzas de un futuro mejor.
La OEA insiste en su respeto a la no intervención en los asuntos internos de otros países, pero es débil al condenar aquellas injerencias disfrazadas que afectan el equilibrio político del área. De hecho, Insulza, en sus cinco minutos de despiste, acabo participando en una reunión del ALBA (flamante organismo de los satélites bolivarianos) en el Salvador donde se condenaba el golpe de estado y se magnificaba la posición de víctima del depuesto Presidente.
Pero es obvio que hoy nadie quiere saber de Zelaya y, aunque el insiste en clamar por ayuda, son muy pocos lo que ahora levantan su voz para defender a la ultrajada democracia; todos parecen estar a la espera de que Honduras sea consecuente y llame a elecciones generales, porque lo cierto es que el calificativo de “De Facto” que ostenta Micheletti, es real y para nada, elogiable.
Lo único que espero es que esta situación de ilegitimidad internacional se resuelva cuanto antes, a fin de que la ya deteriorada estabilidad social no sufra estragos adicionales y que no se permita que otros oportunistas, en su tiempo golpistas por actuación propia, contagien del conflicto al resto de los despistados centroamericanos.
La democracia necesita apoyo y el mejor apoyo para la democracia viene de otras democracias. Benazir Bhutto