Hoy toma las riendas del país un nuevo Gobierno. El Gobierno del “Cambio”, palabra que ha sido en exceso utilizada durante la campaña política previa, que se extendió por todo un año.
Muchas son las expectativas que tienen todos los panameños en relación a la gestión del nuevo Gobierno y, es muy probable, que luego de esta etapa de transición los miembros de ese equipo de Gobierno estén rascándose la cabeza para determinar cómo lo van a conseguir. Estoy segura de que muchas acciones que pensaban tomar deberán ser modificadas, porque encontraron que no todo era como ellos pensaban.
Lo cierto es que las modificaciones estructurales que todos sabemos que son necesarias, pueden ser logradas con una buena planificación y con la creación de leyes cónsonas y bien estructuradas que sirvan de base para estos cambios estructurales. Grandes obras como el ordenamiento del transporte público serán, definitivamente, la vara de medida de su ejecución operativa.
Pero hay otros cambios a los que se ha comprometido este Gobierno, que no necesariamente se conseguirán con planificaciones o re-estructuraciones orgánicas. Son modificaciones que requieren años, porque los comportamientos se han ido entronizando durante años y, lo más importante, depende de que las personas que conforman la Sociedad Panameña decidan avalarlos. Me refiero específicamente a la violencia social y a la corrupción.
Esa será la meta más difícil de alcanzar ya que el “juega vivo” panameño es parte de la vida de la mayoría de las familias panameñas. Se han acostumbrado a tomar el camino fácil antes que tener que esforzarse para alcanzar legítimamente beneficios materiales. Lo vemos en los muy jóvenes y en la generación siguiente. Los que hoy tenemos más de 45 años, nos asombramos extremadamente de la forma ligera en que se modifican los valores para adecuarlos a la acción dudosa que realizarán.
Por otro lado, el dinero fácil producto de la comercialización de productos no legales es tan floreciente, que sirve de manera segura para comprar conciencias, públicas y privadas, sin que importe si esa compra involucra la pérdida de una vida humana. Hoy la persona promedio se vende por unos dólares para cometer actos impropios, utilizando atajos heurísticos para tranquilizar sus conciencias.
Ese es le verdadero reto del “cambio”. Lograr que se inicie en la Sociedad Panameña el proceso de concientizar a las nuevas generaciones, para que entiendan que los valores no se modifican en la escala según la necesidad o la circunstancia; son las acciones las que se dan de acuerdo a esos valores. Cuando la sociedad logre tomar este camino nuevamente, entonces la violencia social cederá por sí sola y estaremos ante un país renovado.
Esperemos que este Gobierno sea capaz de sentar los cimientos para que eso ocurra en el devenir de los años.
Muchas son las expectativas que tienen todos los panameños en relación a la gestión del nuevo Gobierno y, es muy probable, que luego de esta etapa de transición los miembros de ese equipo de Gobierno estén rascándose la cabeza para determinar cómo lo van a conseguir. Estoy segura de que muchas acciones que pensaban tomar deberán ser modificadas, porque encontraron que no todo era como ellos pensaban.
Lo cierto es que las modificaciones estructurales que todos sabemos que son necesarias, pueden ser logradas con una buena planificación y con la creación de leyes cónsonas y bien estructuradas que sirvan de base para estos cambios estructurales. Grandes obras como el ordenamiento del transporte público serán, definitivamente, la vara de medida de su ejecución operativa.
Pero hay otros cambios a los que se ha comprometido este Gobierno, que no necesariamente se conseguirán con planificaciones o re-estructuraciones orgánicas. Son modificaciones que requieren años, porque los comportamientos se han ido entronizando durante años y, lo más importante, depende de que las personas que conforman la Sociedad Panameña decidan avalarlos. Me refiero específicamente a la violencia social y a la corrupción.
Esa será la meta más difícil de alcanzar ya que el “juega vivo” panameño es parte de la vida de la mayoría de las familias panameñas. Se han acostumbrado a tomar el camino fácil antes que tener que esforzarse para alcanzar legítimamente beneficios materiales. Lo vemos en los muy jóvenes y en la generación siguiente. Los que hoy tenemos más de 45 años, nos asombramos extremadamente de la forma ligera en que se modifican los valores para adecuarlos a la acción dudosa que realizarán.
Por otro lado, el dinero fácil producto de la comercialización de productos no legales es tan floreciente, que sirve de manera segura para comprar conciencias, públicas y privadas, sin que importe si esa compra involucra la pérdida de una vida humana. Hoy la persona promedio se vende por unos dólares para cometer actos impropios, utilizando atajos heurísticos para tranquilizar sus conciencias.
Ese es le verdadero reto del “cambio”. Lograr que se inicie en la Sociedad Panameña el proceso de concientizar a las nuevas generaciones, para que entiendan que los valores no se modifican en la escala según la necesidad o la circunstancia; son las acciones las que se dan de acuerdo a esos valores. Cuando la sociedad logre tomar este camino nuevamente, entonces la violencia social cederá por sí sola y estaremos ante un país renovado.
Esperemos que este Gobierno sea capaz de sentar los cimientos para que eso ocurra en el devenir de los años.
La patria es espíritu. Ello dice que el ser de la patria se funda en un valor o en una acumulación de valores, con los que se enlaza a los hijos de un territorio en el suelo que habitan.
(Ramiro de Maetzu – Escritor Español)
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