on Monday, May 17, 2010
Ayer domingo 16 se llevó a cabo el Censo de Población y hoy el país es un hervidero de críticas, bochinches y denuncias de racismo, como nunca se había visto. O sea, se ha armado el típico “arroz con mango”, que si sigue cocinándose, terminará por invalidar la dudosa información recabada. De repente esto sería lo más correcto, aún a expensas de la pérdida financiera que esto acarrea para el Estado y para los rotos bolsillos de los contribuyentes. Para que lo sepa: los Censos cuestan millones de dólares.

Además de todos los problemas de logística que se dieron está el asunto de querer contar a los compatriotas afro del país. Lo que llama poderosamente mi atención de este asunto, es que Panamá ha sido definido siempre como un “crisol de razas” y, entonces, ¿qué pasó con los orientales, los indostanes, los europeos, los combinados y los whatever.com?

Para que les sirva de cultura general los Censos de Panamá no habían registrado, hasta ahora, la composición étnica de su población a excepción de los grupos indígenas, lo cual siempre ha sido motivo de sorpresa por parte de otros organismos de estadísticas internacionales, ya que siendo un país multirracial no se cuenta con información útil sobre las etnias, con el propósito de formular planes de desarrollo para las minorías.

Tenemos que entender que este tipo de preguntas sobre raza, religión y género han sido eliminadas de muchos tipos de encuesta a fin de que no se constituyan en un elemento de discriminación según la percepción de la Sociedad moderna. Fue quizás este componente el que provocó la tamaña equivocación de las mentes brillantes que organizaron el Censo de esta década, ya que por tratar de eliminar la connotación racista de las preguntas, terminaron discriminando a toda una serie de panameños que se sienten contribuyentes de la historia de esta nación y molestando a los afro antillanos por el modo de construir la pregunta.

Y es que cualquiera que haya estudiado estadística, aunque sea básica, sabe muy bien que dependiendo del tamaño de la muestra, el tipo de información a recabar y los recursos con que se cuentan para analizar los resultados, es que se estructuran las preguntas, que generalmente son cerradas o limitadas a conceptos muy puntuales. Esto ayuda en términos de tiempo de encuesta y análisis de resultados.

Y es por esto que una pregunta como: ¿Se considera usted de ascendencia afro antillano? no tiene cabida en este tipo de encuesta. Primero: ¿se considera? Eso implica análisis profundo de una situación. En todo caso, la pregunta correcta debió ser directa: ¿tiene usted ascendencia afro antillana? Respuestas: Si, No, No Se.

Si usted contestaba SI, venía lo bueno: ¿Es usted negro colonial, negro afro antillano, negro africano? Será que había categoría de café con leche. Lo cierto es que hasta ahora me estoy preguntando a que se referían con “negro colonial”. Señores, dudo mucho que en la generación actual de compatriotas negros, haya coloniales de 500 años????? Ni en Pellotihuelle habrían hecho un Censo así.

Amo a Panamá pero este tipo de cosas me colman. En una actividad que implica resultados para el desarrollo futuro del país, y que es tan costosa, no se experimenta. Hubiera sido interesante conocer la distribución de las etnias en Panamá y para eso, la pregunta debió haber incluido a todas las que se conocen forman parte de nuestro desarrollo histórico.

Esto es lo que más olas ha levantado en esta historia estadística, pero lo que verdaderamente debiera ser materia de análisis tiene que ver con la actualización del tipo de información que se desea manejar. Cincuenta y dos preguntas es totalmente amorfo, sobretodo porque en la mayoría de los casos, el 30% de las mismas quedaban sin contestar porque no aplican.

Además los niveles de conocimiento de los encuestadores dejan mucho que desear:

¿Cómo es posible que un encuestador no sepa que Guararé se localiza en los Santos?

¿Cómo es posible que se permita que la información se escriba a lápiz, simplemente para darle al encuestador la posibilidad de corregir sus equivocaciones, sabiendo que es un elemento que se percibe como desconfianza ya que cualquiera puede borrar la información y reescribirla?

¿Cómo es posible que se permita que los encuestadores dejen preguntas en blanco, sin siquiera pasar una raya para establecer que no aplica?

¿Cómo es posible que no hagan las preguntas porque asumen ellos la respuesta?

Señores son reglas básicas de encuestas en Sociología, Demografía, y lo que guste. No podemos seguir así en Panamá. Cosas tan serias como recabar información personal de los ciudadanos de este país debe tomarse con la seriedad que el caso amerita. No voy a citar como se hacen estas encuestas en los países llamados desarrollados, pero si he de decir, que no es justo retroceder cuando lo que debemos es avanzar y no ha de extrañarnos que en la mayoría de los casos, las personas prefieran no dar información 100% veraz.

Orgullosamente yo he sido censada en 1970, 1980, 1990 y ahora en 2010, por lo tanto se de lo que le estoy hablando, por supuesto, por parte de los sufridos encuestados. Y aquí meto mi cuña. Sea usted de la etnia que sea, es panameño, y por lo tanto, tiene el mismo derecho a una vivienda digna, a una seguridad social y bienestar médico adecuado y al mismo trato por parte del Estado protector de sus nacionales.

Los que estructuraron este Censo experimentaron lo que se conoce como una “desviación del juicio” y la percepción personal que ellos tenía sobre el resultado que querían obtener del Censo, privó sobre una planificación seria con miras a hacer de Panamá un mejor país para todos lo que habitamos él, ya sea que tengamos de “tingo o de mandigo”.



La estadística es una ciencia según la cual todas las mentiras se tornan cuadros. Autor: Dino Segre Pitigrilli
on Saturday, May 8, 2010


Que les puedo decir, de todos los mercados el de las monedas es para mí uno de los más divertidos, probablemente porque no necesito estar 24/7 pegada a las noticias para seguir las tendencias, como sí tendría que hacerlo con las acciones si de verdad quisiera obtener pingues ganancias con ellas; aunque últimamente esto tampoco está siendo válido, sino revise el desastre que aconteció este pasado jueves en las bolsas del mundo.

El mercado de las monedas comenzó a interesarme a partir de la firma del Tratado de Maastrich, circunstancia que mi Padre y yo seguimos en detalle, ya que aunque la CEE prácticamente existía antes de que yo naciera, aquel 7 de febrero de 1992 indudablemente la historia del viejo mundo cambió para siempre.

Recuerdo que en 2006 era una “Pro-Compra-Euros” estaba convencida que era una buena técnica para diversificar la canasta de inversiones; sin embargo, hay quienes hoy día me reclaman pérdidas de las que Yo no soy culpable, sino el mercado. ¿Cuándo pensó usted que el Euro se iría a la bajeza de 1.2755 por dólar?

Pues bien, lo que la mayoría no parece comprender es que hoy en día no hay quien le ponga control a los mercados. Si usted no tiene una alta tolerancia al riesgo lo mejor es que ni juegue canicas en la Bolsa. Ya no es cuestión de que usted es un compulsivo seguidor financiero de las tendencias y no hay quien le cuente cuentos. Esos Gurus que casi adivinaban cómo se iba a comportar el mercado ya están “passé”; sino, alguien debería haberse dado cuenta de la crisis griega, con cifras amañadas o no. Lo cierto es que en todos los continentes se habla de regular el mercado y las finanzas pero no hay quien le ponga el cascabel al gato cuando los que se suponen regulan y realizan las operaciones financieras conviven secretamente entre dos frentes: el miedo y la codicia.

El Euro sigue siendo una de las monedas mejor respaldadas, 27 países componen la economía más grande del mundo según el FMI, que en el 2008 situó su PIB nominal en USD18,493,009 millones, por encima de los EEUU. No obstante, y creo firmemente que esto es así, la situación generada por el trastorno griego ha traído a la palestra mundial la verdadera realidad de casi todas las economías desarrolladas del mundo que es la falta de control del déficit público y, para algunos, esto hasta pone en duda la sostenibilidad de la Unión Europea a futuro.

Por si no se ha percatado Usted constituye una unidad financiera en este mundo de locos, puede que su debacle sólo le afecte a Usted y su familia, pero es interesante ver que si su déficit privado (o sea gasta más de lo que gana) se va por arriba de los porcentajes aceptados por su economía nacional, de seguro quedará marcado en las instituciones financieras como “mala paga” y acabará muriéndose de hambre y con aspecto de orate, ya que no podrá subsistir en un medio donde el dinero se necesita para comer.

Ahora bien, si es el Estado en que Usted reside el que comete ese errorcito, no se preocupe, porque él sabrá aplicar los ajustes necesarios y Usted tendrá recortes de su salarios, de sus pensiones y de sus bonos, le subirán los impuestos de valor agregado, le subirán los impuestos de consumo y lo perseguirán hasta el confín del mundo para que pague hasta el último centavo de impuestos; y así, el Estado cumplirá con los requerimientos que le imponen los organismos de financiamiento, para que le den platita y así poder tapar el hueco causado por su ineptitud al gestionar las finanzas públicas.

Si a esta altura del escrito les sueno “indignada” es porque efectivamente lo estoy. Cómo es posible que la Eurostat me diga ahora que no se dieron cuenta de que esta situación se estaba dando. No me digan que no es cierto que Portugal y España anden por el mismo camino, porque así es. No vayamos más lejos. Inglaterra, que no es parte de la Eurozona, se enfrenta este año a un aumento de su déficit público, que si se descuida, ronda las cifras de nuestra amiga Helénica y, en plena carrera electoral por ver quién se queda con el “flat” en Downing Street, ya están desarrollando estrategias para que su deuda no alcance porcentajes de hasta el 75% de su PIB en 2015.

¿Ustedes se imaginan un poco de países quebrados en mercados donde la venta de la deuda soberana sigue siendo el producto preferido de los inversionistas? Estoy por creerle a los que dicen que el Apocalipsis se inicia con la caída de los mercados financieros. Pero, calma Emy, que hasta en la indignación hay que tener criterio amplio.

No me queda más remedio que aceptar que el déficit público existe por razones buenas y malas. Hoy día los Estados se enfrentan a situaciones como el aumento de pagos por pensiones y prestaciones de empleo, ya que las personas siguen naciendo pero los recursos no necesariamente se multiplican a la misma velocidad y, el Estado debe proveer esto a sus nacionales. Por otro lado el lograr economías más fuertes y sanas implica efectivamente una aumento del gasto público y de los presupuestos de inversiones. No hay otra forma de desarrollar un país. El problema se genera, cuando la gestión administrativa de la Cosa Pública no toma en cuenta las fronteras que deben mantenerse, a fin de que ese déficit constituya un factor de crecimiento y no el responsable de la quiebra del país. Desde mi punto de vista, el problema no estriba en los Estados, sino en lo Gobiernos temporales que administran la Cosa Pública sólo para el presente de su período de gloria, sin preocuparse del futuro del Estado y de quienes lo habitan.

En el caso de la Eurozona, se supone que el Tratado de Maastrich estableció criterios para garantizar la estabilidad de la unión económica y monetaria como el control de la deuda que no debe superar el 60% y el déficit público que no debe ser mayor del 3% del PIB. Así mismo, la inflación no debe pasar de 1,5 puntos de la media de los tres países menos inflacionados y de que el tipo medio de interés nominal a largo plazo no supere en dos puntos el de los tres miembros con mejores ejecuciones. ¿Y entonces, por qué hoy día hay varios países de la Unión que no cumplen con varios de estos requisitos?


Todavía recuerdo la tarde de 1992 cuando mi Padre y Yo seguíamos con interés las votaciones del Tratado Maastrich y veíamos como los daneses rechazaban autoritariamente la pertenecía a la UE, mientras otros se adherían, como Francia, con un porcentaje estrecho por arriba del 50%. Mi Padre me miró con la sapiencia de quien acostumbra a analizar al humano común y me pregunto: ¿Oye Mili, y cómo crees tú que se van a poner de acuerdo cuando se tomen decisiones económicas o laborales que afecten a un país más que a otro. Crees que lo aceptarán los ciudadanos si no les gusta? Usualmente ni siquiera son capaces de ponerse de acuerdo dentro del propio país.

La pregunta ha vivido conmigo por muchos años y todavía hoy resuena clara en mi mente como en aquella tarde de 1992. Se supone que los Estados firman estos acuerdos, que deben tener seguridad jurídica, no importa cuántos Gobiernos pasen. Lo cierto es que el Tratado de Maastrich, en particular, siempre ha considerado el concepto de fuerza que pueden tener los “Parlamento Nacionales”; no obstante, pareciera ser que los Estados Nacionales todavía barren de la puerta de su casa hacia adentro y, no necesariamente lo que es un requisito firmado, se cumple en casa. Santi, seguro me diría: “te lo advertí”.

De hecho la reciente aprobación del Tratado de Lisboa que empezó a regir en diciembre de 2009, entre otras cosas, aumenta la función de los Parlamentos Nacionales ampliando el derecho a pronunciarse sobre los proyectos legislativos y a verificar que la UE no rebasa sus competencias tratando asuntos que sean competencia nacional o local. Y me pregunto Yo: ¿el déficit público de un miembro de la UE es un asunto nacional, local o acaso no tiene repercusiones en toda la eurozona? Como muestra un botón, la ayuda de rescate que se dio a Grecia recientemente requirió del sí de los parlamentos nacionales de los países que aportarían la ayuda y, de hecho, los nacionales de algunos de estos países criticaron agriamente el que se pagara con sus impuestos los errores de otros.

Que les digo el tema me apasiona. Lo que pasó este jueves en las bolsas mundiales no es otra cosa que la percepción de incertidumbre acerca de si otros países pueden también caer en este esquema, sean de la Eurozona o no. Y si esto fuera así, de dónde se sacaría el dinero para llevarlos a flote nuevamente. Los inversionistas mundiales están llenos de bonos del Tesoro y paquetes de inversión de deuda pública, por lo que el mercado mundial no es otra cosa que un gran manojo de miedosos con demasiadas ansias de dinero. Una persona me comentó hace poco que yo pensaba que los mercados eran algo así como un Casino y, efectivamente, creo que la pegó. Quien está en la ruleta con la apuesta completa en la mesa seguro está aterrorizado de que los dados no le den el número correcto; sin embargo, volverá a tirarlos porque la cantidad en juego es un tesoro que es impensable perder.

Así que dejen de culpar al pobre “trader” de Citigroup. La realidad es una. A la Unión Europea todavía le queda mucho por andar en términos de integración económica. El que exista una moneda única no es sinónimo de lo anterior. Creo que el diseño político de la Eurozona tiene serias desviaciones que deberán ser corregidas en el origen y no valerse de tantos parches, en la forma de acuerdos, para solventar situaciones que implican desequilibrios graves en las políticas presupuestarias y el control de las cuentas públicas de cada uno de sus miembros.

Por lo pronto, yo sigo respaldando al Euro, que quieren, es mi moneda consentida, sólo espero que el Viejo Mundo aprenda de su historia de siglos, meta en cintura a Alemania y aplique los correctivos necesarios en términos de disciplina y control de la Cosa Pùblica, para que el Euro no sucumba ante la inoperancia administrativa de los Gobiernos temporales, acabando con la posibilidad de probar que los humanos sí somos capaces de anteponer el bien común a los intereses particulares.



"Nadie ofrece tanto como el que no va a cumplir."
Francisco de Quevedo y Villegas, escritor español
on Sunday, May 2, 2010
Los elevadores son esos cajones metálicos que sirven para transportar personas o bienes verticalmente, entre diferentes alturas. Hasta hace unos años atrás los elevadores causaban a muchas personas efectos de claustrofobia y pánico. Se les hacía muy inseguro atravesar esas puertas amenazantes, capaces de cortarlo a uno en dos partes, si no era lo suficiente rápido para traspasar sus linderos antes de que las puertas cerraran y luego subir, subir y subir, rogando a todos los Santos que no se le ocurriera al aparato bajar aparatosamente y sin frenos.

Hoy en día hemos superado bastante esa fobia a las alturas ya que son tan bonitos, espaciosos, el aire circula de manera fluida y, algunos hasta nos dan los buenos días. Pero también es cierto, que con edificios más altos y mayor cantidad de personas por m2 en estas ciudades verticales, se nos hace mucho más agobiante el trasladarnos en estos transportes mecánicos en horas pico; sin embargo, el comportamiento de la mayoría de nosotros sigue siendo el mismo, sólo que ahora nos ayudamos de otros artilugios.

Piénselo: usted está a la espera del elevador que lo llevará a su oficina, puede ser muy temprano en la mañana o al regreso del almuerzo. Sus músculos se tensan ya que no es nada agradable estar de pie en ese gran lobby o, en un oscuro sótano de estacionamiento, rodeado de un montón de personas a las que generalmente conoce de vista y que definitivamente no le van ni le vienen. De repente una campanita avisa su llegada y las puertas se abren como el telón de un teatro contemporáneo.

Si tiene suerte sólo saldrán un par de personas, pero sino, una horda de individuos le saldrá al paso y, si es hora de entrada, seguro habrá otra horda de individuos tratando de tomar ese mismo elevador para no tener que esperar otros 3 interminables minutos. Si va a uno de los pisos bajos tratará de acomodarse hacia un lado, cerca de los botones y salir rápido, por supuesto, también para tener el control sobre el botón de la alarma, en caso de que tenga que utilizarla. Si va a los pisos más altos, tratará de acomodarse hacia una de las paredes laterales o de atrás, buscando el amparo de un lado sólido que le permita escaparse al contacto humano.

Lo más probable es que vaya codo con codo con los otros pasajeros, sintiendo sus respiraciones y, en algunas ocasiones, sus humores corporales. Puede que salude a un par con un lejano hola y si no cuenta con un “partner” de conversación, seguro su vista se dirigirá hacia la parte superior de la puerta donde verá pasar los números de los pisos hasta que tenga la buenaventura de llegar al que usted va, como si esto hiciera que el artilugio mecánico avanzara más rápido. En cuanto las puertas se abran en el piso al que usted se dirige, usted simplemente saldrá dejando atrás al resto de sus compañeros de viaje.

Este comportamiento siempre ha sido tema de estudio. Cuando en 1800 se instalaron los primeros elevadores en Nueva York, nadie pensó que estos se convertirían en una parte importante de nuestras vidas y, como todas las actividades humanas, generaría un comportamiento social.

Dario Maestripieri es un estudioso de los primates en la Universidad de Chicago  condujo un estudio en el cual metió dos monos en una misma jaula; estos trataron de evitarse y alejarse lo más posible uno de otro, miraban arriba o a un punto imaginario fuera de la jaula. Según Maestripieri, cuando nos topamos con desconocidos en espacios reducidos, tendemos a desviar la mirada, a tratar de alejarnos lo más posible y no hacer movimientos bruscos que puedan desatar una agresión. Esto es similar al comportamiento de los primates y tiene que ver con millones de años de evolución en el tema de la supervivencia. O sea, como quien dice, todos llevamos un macaco dentro.

El espacio que nos rodea es un tema de supervivencia para los humanos, algo que la mayoría de las personas ni sabe, y que se conoce como PROXEMIA, un término acuñado por Edward Hall, antropólogo americano, para describir cómo percibimos y utilizamos el espacio físico que nos rodea. Y volvemos al ejemplo del elevador. Cuando nos encontramos en un espacio reducido, atestado de personas, es seguro que entraremos en modo de defensa. Esto tiene su explicación en el hecho de que para cada uno de nosotros, existe un micro espacio que consideramos inviolable y al que sólo damos paso a personas muy cercanas.

Lo cierto es que nos guste o no, somos animales territoriales y como tales, utilizamos el espacio para satisfacer necesidades vitales de existencia. Si usted tiene entrenamiento como facilitador, sabrá que todos nos adueñamos de espacios temporales en los que nos sentimos cómodos e, inconscientemente, los demás lo perciben y usualmente los respetan. De hecho, si no lo hacen, tendremos una batalla campal. Esto es clásico en las vecindades.

En los seminarios los asistentes tiende a ocupar un asiento y a no cambiarlo durante toda la sesión. Por eso hoy día, las técnicas de interacción apuntan a cambiar a los participantes, varias veces durante la sesión, para que interactúen entre todos. Lo mismo pasa en los salones de reuniones, en los estacionamientos cuando no son asignados, o en nuestras propias casas. Aun en las parejas existe un espacio íntimo en el que debemos pedir permiso para entrar.

Esto es muy importante entenderlo a la hora de planear reuniones, de realizar remodelaciones de espacios y, sobretodo, a la hora de relacionarnos con el resto de las personas. Por ejemplo, ¿se ha preguntado usted por qué algunas personas reaccionan mal cuando usted las toca, empuja o se acerca demasiado sin conocerla mucho? La respuesta se relaciona con el espacio íntimo y la zona personal.

A ver, imagine su propia burbuja personal con varios círculos interiores y usted en el centro, cada uno de esos círculos representa un manejo que hace usted de su espacio. La teoría de la Proxemia los explica así:

Zona íntima (15-45cm): se reserva sólo para personas muy cercanas como pareja, padres, hijo o amigos muy cercanos. Existe también una zona sub-íntima (0-15cm) también denominada zona de contacto, donde la comunicación no se da sólo mediante la palabra, sino también mediante el tacto, el olor, la temperatura del cuerpo, etc. Nadie que no tenga su autorización, será bienvenido en esta zona.

Zona personal (46-122cm): A esta zona sólo tienen acceso aquellas personas a las que usted les haya dado el grado de confianza para entrar. Se mide por la extensión del brazo y tiene que ver con el dominio físico. Es la distancia que usualmente utilizamos en reuniones sociales y conversaciones con amigos.

c) Zona social (122-360cm): Se reserva para personas que el individuo conoce poco o que interactúa por razones puntuales como el plano profesional. Por ejemplo los escritorios VIP usualmente tienen esta amplitud.

d) Zona pública (más de 360cm): Se da en reuniones muy formales, cuando se dan discursos, se imparten clases o reuniones de negocios muy rígidas. Es la distancia que se mantiene ante extraños.

Es por eso que nos sentimos tan incómodos en los elevadores donde usualmente viajamos con personas poco conocidas o totalmente extrañas, y la distancia que podemos mantener, aunque sólo lo ocupen dos, traspasa totalmente las fronteras de nuestra zona personal de hasta 122 cts. Ahora visualice el elevador completamente copado y tomará conciencia que cualquiera puede estar haciendo contacto con alguna área de su físico, violando irremediablemente su zona sub-íntima, conflicto que generalmente controlamos porque sabemos que es una condición forzada que debemos aceptar como parte de la vida moderna.

La situación se vuelve caótica si por ejemplo al transporte vertical le da un beri beri y se para. Mientras los minutos pasan las personas se irán desesperando, no necesariamente por el pánico que producen los pensamientos de que el elevador se caiga, sino porque es una condición de supervivencia del ser humano, recobrar su espacio vital para evitar conflictos y agresiones. Por eso el hacinamiento en viviendas o cárceles produce conflictos que pueden llevar a actos de violencia inimaginables.

Pero hoy en día, la tecnología nos ayuda enormemente a manejar estos conflictos. Estamos hablando de los Ipod, celulares y Blackberries. Usted puede constatarlo y yo misma recurro a este truco diariamente. El ponernos simplemente a leer los mensajes nos permite mantenernos en nuestro micro espacio virtual sin tener que mirar a otros o preocuparnos si nos están mirando. Muchos de nosotros ya no necesitamos mirar al techo, a los numeritos o al piso. Simplemente nos refugiamos en la tecnología. Hay muchas historias recientes de personas que se han quedado en elevadores por horas y que pudieron pasarla más o menos controlados, simplemente viendo videos o comunicándose con sus seres queridos o los equipos de rescate mediante su celular. De algo sirve la tecnología.

Cuando usted maneja este tipo de conocimiento, que para muchos es una soberana tontería, las ventajas que obtiene en su interacción social y personal son amplias. Incluso en su vida íntima, es necesario que comprenda que aunque existan vínculos emocionales con las personas que dejamos atravesar estos espacios, siempre habrá situaciones en los que cada uno reservará un micro espacio íntimo, al que deberá solicitar permiso para entrar.

Dependiendo de la distancia que una persona guarde frente a usted en una simple conversación o reunión social, usted podrá entender cuál es el grado de confianza o aceptación que esa persona le está dando. Es muy importante tener en cuenta, que estas distancias pueden variar de acuerdo a las preferencias de las personas y, sobre todo a su cultura. Por ejemplo en los países latinos generalmente las distancias en lo personal y social son más estrechas que entre los anglosajones o algunas etnias europeas. Así mismo la cultura musulmana establece reglas de distancia mayores para los extranjeros, lo mismo que los asiáticos en relación a los géneros.

Interesante no. Así que la próxima vez que esté en una reunión social o en la oficina, póngalo en práctica. Observe las distancias que las diferentes personas utilizan con usted y pronto aprenderá a percibir con quienes tiene que trabajar más sus relaciones, dependiendo de lo que quiere lograr: una amistad o un buen negocio. También reconocerá quienes no tienen ni la menor idea de lo que es respetar el espacio de otros y se ahorrará un sinnúmero de conflictos. Créame la ventaja comparativa que esto le da es asombrosa.

¡Ah! y si alguien le gusta pero no puede descifrarlo del todo, no dude en medir hasta dónde le deja traspasar su zona personal, créame ese es un indicio inequívoco de que le gusta o no. Ojo, no estoy hablando de los 0 a .15 cms. sino de los.15 a los 0.46 cms. No camine antes de gatear.

Y para los elevadores tiene dos opciones: encienda su blackberry y olvídese del mundo o saque el macaco que tiene dentro y muestre sus dientes a quien ose violar su zona íntima, pero recuerde, son gajes de la vida moderna y de nada vale llevarse una rabia, cuando en el próximo viaje en elevador, se enfrente a la misma situación.

 
Hay un espacio muy grande entre saber y entender y otro más grande aún entre entender y aceptar - ANÓNIMO
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