Los elevadores son esos cajones metálicos que sirven para transportar personas o bienes verticalmente, entre diferentes alturas. Hasta hace unos años atrás los elevadores causaban a muchas personas efectos de claustrofobia y pánico. Se les hacía muy inseguro atravesar esas puertas amenazantes, capaces de cortarlo a uno en dos partes, si no era lo suficiente rápido para traspasar sus linderos antes de que las puertas cerraran y luego subir, subir y subir, rogando a todos los Santos que no se le ocurriera al aparato bajar aparatosamente y sin frenos.
Hoy en día hemos superado bastante esa fobia a las alturas ya que son tan bonitos, espaciosos, el aire circula de manera fluida y, algunos hasta nos dan los buenos días. Pero también es cierto, que con edificios más altos y mayor cantidad de personas por m2 en estas ciudades verticales, se nos hace mucho más agobiante el trasladarnos en estos transportes mecánicos en horas pico; sin embargo, el comportamiento de la mayoría de nosotros sigue siendo el mismo, sólo que ahora nos ayudamos de otros artilugios.
Piénselo: usted está a la espera del elevador que lo llevará a su oficina, puede ser muy temprano en la mañana o al regreso del almuerzo. Sus músculos se tensan ya que no es nada agradable estar de pie en ese gran lobby o, en un oscuro sótano de estacionamiento, rodeado de un montón de personas a las que generalmente conoce de vista y que definitivamente no le van ni le vienen. De repente una campanita avisa su llegada y las puertas se abren como el telón de un teatro contemporáneo.
Si tiene suerte sólo saldrán un par de personas, pero sino, una horda de individuos le saldrá al paso y, si es hora de entrada, seguro habrá otra horda de individuos tratando de tomar ese mismo elevador para no tener que esperar otros 3 interminables minutos. Si va a uno de los pisos bajos tratará de acomodarse hacia un lado, cerca de los botones y salir rápido, por supuesto, también para tener el control sobre el botón de la alarma, en caso de que tenga que utilizarla. Si va a los pisos más altos, tratará de acomodarse hacia una de las paredes laterales o de atrás, buscando el amparo de un lado sólido que le permita escaparse al contacto humano.
Lo más probable es que vaya codo con codo con los otros pasajeros, sintiendo sus respiraciones y, en algunas ocasiones, sus humores corporales. Puede que salude a un par con un lejano hola y si no cuenta con un “partner” de conversación, seguro su vista se dirigirá hacia la parte superior de la puerta donde verá pasar los números de los pisos hasta que tenga la buenaventura de llegar al que usted va, como si esto hiciera que el artilugio mecánico avanzara más rápido. En cuanto las puertas se abran en el piso al que usted se dirige, usted simplemente saldrá dejando atrás al resto de sus compañeros de viaje.
Este comportamiento siempre ha sido tema de estudio. Cuando en 1800 se instalaron los primeros elevadores en Nueva York, nadie pensó que estos se convertirían en una parte importante de nuestras vidas y, como todas las actividades humanas, generaría un comportamiento social.
Dario Maestripieri es un estudioso de los primates en la Universidad de Chicago condujo un estudio en el cual metió dos monos en una misma jaula; estos trataron de evitarse y alejarse lo más posible uno de otro, miraban arriba o a un punto imaginario fuera de la jaula. Según Maestripieri, cuando nos topamos con desconocidos en espacios reducidos, tendemos a desviar la mirada, a tratar de alejarnos lo más posible y no hacer movimientos bruscos que puedan desatar una agresión. Esto es similar al comportamiento de los primates y tiene que ver con millones de años de evolución en el tema de la supervivencia. O sea, como quien dice, todos llevamos un macaco dentro.
El espacio que nos rodea es un tema de supervivencia para los humanos, algo que la mayoría de las personas ni sabe, y que se conoce como PROXEMIA, un término acuñado por Edward Hall, antropólogo americano, para describir cómo percibimos y utilizamos el espacio físico que nos rodea. Y volvemos al ejemplo del elevador. Cuando nos encontramos en un espacio reducido, atestado de personas, es seguro que entraremos en modo de defensa. Esto tiene su explicación en el hecho de que para cada uno de nosotros, existe un micro espacio que consideramos inviolable y al que sólo damos paso a personas muy cercanas.
Lo cierto es que nos guste o no, somos animales territoriales y como tales, utilizamos el espacio para satisfacer necesidades vitales de existencia. Si usted tiene entrenamiento como facilitador, sabrá que todos nos adueñamos de espacios temporales en los que nos sentimos cómodos e, inconscientemente, los demás lo perciben y usualmente los respetan. De hecho, si no lo hacen, tendremos una batalla campal. Esto es clásico en las vecindades.
En los seminarios los asistentes tiende a ocupar un asiento y a no cambiarlo durante toda la sesión. Por eso hoy día, las técnicas de interacción apuntan a cambiar a los participantes, varias veces durante la sesión, para que interactúen entre todos. Lo mismo pasa en los salones de reuniones, en los estacionamientos cuando no son asignados, o en nuestras propias casas. Aun en las parejas existe un espacio íntimo en el que debemos pedir permiso para entrar.
Esto es muy importante entenderlo a la hora de planear reuniones, de realizar remodelaciones de espacios y, sobretodo, a la hora de relacionarnos con el resto de las personas. Por ejemplo, ¿se ha preguntado usted por qué algunas personas reaccionan mal cuando usted las toca, empuja o se acerca demasiado sin conocerla mucho? La respuesta se relaciona con el espacio íntimo y la zona personal.
A ver, imagine su propia burbuja personal con varios círculos interiores y usted en el centro, cada uno de esos círculos representa un manejo que hace usted de su espacio. La teoría de la Proxemia los explica así:
Zona íntima (15-45cm): se reserva sólo para personas muy cercanas como pareja, padres, hijo o amigos muy cercanos. Existe también una zona sub-íntima (0-15cm) también denominada zona de contacto, donde la comunicación no se da sólo mediante la palabra, sino también mediante el tacto, el olor, la temperatura del cuerpo, etc. Nadie que no tenga su autorización, será bienvenido en esta zona.
Zona personal (46-122cm): A esta zona sólo tienen acceso aquellas personas a las que usted les haya dado el grado de confianza para entrar. Se mide por la extensión del brazo y tiene que ver con el dominio físico. Es la distancia que usualmente utilizamos en reuniones sociales y conversaciones con amigos.
c) Zona social (122-360cm): Se reserva para personas que el individuo conoce poco o que interactúa por razones puntuales como el plano profesional. Por ejemplo los escritorios VIP usualmente tienen esta amplitud.
d) Zona pública (más de 360cm): Se da en reuniones muy formales, cuando se dan discursos, se imparten clases o reuniones de negocios muy rígidas. Es la distancia que se mantiene ante extraños.
Es por eso que nos sentimos tan incómodos en los elevadores donde usualmente viajamos con personas poco conocidas o totalmente extrañas, y la distancia que podemos mantener, aunque sólo lo ocupen dos, traspasa totalmente las fronteras de nuestra zona personal de hasta 122 cts. Ahora visualice el elevador completamente copado y tomará conciencia que cualquiera puede estar haciendo contacto con alguna área de su físico, violando irremediablemente su zona sub-íntima, conflicto que generalmente controlamos porque sabemos que es una condición forzada que debemos aceptar como parte de la vida moderna.
La situación se vuelve caótica si por ejemplo al transporte vertical le da un beri beri y se para. Mientras los minutos pasan las personas se irán desesperando, no necesariamente por el pánico que producen los pensamientos de que el elevador se caiga, sino porque es una condición de supervivencia del ser humano, recobrar su espacio vital para evitar conflictos y agresiones. Por eso el hacinamiento en viviendas o cárceles produce conflictos que pueden llevar a actos de violencia inimaginables.
Pero hoy en día, la tecnología nos ayuda enormemente a manejar estos conflictos. Estamos hablando de los Ipod, celulares y Blackberries. Usted puede constatarlo y yo misma recurro a este truco diariamente. El ponernos simplemente a leer los mensajes nos permite mantenernos en nuestro micro espacio virtual sin tener que mirar a otros o preocuparnos si nos están mirando. Muchos de nosotros ya no necesitamos mirar al techo, a los numeritos o al piso. Simplemente nos refugiamos en la tecnología. Hay muchas historias recientes de personas que se han quedado en elevadores por horas y que pudieron pasarla más o menos controlados, simplemente viendo videos o comunicándose con sus seres queridos o los equipos de rescate mediante su celular. De algo sirve la tecnología.
Cuando usted maneja este tipo de conocimiento, que para muchos es una soberana tontería, las ventajas que obtiene en su interacción social y personal son amplias. Incluso en su vida íntima, es necesario que comprenda que aunque existan vínculos emocionales con las personas que dejamos atravesar estos espacios, siempre habrá situaciones en los que cada uno reservará un micro espacio íntimo, al que deberá solicitar permiso para entrar.
Dependiendo de la distancia que una persona guarde frente a usted en una simple conversación o reunión social, usted podrá entender cuál es el grado de confianza o aceptación que esa persona le está dando. Es muy importante tener en cuenta, que estas distancias pueden variar de acuerdo a las preferencias de las personas y, sobre todo a su cultura. Por ejemplo en los países latinos generalmente las distancias en lo personal y social son más estrechas que entre los anglosajones o algunas etnias europeas. Así mismo la cultura musulmana establece reglas de distancia mayores para los extranjeros, lo mismo que los asiáticos en relación a los géneros.
Interesante no. Así que la próxima vez que esté en una reunión social o en la oficina, póngalo en práctica. Observe las distancias que las diferentes personas utilizan con usted y pronto aprenderá a percibir con quienes tiene que trabajar más sus relaciones, dependiendo de lo que quiere lograr: una amistad o un buen negocio. También reconocerá quienes no tienen ni la menor idea de lo que es respetar el espacio de otros y se ahorrará un sinnúmero de conflictos. Créame la ventaja comparativa que esto le da es asombrosa.
¡Ah! y si alguien le gusta pero no puede descifrarlo del todo, no dude en medir hasta dónde le deja traspasar su zona personal, créame ese es un indicio inequívoco de que le gusta o no. Ojo, no estoy hablando de los 0 a .15 cms. sino de los.15 a los 0.46 cms. No camine antes de gatear.
Y para los elevadores tiene dos opciones: encienda su blackberry y olvídese del mundo o saque el macaco que tiene dentro y muestre sus dientes a quien ose violar su zona íntima, pero recuerde, son gajes de la vida moderna y de nada vale llevarse una rabia, cuando en el próximo viaje en elevador, se enfrente a la misma situación.
Hay un espacio muy grande entre saber y entender y otro más grande aún entre entender y aceptar - ANÓNIMO

0 comments:
Post a Comment