Hace unas semanas atrás miraba un programa por un canal de tv española y me topo con una de las curiosidades más “curiosas”, valga la redundancia, que jamás se me hubiera ocurrido que existiera.
Resulta que un grupo de personas, llámese pordioseros, piedreros, limosneros, vagos, avivátos o, increíblemente brillantes, se sientan en las calles de alguna ciudad española y piden limosna para vivir sin trabajar. Con sendos carteles promueven su “negocio” bajo el esquema de que no son mentirosos y que quien les da su “calderilla”, como en España se le conoce al sencillo o monedas, se las da porque creen que es mucho mejor decir la verdad, que ponerse una venda y fingir que son ciegos, sordos o tullidos.
¿Puede usted creerlo?
Aunque usted no lo crea como acuñó Ripley, consiguen lo suficiente para vivir, quizás más cómodamente que un trabajador con salario mínimo, por supuesto, sin el desgaste y estrés que nos puede producir la jornada laboral diaria a los que hemos sido un poco menos brillantes que ellos.
A mí esto me parece el colmo de la desvergüenza, cara dura y poco importa, pero, todavía me parece mucho más increíble que la gente se convenza de que darles, aunque sea dos reales, bajo el esquema de que resulta divertido, de que es brillante porque a mí nunca se me habría ocurrido o, quizás, por lo poco común que resulta la idea, es válido.
Bien el concepto de limosna ha estado presente en nuestra historia de la mano de las religiones principalmente. También existía lo que se conocía como “limosna legal” que estaba enmarcado dentro del concepto de Diezmo, y que era algo así como un impuesto social o subvención para el agro. La limosna es algo que siempre ha hecho sentir bien al ser humano, es quizás, una forma fácil y rápida de borrar las culpas, si es que eso es posible.
Pero, me pregunto Yo: y dónde quedó aquello de “dale un pez a un hombre y comerá un día, pero si lo enseñas a pescar, comerá toda la vida.”
Bueno, ni idea, pero lo cierto es que piense un momento en los famosos “bien cuidao” que en Panamá todavía pululan en los atascados estacionamientos de las entidades gubernamentales recaudadoras y tramitadoras y que hasta hace unos años atrás cobraban 0.25 centavos, pero como la gasolina subió ahora cobran de 0.75 pa' rriba. Si trabajan un promedio de 6 horas diarias y atienden unos 60 carros al día, las cuatro semanas del mes, es muy probable que se haga más de $225. Tomemos en cuenta que el salario mínimo en Panamá era de $268 más o menos, hasta que se dio el histórico incremento de US$89 en enero pasado. ¡Increíble no!
Pero la cosa no acaba aquí. En el mismo reportaje muestran a un caballero que se ha creado una web para pedir plata porque no quiere trabajar, y, lo peor, es que le ha ido tan bien que hasta una casa carro se compró y bautizó con el mismo nombre de su web: ciberlimosna.com
El caballero se escuda bajo la explicación de que "Pido dinero para mí, lo digo bien claro, y no me disfrazo de ONG como lo hacen otros….” Habrase visto cosa igual. Por curiosidad entré a la página y resulta que tienes que donar antes de que puedas accesar al contenido. Por supuesto yo no iba a darle ni un solo céntimo, así que opté por cerrar la página y ¿cuál fue mi sorpresa al ver un recuadro que aparecía:
O sea, encima soy una rata. !A ver, exijo una explicación¡
Por supuesto hago este escrito con una sonrisa congelada que declara mi estupor ante semejante desparpajo ingenioso mientras mis neuronas, en estado anonadado, continúan trabajando en la búsqueda de una respuesta lógica que me expliqué por qué las personas, alrededor del mundo, contribuyen con una causa tan poco ética como “la vagancia”.
Pues no sé si esta será la respuesta, pero es la única que se me ocurre y tiene que ver con los famosos atajos heurísticos o desviaciones del juicio. En este mundo tan falto de causas que en realidad promuevan resultados justos y veraces, donde las personas están cansadas de donar para supuestas reivindicaciones sociales que terminan siendo simples pagos de salarios para elucubradores de Shangri La ficticios; tienden a hacerse eco de aquellos que dicen la verdad, no importa si la ética de la actuación no está presente.
Por lo pronto voy a estudiar concienzudamente la posibilidad de tomar un “part-time” de fin de semana en algún mall con clientes cautivos, a ver si puedo ganarme un dinerito extra. Por supuesto, yo si tendré que maquillarme mucho porque imagen de limosnera no tengo, a ver si consigo convencer a mis coterráneos de que es justo que me paguen por vivir en la vagancia, siempre que lo diga abiertamente.
Lo que hay que oir por no ser sordo y lo que hay que ver por no ser ciego - Emy.


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