MI KARMA CON EL EURO (Dedicado a Santi, Mi Padre)

on Saturday, May 8, 2010


Que les puedo decir, de todos los mercados el de las monedas es para mí uno de los más divertidos, probablemente porque no necesito estar 24/7 pegada a las noticias para seguir las tendencias, como sí tendría que hacerlo con las acciones si de verdad quisiera obtener pingues ganancias con ellas; aunque últimamente esto tampoco está siendo válido, sino revise el desastre que aconteció este pasado jueves en las bolsas del mundo.

El mercado de las monedas comenzó a interesarme a partir de la firma del Tratado de Maastrich, circunstancia que mi Padre y yo seguimos en detalle, ya que aunque la CEE prácticamente existía antes de que yo naciera, aquel 7 de febrero de 1992 indudablemente la historia del viejo mundo cambió para siempre.

Recuerdo que en 2006 era una “Pro-Compra-Euros” estaba convencida que era una buena técnica para diversificar la canasta de inversiones; sin embargo, hay quienes hoy día me reclaman pérdidas de las que Yo no soy culpable, sino el mercado. ¿Cuándo pensó usted que el Euro se iría a la bajeza de 1.2755 por dólar?

Pues bien, lo que la mayoría no parece comprender es que hoy en día no hay quien le ponga control a los mercados. Si usted no tiene una alta tolerancia al riesgo lo mejor es que ni juegue canicas en la Bolsa. Ya no es cuestión de que usted es un compulsivo seguidor financiero de las tendencias y no hay quien le cuente cuentos. Esos Gurus que casi adivinaban cómo se iba a comportar el mercado ya están “passé”; sino, alguien debería haberse dado cuenta de la crisis griega, con cifras amañadas o no. Lo cierto es que en todos los continentes se habla de regular el mercado y las finanzas pero no hay quien le ponga el cascabel al gato cuando los que se suponen regulan y realizan las operaciones financieras conviven secretamente entre dos frentes: el miedo y la codicia.

El Euro sigue siendo una de las monedas mejor respaldadas, 27 países componen la economía más grande del mundo según el FMI, que en el 2008 situó su PIB nominal en USD18,493,009 millones, por encima de los EEUU. No obstante, y creo firmemente que esto es así, la situación generada por el trastorno griego ha traído a la palestra mundial la verdadera realidad de casi todas las economías desarrolladas del mundo que es la falta de control del déficit público y, para algunos, esto hasta pone en duda la sostenibilidad de la Unión Europea a futuro.

Por si no se ha percatado Usted constituye una unidad financiera en este mundo de locos, puede que su debacle sólo le afecte a Usted y su familia, pero es interesante ver que si su déficit privado (o sea gasta más de lo que gana) se va por arriba de los porcentajes aceptados por su economía nacional, de seguro quedará marcado en las instituciones financieras como “mala paga” y acabará muriéndose de hambre y con aspecto de orate, ya que no podrá subsistir en un medio donde el dinero se necesita para comer.

Ahora bien, si es el Estado en que Usted reside el que comete ese errorcito, no se preocupe, porque él sabrá aplicar los ajustes necesarios y Usted tendrá recortes de su salarios, de sus pensiones y de sus bonos, le subirán los impuestos de valor agregado, le subirán los impuestos de consumo y lo perseguirán hasta el confín del mundo para que pague hasta el último centavo de impuestos; y así, el Estado cumplirá con los requerimientos que le imponen los organismos de financiamiento, para que le den platita y así poder tapar el hueco causado por su ineptitud al gestionar las finanzas públicas.

Si a esta altura del escrito les sueno “indignada” es porque efectivamente lo estoy. Cómo es posible que la Eurostat me diga ahora que no se dieron cuenta de que esta situación se estaba dando. No me digan que no es cierto que Portugal y España anden por el mismo camino, porque así es. No vayamos más lejos. Inglaterra, que no es parte de la Eurozona, se enfrenta este año a un aumento de su déficit público, que si se descuida, ronda las cifras de nuestra amiga Helénica y, en plena carrera electoral por ver quién se queda con el “flat” en Downing Street, ya están desarrollando estrategias para que su deuda no alcance porcentajes de hasta el 75% de su PIB en 2015.

¿Ustedes se imaginan un poco de países quebrados en mercados donde la venta de la deuda soberana sigue siendo el producto preferido de los inversionistas? Estoy por creerle a los que dicen que el Apocalipsis se inicia con la caída de los mercados financieros. Pero, calma Emy, que hasta en la indignación hay que tener criterio amplio.

No me queda más remedio que aceptar que el déficit público existe por razones buenas y malas. Hoy día los Estados se enfrentan a situaciones como el aumento de pagos por pensiones y prestaciones de empleo, ya que las personas siguen naciendo pero los recursos no necesariamente se multiplican a la misma velocidad y, el Estado debe proveer esto a sus nacionales. Por otro lado el lograr economías más fuertes y sanas implica efectivamente una aumento del gasto público y de los presupuestos de inversiones. No hay otra forma de desarrollar un país. El problema se genera, cuando la gestión administrativa de la Cosa Pública no toma en cuenta las fronteras que deben mantenerse, a fin de que ese déficit constituya un factor de crecimiento y no el responsable de la quiebra del país. Desde mi punto de vista, el problema no estriba en los Estados, sino en lo Gobiernos temporales que administran la Cosa Pública sólo para el presente de su período de gloria, sin preocuparse del futuro del Estado y de quienes lo habitan.

En el caso de la Eurozona, se supone que el Tratado de Maastrich estableció criterios para garantizar la estabilidad de la unión económica y monetaria como el control de la deuda que no debe superar el 60% y el déficit público que no debe ser mayor del 3% del PIB. Así mismo, la inflación no debe pasar de 1,5 puntos de la media de los tres países menos inflacionados y de que el tipo medio de interés nominal a largo plazo no supere en dos puntos el de los tres miembros con mejores ejecuciones. ¿Y entonces, por qué hoy día hay varios países de la Unión que no cumplen con varios de estos requisitos?


Todavía recuerdo la tarde de 1992 cuando mi Padre y Yo seguíamos con interés las votaciones del Tratado Maastrich y veíamos como los daneses rechazaban autoritariamente la pertenecía a la UE, mientras otros se adherían, como Francia, con un porcentaje estrecho por arriba del 50%. Mi Padre me miró con la sapiencia de quien acostumbra a analizar al humano común y me pregunto: ¿Oye Mili, y cómo crees tú que se van a poner de acuerdo cuando se tomen decisiones económicas o laborales que afecten a un país más que a otro. Crees que lo aceptarán los ciudadanos si no les gusta? Usualmente ni siquiera son capaces de ponerse de acuerdo dentro del propio país.

La pregunta ha vivido conmigo por muchos años y todavía hoy resuena clara en mi mente como en aquella tarde de 1992. Se supone que los Estados firman estos acuerdos, que deben tener seguridad jurídica, no importa cuántos Gobiernos pasen. Lo cierto es que el Tratado de Maastrich, en particular, siempre ha considerado el concepto de fuerza que pueden tener los “Parlamento Nacionales”; no obstante, pareciera ser que los Estados Nacionales todavía barren de la puerta de su casa hacia adentro y, no necesariamente lo que es un requisito firmado, se cumple en casa. Santi, seguro me diría: “te lo advertí”.

De hecho la reciente aprobación del Tratado de Lisboa que empezó a regir en diciembre de 2009, entre otras cosas, aumenta la función de los Parlamentos Nacionales ampliando el derecho a pronunciarse sobre los proyectos legislativos y a verificar que la UE no rebasa sus competencias tratando asuntos que sean competencia nacional o local. Y me pregunto Yo: ¿el déficit público de un miembro de la UE es un asunto nacional, local o acaso no tiene repercusiones en toda la eurozona? Como muestra un botón, la ayuda de rescate que se dio a Grecia recientemente requirió del sí de los parlamentos nacionales de los países que aportarían la ayuda y, de hecho, los nacionales de algunos de estos países criticaron agriamente el que se pagara con sus impuestos los errores de otros.

Que les digo el tema me apasiona. Lo que pasó este jueves en las bolsas mundiales no es otra cosa que la percepción de incertidumbre acerca de si otros países pueden también caer en este esquema, sean de la Eurozona o no. Y si esto fuera así, de dónde se sacaría el dinero para llevarlos a flote nuevamente. Los inversionistas mundiales están llenos de bonos del Tesoro y paquetes de inversión de deuda pública, por lo que el mercado mundial no es otra cosa que un gran manojo de miedosos con demasiadas ansias de dinero. Una persona me comentó hace poco que yo pensaba que los mercados eran algo así como un Casino y, efectivamente, creo que la pegó. Quien está en la ruleta con la apuesta completa en la mesa seguro está aterrorizado de que los dados no le den el número correcto; sin embargo, volverá a tirarlos porque la cantidad en juego es un tesoro que es impensable perder.

Así que dejen de culpar al pobre “trader” de Citigroup. La realidad es una. A la Unión Europea todavía le queda mucho por andar en términos de integración económica. El que exista una moneda única no es sinónimo de lo anterior. Creo que el diseño político de la Eurozona tiene serias desviaciones que deberán ser corregidas en el origen y no valerse de tantos parches, en la forma de acuerdos, para solventar situaciones que implican desequilibrios graves en las políticas presupuestarias y el control de las cuentas públicas de cada uno de sus miembros.

Por lo pronto, yo sigo respaldando al Euro, que quieren, es mi moneda consentida, sólo espero que el Viejo Mundo aprenda de su historia de siglos, meta en cintura a Alemania y aplique los correctivos necesarios en términos de disciplina y control de la Cosa Pùblica, para que el Euro no sucumba ante la inoperancia administrativa de los Gobiernos temporales, acabando con la posibilidad de probar que los humanos sí somos capaces de anteponer el bien común a los intereses particulares.



"Nadie ofrece tanto como el que no va a cumplir."
Francisco de Quevedo y Villegas, escritor español

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