on Monday, May 17, 2010
Ayer domingo 16 se llevó a cabo el Censo de Población y hoy el país es un hervidero de críticas, bochinches y denuncias de racismo, como nunca se había visto. O sea, se ha armado el típico “arroz con mango”, que si sigue cocinándose, terminará por invalidar la dudosa información recabada. De repente esto sería lo más correcto, aún a expensas de la pérdida financiera que esto acarrea para el Estado y para los rotos bolsillos de los contribuyentes. Para que lo sepa: los Censos cuestan millones de dólares.

Además de todos los problemas de logística que se dieron está el asunto de querer contar a los compatriotas afro del país. Lo que llama poderosamente mi atención de este asunto, es que Panamá ha sido definido siempre como un “crisol de razas” y, entonces, ¿qué pasó con los orientales, los indostanes, los europeos, los combinados y los whatever.com?

Para que les sirva de cultura general los Censos de Panamá no habían registrado, hasta ahora, la composición étnica de su población a excepción de los grupos indígenas, lo cual siempre ha sido motivo de sorpresa por parte de otros organismos de estadísticas internacionales, ya que siendo un país multirracial no se cuenta con información útil sobre las etnias, con el propósito de formular planes de desarrollo para las minorías.

Tenemos que entender que este tipo de preguntas sobre raza, religión y género han sido eliminadas de muchos tipos de encuesta a fin de que no se constituyan en un elemento de discriminación según la percepción de la Sociedad moderna. Fue quizás este componente el que provocó la tamaña equivocación de las mentes brillantes que organizaron el Censo de esta década, ya que por tratar de eliminar la connotación racista de las preguntas, terminaron discriminando a toda una serie de panameños que se sienten contribuyentes de la historia de esta nación y molestando a los afro antillanos por el modo de construir la pregunta.

Y es que cualquiera que haya estudiado estadística, aunque sea básica, sabe muy bien que dependiendo del tamaño de la muestra, el tipo de información a recabar y los recursos con que se cuentan para analizar los resultados, es que se estructuran las preguntas, que generalmente son cerradas o limitadas a conceptos muy puntuales. Esto ayuda en términos de tiempo de encuesta y análisis de resultados.

Y es por esto que una pregunta como: ¿Se considera usted de ascendencia afro antillano? no tiene cabida en este tipo de encuesta. Primero: ¿se considera? Eso implica análisis profundo de una situación. En todo caso, la pregunta correcta debió ser directa: ¿tiene usted ascendencia afro antillana? Respuestas: Si, No, No Se.

Si usted contestaba SI, venía lo bueno: ¿Es usted negro colonial, negro afro antillano, negro africano? Será que había categoría de café con leche. Lo cierto es que hasta ahora me estoy preguntando a que se referían con “negro colonial”. Señores, dudo mucho que en la generación actual de compatriotas negros, haya coloniales de 500 años????? Ni en Pellotihuelle habrían hecho un Censo así.

Amo a Panamá pero este tipo de cosas me colman. En una actividad que implica resultados para el desarrollo futuro del país, y que es tan costosa, no se experimenta. Hubiera sido interesante conocer la distribución de las etnias en Panamá y para eso, la pregunta debió haber incluido a todas las que se conocen forman parte de nuestro desarrollo histórico.

Esto es lo que más olas ha levantado en esta historia estadística, pero lo que verdaderamente debiera ser materia de análisis tiene que ver con la actualización del tipo de información que se desea manejar. Cincuenta y dos preguntas es totalmente amorfo, sobretodo porque en la mayoría de los casos, el 30% de las mismas quedaban sin contestar porque no aplican.

Además los niveles de conocimiento de los encuestadores dejan mucho que desear:

¿Cómo es posible que un encuestador no sepa que Guararé se localiza en los Santos?

¿Cómo es posible que se permita que la información se escriba a lápiz, simplemente para darle al encuestador la posibilidad de corregir sus equivocaciones, sabiendo que es un elemento que se percibe como desconfianza ya que cualquiera puede borrar la información y reescribirla?

¿Cómo es posible que se permita que los encuestadores dejen preguntas en blanco, sin siquiera pasar una raya para establecer que no aplica?

¿Cómo es posible que no hagan las preguntas porque asumen ellos la respuesta?

Señores son reglas básicas de encuestas en Sociología, Demografía, y lo que guste. No podemos seguir así en Panamá. Cosas tan serias como recabar información personal de los ciudadanos de este país debe tomarse con la seriedad que el caso amerita. No voy a citar como se hacen estas encuestas en los países llamados desarrollados, pero si he de decir, que no es justo retroceder cuando lo que debemos es avanzar y no ha de extrañarnos que en la mayoría de los casos, las personas prefieran no dar información 100% veraz.

Orgullosamente yo he sido censada en 1970, 1980, 1990 y ahora en 2010, por lo tanto se de lo que le estoy hablando, por supuesto, por parte de los sufridos encuestados. Y aquí meto mi cuña. Sea usted de la etnia que sea, es panameño, y por lo tanto, tiene el mismo derecho a una vivienda digna, a una seguridad social y bienestar médico adecuado y al mismo trato por parte del Estado protector de sus nacionales.

Los que estructuraron este Censo experimentaron lo que se conoce como una “desviación del juicio” y la percepción personal que ellos tenía sobre el resultado que querían obtener del Censo, privó sobre una planificación seria con miras a hacer de Panamá un mejor país para todos lo que habitamos él, ya sea que tengamos de “tingo o de mandigo”.



La estadística es una ciencia según la cual todas las mentiras se tornan cuadros. Autor: Dino Segre Pitigrilli
on Saturday, May 8, 2010


Que les puedo decir, de todos los mercados el de las monedas es para mí uno de los más divertidos, probablemente porque no necesito estar 24/7 pegada a las noticias para seguir las tendencias, como sí tendría que hacerlo con las acciones si de verdad quisiera obtener pingues ganancias con ellas; aunque últimamente esto tampoco está siendo válido, sino revise el desastre que aconteció este pasado jueves en las bolsas del mundo.

El mercado de las monedas comenzó a interesarme a partir de la firma del Tratado de Maastrich, circunstancia que mi Padre y yo seguimos en detalle, ya que aunque la CEE prácticamente existía antes de que yo naciera, aquel 7 de febrero de 1992 indudablemente la historia del viejo mundo cambió para siempre.

Recuerdo que en 2006 era una “Pro-Compra-Euros” estaba convencida que era una buena técnica para diversificar la canasta de inversiones; sin embargo, hay quienes hoy día me reclaman pérdidas de las que Yo no soy culpable, sino el mercado. ¿Cuándo pensó usted que el Euro se iría a la bajeza de 1.2755 por dólar?

Pues bien, lo que la mayoría no parece comprender es que hoy en día no hay quien le ponga control a los mercados. Si usted no tiene una alta tolerancia al riesgo lo mejor es que ni juegue canicas en la Bolsa. Ya no es cuestión de que usted es un compulsivo seguidor financiero de las tendencias y no hay quien le cuente cuentos. Esos Gurus que casi adivinaban cómo se iba a comportar el mercado ya están “passé”; sino, alguien debería haberse dado cuenta de la crisis griega, con cifras amañadas o no. Lo cierto es que en todos los continentes se habla de regular el mercado y las finanzas pero no hay quien le ponga el cascabel al gato cuando los que se suponen regulan y realizan las operaciones financieras conviven secretamente entre dos frentes: el miedo y la codicia.

El Euro sigue siendo una de las monedas mejor respaldadas, 27 países componen la economía más grande del mundo según el FMI, que en el 2008 situó su PIB nominal en USD18,493,009 millones, por encima de los EEUU. No obstante, y creo firmemente que esto es así, la situación generada por el trastorno griego ha traído a la palestra mundial la verdadera realidad de casi todas las economías desarrolladas del mundo que es la falta de control del déficit público y, para algunos, esto hasta pone en duda la sostenibilidad de la Unión Europea a futuro.

Por si no se ha percatado Usted constituye una unidad financiera en este mundo de locos, puede que su debacle sólo le afecte a Usted y su familia, pero es interesante ver que si su déficit privado (o sea gasta más de lo que gana) se va por arriba de los porcentajes aceptados por su economía nacional, de seguro quedará marcado en las instituciones financieras como “mala paga” y acabará muriéndose de hambre y con aspecto de orate, ya que no podrá subsistir en un medio donde el dinero se necesita para comer.

Ahora bien, si es el Estado en que Usted reside el que comete ese errorcito, no se preocupe, porque él sabrá aplicar los ajustes necesarios y Usted tendrá recortes de su salarios, de sus pensiones y de sus bonos, le subirán los impuestos de valor agregado, le subirán los impuestos de consumo y lo perseguirán hasta el confín del mundo para que pague hasta el último centavo de impuestos; y así, el Estado cumplirá con los requerimientos que le imponen los organismos de financiamiento, para que le den platita y así poder tapar el hueco causado por su ineptitud al gestionar las finanzas públicas.

Si a esta altura del escrito les sueno “indignada” es porque efectivamente lo estoy. Cómo es posible que la Eurostat me diga ahora que no se dieron cuenta de que esta situación se estaba dando. No me digan que no es cierto que Portugal y España anden por el mismo camino, porque así es. No vayamos más lejos. Inglaterra, que no es parte de la Eurozona, se enfrenta este año a un aumento de su déficit público, que si se descuida, ronda las cifras de nuestra amiga Helénica y, en plena carrera electoral por ver quién se queda con el “flat” en Downing Street, ya están desarrollando estrategias para que su deuda no alcance porcentajes de hasta el 75% de su PIB en 2015.

¿Ustedes se imaginan un poco de países quebrados en mercados donde la venta de la deuda soberana sigue siendo el producto preferido de los inversionistas? Estoy por creerle a los que dicen que el Apocalipsis se inicia con la caída de los mercados financieros. Pero, calma Emy, que hasta en la indignación hay que tener criterio amplio.

No me queda más remedio que aceptar que el déficit público existe por razones buenas y malas. Hoy día los Estados se enfrentan a situaciones como el aumento de pagos por pensiones y prestaciones de empleo, ya que las personas siguen naciendo pero los recursos no necesariamente se multiplican a la misma velocidad y, el Estado debe proveer esto a sus nacionales. Por otro lado el lograr economías más fuertes y sanas implica efectivamente una aumento del gasto público y de los presupuestos de inversiones. No hay otra forma de desarrollar un país. El problema se genera, cuando la gestión administrativa de la Cosa Pública no toma en cuenta las fronteras que deben mantenerse, a fin de que ese déficit constituya un factor de crecimiento y no el responsable de la quiebra del país. Desde mi punto de vista, el problema no estriba en los Estados, sino en lo Gobiernos temporales que administran la Cosa Pública sólo para el presente de su período de gloria, sin preocuparse del futuro del Estado y de quienes lo habitan.

En el caso de la Eurozona, se supone que el Tratado de Maastrich estableció criterios para garantizar la estabilidad de la unión económica y monetaria como el control de la deuda que no debe superar el 60% y el déficit público que no debe ser mayor del 3% del PIB. Así mismo, la inflación no debe pasar de 1,5 puntos de la media de los tres países menos inflacionados y de que el tipo medio de interés nominal a largo plazo no supere en dos puntos el de los tres miembros con mejores ejecuciones. ¿Y entonces, por qué hoy día hay varios países de la Unión que no cumplen con varios de estos requisitos?


Todavía recuerdo la tarde de 1992 cuando mi Padre y Yo seguíamos con interés las votaciones del Tratado Maastrich y veíamos como los daneses rechazaban autoritariamente la pertenecía a la UE, mientras otros se adherían, como Francia, con un porcentaje estrecho por arriba del 50%. Mi Padre me miró con la sapiencia de quien acostumbra a analizar al humano común y me pregunto: ¿Oye Mili, y cómo crees tú que se van a poner de acuerdo cuando se tomen decisiones económicas o laborales que afecten a un país más que a otro. Crees que lo aceptarán los ciudadanos si no les gusta? Usualmente ni siquiera son capaces de ponerse de acuerdo dentro del propio país.

La pregunta ha vivido conmigo por muchos años y todavía hoy resuena clara en mi mente como en aquella tarde de 1992. Se supone que los Estados firman estos acuerdos, que deben tener seguridad jurídica, no importa cuántos Gobiernos pasen. Lo cierto es que el Tratado de Maastrich, en particular, siempre ha considerado el concepto de fuerza que pueden tener los “Parlamento Nacionales”; no obstante, pareciera ser que los Estados Nacionales todavía barren de la puerta de su casa hacia adentro y, no necesariamente lo que es un requisito firmado, se cumple en casa. Santi, seguro me diría: “te lo advertí”.

De hecho la reciente aprobación del Tratado de Lisboa que empezó a regir en diciembre de 2009, entre otras cosas, aumenta la función de los Parlamentos Nacionales ampliando el derecho a pronunciarse sobre los proyectos legislativos y a verificar que la UE no rebasa sus competencias tratando asuntos que sean competencia nacional o local. Y me pregunto Yo: ¿el déficit público de un miembro de la UE es un asunto nacional, local o acaso no tiene repercusiones en toda la eurozona? Como muestra un botón, la ayuda de rescate que se dio a Grecia recientemente requirió del sí de los parlamentos nacionales de los países que aportarían la ayuda y, de hecho, los nacionales de algunos de estos países criticaron agriamente el que se pagara con sus impuestos los errores de otros.

Que les digo el tema me apasiona. Lo que pasó este jueves en las bolsas mundiales no es otra cosa que la percepción de incertidumbre acerca de si otros países pueden también caer en este esquema, sean de la Eurozona o no. Y si esto fuera así, de dónde se sacaría el dinero para llevarlos a flote nuevamente. Los inversionistas mundiales están llenos de bonos del Tesoro y paquetes de inversión de deuda pública, por lo que el mercado mundial no es otra cosa que un gran manojo de miedosos con demasiadas ansias de dinero. Una persona me comentó hace poco que yo pensaba que los mercados eran algo así como un Casino y, efectivamente, creo que la pegó. Quien está en la ruleta con la apuesta completa en la mesa seguro está aterrorizado de que los dados no le den el número correcto; sin embargo, volverá a tirarlos porque la cantidad en juego es un tesoro que es impensable perder.

Así que dejen de culpar al pobre “trader” de Citigroup. La realidad es una. A la Unión Europea todavía le queda mucho por andar en términos de integración económica. El que exista una moneda única no es sinónimo de lo anterior. Creo que el diseño político de la Eurozona tiene serias desviaciones que deberán ser corregidas en el origen y no valerse de tantos parches, en la forma de acuerdos, para solventar situaciones que implican desequilibrios graves en las políticas presupuestarias y el control de las cuentas públicas de cada uno de sus miembros.

Por lo pronto, yo sigo respaldando al Euro, que quieren, es mi moneda consentida, sólo espero que el Viejo Mundo aprenda de su historia de siglos, meta en cintura a Alemania y aplique los correctivos necesarios en términos de disciplina y control de la Cosa Pùblica, para que el Euro no sucumba ante la inoperancia administrativa de los Gobiernos temporales, acabando con la posibilidad de probar que los humanos sí somos capaces de anteponer el bien común a los intereses particulares.



"Nadie ofrece tanto como el que no va a cumplir."
Francisco de Quevedo y Villegas, escritor español
on Sunday, May 2, 2010
Los elevadores son esos cajones metálicos que sirven para transportar personas o bienes verticalmente, entre diferentes alturas. Hasta hace unos años atrás los elevadores causaban a muchas personas efectos de claustrofobia y pánico. Se les hacía muy inseguro atravesar esas puertas amenazantes, capaces de cortarlo a uno en dos partes, si no era lo suficiente rápido para traspasar sus linderos antes de que las puertas cerraran y luego subir, subir y subir, rogando a todos los Santos que no se le ocurriera al aparato bajar aparatosamente y sin frenos.

Hoy en día hemos superado bastante esa fobia a las alturas ya que son tan bonitos, espaciosos, el aire circula de manera fluida y, algunos hasta nos dan los buenos días. Pero también es cierto, que con edificios más altos y mayor cantidad de personas por m2 en estas ciudades verticales, se nos hace mucho más agobiante el trasladarnos en estos transportes mecánicos en horas pico; sin embargo, el comportamiento de la mayoría de nosotros sigue siendo el mismo, sólo que ahora nos ayudamos de otros artilugios.

Piénselo: usted está a la espera del elevador que lo llevará a su oficina, puede ser muy temprano en la mañana o al regreso del almuerzo. Sus músculos se tensan ya que no es nada agradable estar de pie en ese gran lobby o, en un oscuro sótano de estacionamiento, rodeado de un montón de personas a las que generalmente conoce de vista y que definitivamente no le van ni le vienen. De repente una campanita avisa su llegada y las puertas se abren como el telón de un teatro contemporáneo.

Si tiene suerte sólo saldrán un par de personas, pero sino, una horda de individuos le saldrá al paso y, si es hora de entrada, seguro habrá otra horda de individuos tratando de tomar ese mismo elevador para no tener que esperar otros 3 interminables minutos. Si va a uno de los pisos bajos tratará de acomodarse hacia un lado, cerca de los botones y salir rápido, por supuesto, también para tener el control sobre el botón de la alarma, en caso de que tenga que utilizarla. Si va a los pisos más altos, tratará de acomodarse hacia una de las paredes laterales o de atrás, buscando el amparo de un lado sólido que le permita escaparse al contacto humano.

Lo más probable es que vaya codo con codo con los otros pasajeros, sintiendo sus respiraciones y, en algunas ocasiones, sus humores corporales. Puede que salude a un par con un lejano hola y si no cuenta con un “partner” de conversación, seguro su vista se dirigirá hacia la parte superior de la puerta donde verá pasar los números de los pisos hasta que tenga la buenaventura de llegar al que usted va, como si esto hiciera que el artilugio mecánico avanzara más rápido. En cuanto las puertas se abran en el piso al que usted se dirige, usted simplemente saldrá dejando atrás al resto de sus compañeros de viaje.

Este comportamiento siempre ha sido tema de estudio. Cuando en 1800 se instalaron los primeros elevadores en Nueva York, nadie pensó que estos se convertirían en una parte importante de nuestras vidas y, como todas las actividades humanas, generaría un comportamiento social.

Dario Maestripieri es un estudioso de los primates en la Universidad de Chicago  condujo un estudio en el cual metió dos monos en una misma jaula; estos trataron de evitarse y alejarse lo más posible uno de otro, miraban arriba o a un punto imaginario fuera de la jaula. Según Maestripieri, cuando nos topamos con desconocidos en espacios reducidos, tendemos a desviar la mirada, a tratar de alejarnos lo más posible y no hacer movimientos bruscos que puedan desatar una agresión. Esto es similar al comportamiento de los primates y tiene que ver con millones de años de evolución en el tema de la supervivencia. O sea, como quien dice, todos llevamos un macaco dentro.

El espacio que nos rodea es un tema de supervivencia para los humanos, algo que la mayoría de las personas ni sabe, y que se conoce como PROXEMIA, un término acuñado por Edward Hall, antropólogo americano, para describir cómo percibimos y utilizamos el espacio físico que nos rodea. Y volvemos al ejemplo del elevador. Cuando nos encontramos en un espacio reducido, atestado de personas, es seguro que entraremos en modo de defensa. Esto tiene su explicación en el hecho de que para cada uno de nosotros, existe un micro espacio que consideramos inviolable y al que sólo damos paso a personas muy cercanas.

Lo cierto es que nos guste o no, somos animales territoriales y como tales, utilizamos el espacio para satisfacer necesidades vitales de existencia. Si usted tiene entrenamiento como facilitador, sabrá que todos nos adueñamos de espacios temporales en los que nos sentimos cómodos e, inconscientemente, los demás lo perciben y usualmente los respetan. De hecho, si no lo hacen, tendremos una batalla campal. Esto es clásico en las vecindades.

En los seminarios los asistentes tiende a ocupar un asiento y a no cambiarlo durante toda la sesión. Por eso hoy día, las técnicas de interacción apuntan a cambiar a los participantes, varias veces durante la sesión, para que interactúen entre todos. Lo mismo pasa en los salones de reuniones, en los estacionamientos cuando no son asignados, o en nuestras propias casas. Aun en las parejas existe un espacio íntimo en el que debemos pedir permiso para entrar.

Esto es muy importante entenderlo a la hora de planear reuniones, de realizar remodelaciones de espacios y, sobretodo, a la hora de relacionarnos con el resto de las personas. Por ejemplo, ¿se ha preguntado usted por qué algunas personas reaccionan mal cuando usted las toca, empuja o se acerca demasiado sin conocerla mucho? La respuesta se relaciona con el espacio íntimo y la zona personal.

A ver, imagine su propia burbuja personal con varios círculos interiores y usted en el centro, cada uno de esos círculos representa un manejo que hace usted de su espacio. La teoría de la Proxemia los explica así:

Zona íntima (15-45cm): se reserva sólo para personas muy cercanas como pareja, padres, hijo o amigos muy cercanos. Existe también una zona sub-íntima (0-15cm) también denominada zona de contacto, donde la comunicación no se da sólo mediante la palabra, sino también mediante el tacto, el olor, la temperatura del cuerpo, etc. Nadie que no tenga su autorización, será bienvenido en esta zona.

Zona personal (46-122cm): A esta zona sólo tienen acceso aquellas personas a las que usted les haya dado el grado de confianza para entrar. Se mide por la extensión del brazo y tiene que ver con el dominio físico. Es la distancia que usualmente utilizamos en reuniones sociales y conversaciones con amigos.

c) Zona social (122-360cm): Se reserva para personas que el individuo conoce poco o que interactúa por razones puntuales como el plano profesional. Por ejemplo los escritorios VIP usualmente tienen esta amplitud.

d) Zona pública (más de 360cm): Se da en reuniones muy formales, cuando se dan discursos, se imparten clases o reuniones de negocios muy rígidas. Es la distancia que se mantiene ante extraños.

Es por eso que nos sentimos tan incómodos en los elevadores donde usualmente viajamos con personas poco conocidas o totalmente extrañas, y la distancia que podemos mantener, aunque sólo lo ocupen dos, traspasa totalmente las fronteras de nuestra zona personal de hasta 122 cts. Ahora visualice el elevador completamente copado y tomará conciencia que cualquiera puede estar haciendo contacto con alguna área de su físico, violando irremediablemente su zona sub-íntima, conflicto que generalmente controlamos porque sabemos que es una condición forzada que debemos aceptar como parte de la vida moderna.

La situación se vuelve caótica si por ejemplo al transporte vertical le da un beri beri y se para. Mientras los minutos pasan las personas se irán desesperando, no necesariamente por el pánico que producen los pensamientos de que el elevador se caiga, sino porque es una condición de supervivencia del ser humano, recobrar su espacio vital para evitar conflictos y agresiones. Por eso el hacinamiento en viviendas o cárceles produce conflictos que pueden llevar a actos de violencia inimaginables.

Pero hoy en día, la tecnología nos ayuda enormemente a manejar estos conflictos. Estamos hablando de los Ipod, celulares y Blackberries. Usted puede constatarlo y yo misma recurro a este truco diariamente. El ponernos simplemente a leer los mensajes nos permite mantenernos en nuestro micro espacio virtual sin tener que mirar a otros o preocuparnos si nos están mirando. Muchos de nosotros ya no necesitamos mirar al techo, a los numeritos o al piso. Simplemente nos refugiamos en la tecnología. Hay muchas historias recientes de personas que se han quedado en elevadores por horas y que pudieron pasarla más o menos controlados, simplemente viendo videos o comunicándose con sus seres queridos o los equipos de rescate mediante su celular. De algo sirve la tecnología.

Cuando usted maneja este tipo de conocimiento, que para muchos es una soberana tontería, las ventajas que obtiene en su interacción social y personal son amplias. Incluso en su vida íntima, es necesario que comprenda que aunque existan vínculos emocionales con las personas que dejamos atravesar estos espacios, siempre habrá situaciones en los que cada uno reservará un micro espacio íntimo, al que deberá solicitar permiso para entrar.

Dependiendo de la distancia que una persona guarde frente a usted en una simple conversación o reunión social, usted podrá entender cuál es el grado de confianza o aceptación que esa persona le está dando. Es muy importante tener en cuenta, que estas distancias pueden variar de acuerdo a las preferencias de las personas y, sobre todo a su cultura. Por ejemplo en los países latinos generalmente las distancias en lo personal y social son más estrechas que entre los anglosajones o algunas etnias europeas. Así mismo la cultura musulmana establece reglas de distancia mayores para los extranjeros, lo mismo que los asiáticos en relación a los géneros.

Interesante no. Así que la próxima vez que esté en una reunión social o en la oficina, póngalo en práctica. Observe las distancias que las diferentes personas utilizan con usted y pronto aprenderá a percibir con quienes tiene que trabajar más sus relaciones, dependiendo de lo que quiere lograr: una amistad o un buen negocio. También reconocerá quienes no tienen ni la menor idea de lo que es respetar el espacio de otros y se ahorrará un sinnúmero de conflictos. Créame la ventaja comparativa que esto le da es asombrosa.

¡Ah! y si alguien le gusta pero no puede descifrarlo del todo, no dude en medir hasta dónde le deja traspasar su zona personal, créame ese es un indicio inequívoco de que le gusta o no. Ojo, no estoy hablando de los 0 a .15 cms. sino de los.15 a los 0.46 cms. No camine antes de gatear.

Y para los elevadores tiene dos opciones: encienda su blackberry y olvídese del mundo o saque el macaco que tiene dentro y muestre sus dientes a quien ose violar su zona íntima, pero recuerde, son gajes de la vida moderna y de nada vale llevarse una rabia, cuando en el próximo viaje en elevador, se enfrente a la misma situación.

 
Hay un espacio muy grande entre saber y entender y otro más grande aún entre entender y aceptar - ANÓNIMO
on Tuesday, April 13, 2010

Hace unas semanas atrás miraba un programa por un canal de tv española y me topo con una de las curiosidades más “curiosas”, valga la redundancia, que jamás se me hubiera ocurrido que existiera.

Resulta que un grupo de personas, llámese pordioseros, piedreros, limosneros, vagos, avivátos o, increíblemente brillantes, se sientan en las calles de alguna ciudad española y piden limosna para vivir sin trabajar. Con sendos carteles promueven su “negocio” bajo el esquema de que no son mentirosos y que quien les da su “calderilla”, como en España se le conoce al sencillo o monedas, se las da porque creen que es mucho mejor decir la verdad, que ponerse una venda y fingir que son ciegos, sordos o tullidos.

¿Puede usted creerlo?

Aunque usted no lo crea como acuñó Ripley, consiguen lo suficiente para vivir, quizás más cómodamente que un trabajador con salario mínimo, por supuesto, sin el desgaste y estrés que nos puede producir la jornada laboral diaria a los que hemos sido un poco menos brillantes que ellos.

A mí esto me parece el colmo de la desvergüenza, cara dura y poco importa, pero, todavía me parece mucho más increíble que la gente se convenza de que darles, aunque sea dos reales, bajo el esquema de que resulta divertido, de que es brillante porque a mí nunca se me habría ocurrido o, quizás, por lo poco común que resulta la idea, es válido.

Bien el concepto de limosna ha estado presente en nuestra historia de la mano de las religiones principalmente. También existía lo que se conocía como “limosna legal” que estaba enmarcado dentro del concepto de Diezmo, y que era algo así como un impuesto social o subvención para el agro. La limosna es algo que siempre ha hecho sentir bien al ser humano, es quizás, una forma fácil y rápida de borrar las culpas, si es que eso es posible.

Pero, me pregunto Yo: y dónde quedó aquello de “dale un pez a un hombre y comerá un día, pero si lo enseñas a pescar, comerá toda la vida.”

Bueno, ni idea, pero lo cierto es que piense un momento en los famosos “bien cuidao” que en Panamá todavía pululan en los atascados estacionamientos de las entidades gubernamentales recaudadoras y tramitadoras y que hasta hace unos años atrás cobraban 0.25 centavos, pero como la gasolina subió ahora cobran de 0.75 pa' rriba. Si trabajan un promedio de 6 horas diarias y atienden unos 60 carros al día, las cuatro semanas del mes, es muy probable que se haga más de $225. Tomemos en cuenta que el salario mínimo en Panamá era de $268 más o menos, hasta que se dio el histórico incremento de US$89 en enero pasado. ¡Increíble no!

Pero la cosa no acaba aquí. En el mismo reportaje muestran a un caballero que se ha creado una web para pedir plata porque no quiere trabajar, y, lo peor, es que le ha ido tan bien que hasta una casa carro se compró y bautizó con el mismo nombre de su web: ciberlimosna.com

El caballero se escuda bajo la explicación de que "Pido dinero para mí, lo digo bien claro, y no me disfrazo de ONG como lo hacen otros….” Habrase visto cosa igual. Por curiosidad entré a la página y resulta que tienes que donar antes de que puedas accesar al contenido. Por supuesto yo no iba a darle ni un solo céntimo, así que opté por cerrar la página y ¿cuál fue mi sorpresa al ver un recuadro que aparecía:

O sea, encima soy una rata.  !A ver, exijo una explicación¡

Por supuesto hago este escrito con una sonrisa congelada que declara mi estupor ante semejante desparpajo ingenioso mientras mis neuronas, en estado anonadado, continúan trabajando en la búsqueda de una respuesta lógica que me expliqué por qué las personas, alrededor del mundo, contribuyen con una causa tan poco ética como “la vagancia”.

Pues no sé si esta será la respuesta, pero es la única que se me ocurre y tiene que ver con los famosos atajos heurísticos o desviaciones del juicio. En este mundo tan falto de causas que en realidad promuevan resultados justos y veraces, donde las personas están cansadas de donar para supuestas reivindicaciones sociales que terminan siendo simples pagos de salarios para elucubradores de Shangri La ficticios; tienden a hacerse eco de aquellos que dicen la verdad, no importa si la ética de la actuación no está presente.

Por lo pronto voy a estudiar concienzudamente la posibilidad de tomar un “part-time” de fin de semana en algún mall con clientes cautivos, a ver si puedo ganarme un dinerito extra. Por supuesto, yo si tendré que maquillarme mucho porque imagen de limosnera no tengo, a ver si consigo convencer a mis coterráneos de que es justo que me paguen por vivir en la vagancia, siempre que lo diga abiertamente.


Lo que hay que oir por no ser sordo y lo que hay que ver por no ser ciego - Emy.
on Thursday, April 8, 2010

En estas últimas semanas mucho he escuchado la frase “uno debe siempre saber escoger las batallas que quiere pelear”; el problema de esto radica en que generalmente uno no busca involucrarse en semejante tipo de situación desgastante, pero, con frecuencia, las herencias de los actos de otros o, la propia necesidad de conseguir logros, no nos deja alternativas. Claro, también está el asunto de que si tienes a Marte pasando por tu signo, pero esa, es otra historia.

La estrategia militar ha sido siempre de obligado estudio en muchas disciplinas, una de ellas, los negocios. Más que el estudio de la batalla y los resultados, lo que se busca es entender las tácticas empleadas para alcanzar la victoria. Créalo o no, es una de las fuentes de conocimiento más extensas e interesantes para entender la naturaleza humana.

Piénselo: ¿en qué se parece un campo de batalla a un proyecto de negocios?




¿Cómo le quedó el ojo?

Bueno, pero la idea no es que usted se vista de armadura y empuñe su arco y flecha cada día que sale para la oficina. Eso no es vida y usted no tiene porque aguantarse semejante entorno vipéreo; pero, he de reconocer que en algunas etapas de la vida profesional, se abren demasiados frentes a la vez y no queda más que sacar su libreta de tácticas y disponerse a cruzar el campo minado. Usualmente estas situaciones se relacionan con una de las características más violentas y catastróficas para las organizaciones: la mediocridad.

José Ingenieros define la mediocridad como “ser eco y no voz”; otros, como estancarse entre la falda y la cima de la montaña; la Real Academia lo define como “de media calidad”; pero, creo que el mejor ejemplo conceptual sobre la mediocridad nos lo da la Parábola de los Talentos:

(Extracto)………Pero cuando se presentó el que había recibido un talento, dijo: “Señor, yo te conozco que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Y como tuve miedo, fui y escondí tu talento en la tierra. Aquí tienes lo que es tuyo.”
Su señor respondió y le dijo: “¡Siervo malo y perezoso! ¿Sabías que cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí? Por lo tanto, debías haber entregado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, habría recibido lo que es mío con los intereses. Por tanto, quitadle el talento y dadlo al que tiene diez talentos.

Es claro que el nivel de educación y competencias de los siervos de la Parábola distan mucho de los niveles de los profesionales de hoy; sin embargo, algunas modernas oficinas están plagadas de títulos colgados en las paredes, que sólo representan papeles autenticados que corroboran el paso del individuo por las aulas universitarias, en algún momento de su existencia, pero que no pueden dar fe de su grado de competencia actual para enfrentar los retos de un ambiente de negocios en constante cambio, plagado de estratagemas y tácticas de la golosa competencia por hacerse de un pedazo más grande del pastel llamado “mercado”.

Lo que la mayoría de las personas no han comprendido sobre las competencias profesionales es que su desarrollo nunca se detiene sino que es un proceso continuo, es por esto, que se puede haber pasado por una Universidad y adquirido conocimientos, pero eso no implica necesariamente que se tenga la competencia técnica para obtener el resultado en una tarea especializada. Esto es así porque la diferencia básica entre conocimiento y competencia lo da la experiencia; no hay forma de ser competente en algo si no se tiene el dominio real de la tarea y esto sólo se logra haciéndola una y otra vez.

Pero… no sólo de experiencia vive el profesional. Hay otros aspectos que interactúan para lograr estas competencias y son: las aptitudes requeridas ya que si no se tienen la competencia nunca se logrará y la constante actualización del conocimiento del entorno que hoy día es tremendamente dinámico y en constante transformación. Recuerde que usted puede estar realizando la misma tarea durante muchos años y considerarse un experto, más, sin embargo, producir resultados mediocres ya que si no se actualiza el valor agregado en términos de mejoramiento e innovación, es sencillamente nulo.

Y esta es la razón por la que hoy día nos encontramos con una cantidad de siervos que se niegan a entender que se quedaron atrás y en vez de corregir la situación, simple y sencillamente se empeñan en mantener su nicho de poder funcional utilizando estratagemas de desprestigio y de manipulación de información contra aquellos que podrían convertirse en sus competidores, sin comprender, que con estas actitudes no dejan espacio para negociaciones e, irremediablemente, desencadenan los frentes de batalla de los que huyen rápidamente, ya que no tienen capacidad de lucha “cognitiva” y sólo funcionan con emboscadas.    Esta creo que es la lección que he aprendido de uno de mis caudillos favoritos, Aníbal Bárcidas, general y estadista cartaginés, considerado por muchos como uno de los más grandes estrategas militares de todos los tiempos.

La historia de Aníbal es más que interesante. La mayoría lo recuerda por su hazaña de cruzar los Alpes con sus elefantes de guerra para llegar al Norte de Italia y sorprender a Roma. Ahora bien, en esta travesía se dice que Aníbal perdió casi 20,000 hombres y de sus elefantes de guerra se cuenta que sólo quedó uno, en el que bajó montado impresionando a los pueblos locales.

Arriesgado el Fenicio ¿no?  Cuentan que aprendió de Sosilos, el espartano, las letras griegas y la historia de Alejandro Magno y su arte de guerra, quizás de allí su afición a los elefantes. Lo cierto es que así aprendió el razonamiento de los griegos llamado “metis” (en griego antiguo Μῆτις Mễtis, literalmente ‘consejo’, ‘truco’) que se apoya en la inteligencia y la astucia. Por eso concluyó que no debía llevar la guerra al mar donde tenía clara desventaja y prefirió llevarla al centro del territorio romano, por un paso que no vigilaban ya que consideraban imposible de cruzar; además, eran claras sus intenciones de hacerse de aliados a los pueblos enemigos de Roma que encontraría a su paso.

Aníbal combatió a los romanos por más de una década en su propio territorio, librando batallas como las de Trebia, Trasimeno y Cannas donde los romanos perdieron a pesar de tener un mayor número de hombres, gracias a sus tácticas y emboscadas, aprovechándose de la impaciencia de los generales romanos por lograr una victoria antes de concluir su mandato. Aníbal conocía muy bien las instituciones romanas, sus fortalezas y debilidades, por lo tanto, cada una de sus batallas era precedida de un estudio profundo de las posibilidades junto con sus colaboradores. Así mismo arengaba a sus hombres con discursos llenos de motivación y era siempre coherente entre lo que decía y sus acciones. Tomemos en cuenta que esto era toda una proeza dado que su ejército estaba conformado por varias etnias y lenguas. Sus éxitos militares daban por resultado la adhesión de más pueblos a su causa y los romanos no supieron, en su momento, valorar el riesgo que representaba el potencial de su liderazgo.

Cuando venció en Cannas Aníbal se voló a casi el 30% del Senado, tenía Roma a sus pies; sin embargo, decidió no marchar contra la ciudad desaprovechando la oportunidad que muchos historiadores han marcado como el principio de su fin. Esto es interesantísimo, sobretodo porque indica un claro exceso de confianza en que podría vencer de todas formas en un futuro, alejando de sí la oportunidad de someter totalmente a su enemigo. Según él lo sabía todo sobre la guerra y no había nada nuevo, que pudiera truncar su camino a la victoria.  Su ego estaba sumamente inflado al ver como cada día sus huestes aumentaban, gracias a la influecia de un liderazgo mal entendido, ya que lo que sus aliados verdaderamente valoraban era su supuesta capacidad para guiarlos a la victoria contra Roma y no la admiración por su persona. 

Fue entonces cuando los romanos aprendieron de sus propios errores, definieron sus objetivos más en el plano político e ideológico y optaron por no enfrentarlo en grandes batallas, simplemente huían para asediarlo después con escaramuzas. Una guerra de desgaste en la que la paciencia de sus tropas y aliados empezó a decaer y su imagen de invencible se hizo añicos. Siguió ganando algunas batallas pero ninguna le aseguró la derrota de Roma.

Utilizando sus propias tácticas Escipión, el Africano, trasladó la guerra a Cartago y Aníbal tuvo que poner pies en polvorosa y volver a defender su propia tierra. Fue vencido en Zama utilizando a sus antiguos aliados y a sus propios elefantes. Cuenta la historia que los romanos hicieron sonar sus cuernos tan fuertes, que los elefantes se asustaron aplastando en su huida a gran parte del ejército cartaginés.

Aníbal se vio obligado a firmar un tratado de paz con Roma y posteriormente se dedicó a la vida política; sin embargo, su error de no haber tomado Roma le pasó la cuenta cuando los oligarcas lo dejaron fuera de su propia tierra. Libró algunas otras batallas como consejero al servicio de las Prusias. El gran Aníbal terminó suicidándose para evitar ser entregado a los romanos, que nunca olvidaron las vergüenzas que los hizo pasar.

Pues si, mi admirado Aníbal terminó siendo un mediocre, simple y sencillamente porque no supo adaptarse a los tiempos de paz, era un guerrero no un administrador, incapaz de funcionar en los medios políticos. Particularmente pienso que su decisión de no tomar Roma fue más dada por su necesidad de seguir luchando, ya que no sabría que hacer cuando la lucha hubiera terminado. Aníbal prefirió barrer su incompetencia como administrador bajo la alfombra y esperar que el futuro le diera otra oportunidad…….. que nunca llegó.

La lección es clara, los mediocres existen cuando las organizaciones acostumbran a sus ejecutivos y colaboradores a ocultar los conflictos, esperando que así se olviden y desaparezcan. Pero, lo cierto es, que esto nunca sucede, el conflicto irremediablemente reaparecerá, porque nunca fue resuelto, perjudicando a la organización a la hora de obtener resultados.

En el medio profesional, los mediocres, que usualmente no están conscientes de que lo son, se escudan detrás de una personalidad tranquila, de años de trabajo esforzado, incapaces de generar un conflicto y excelentes negociadores, bendecidos por un aura de probada honestidad y listos para ser canonizados por su moralidad a prueba de toda aciaga tentación. Pero son grises, son personas que critican sólo aquello que les afecta, que son incapaces de entender que pueden aprender de otras personas, que generan conflictos al vivir en una constante “rutina defensiva”, que sabiamente traspasan a aquellos que son proactivos y que no temen enfrentarse a éstos para resolverlos.

Un colaborador que sabe cómo se debe hacer una tarea, que cuenta con probada capacidad para llevarla a cabo y, que además la pone en práctica, desarrolla y conforma lo que conocemos como: Competencia. Esto es tan definido y reconocible que no debería ser problema para los demás aceptar que el individuo realice el proceso sin que se genere una batalla; pero, la posible pérdida del poder funcional genera una ansiedad tal en los mediocres, que al igual que Aníbal, sin capacidad de negociar los espacios y objetivos políticos, provocan el Armagedón escudándose en tácticas dilatorias, desprestigiando a sus oponentes y disfrazando estas en esfuerzos negociadores y nuevos proyectos con visos de genialidad, que no son otra cosa que acciones destinadas a ocultar su falta de competencias.

El profesional que se ve enfrentado a esta situación generalmente iniciará asertivamente tratando de cooperar con otros y sacrificando su capacidad de logro en aras de una solución negociada. Pero esto con los mediocres generalmente no funciona y, seguramente, después de meses de frustración se verá abocado a decidir si “avanza sobre Roma o no”, decisión que es sumamente difícil, porque sabe que además de hacerse con la victoria, deberá someter al contrario para terminar con el conflicto, lo que para un profesional serio siempre resulta emocionalmente desagradable.

Es muy importante entender que la ausencia de conflictos en las organizaciones, puede provocar la inercia ya que si no se batalla en el campo del conocimiento se limita la generación de posibilidades, se impide la apertura a nuevos procesos y a formas diferentes de realizar las tareas, lo que provoca que disminuya la eficiencia y la posibilidad de innovar y avanzar a niveles financieros más estables. Así mismo, la presencia excesiva de batallas por el poder funcional produce una dispersión de esfuerzos, no existe la colaboración y, el intercambio fluido de la información que, usualmente resulta vital para el logro de resultados, es errático y se convierte en un arma de ataque solapado.  Si la cultura organizacional no ayuda a que los conflictos se resuelvan de manera negociada y asertiva, a la larga se generará un ambiente de “laissez faire laissez passer”, profundamente nocivo para la generación de competencias en el personal y la obtención de resultados.

Generalmente prefiero siempre evitar las batallas porque creo firmemente que la forma más segura de avanzar en un entorno cambiante, es entender las diferencias y convertirlas en ventajas para todo un equipo de trabajo; pero, cuando lamentablemente me convenzo de que esto ya no es posible, siempre recuerdo la frase de Tito Livio sobre Aníbal: “los dioses son caprichosos y no han concedido a un mismo hombre todos sus dones, Aníbal sabía vencer, pero no sabía aprovecharse de la victoria”.  Quizás así evite que algún día mi epitafio sea como el de su tumba: “Aquí se esconde Aníbal”.


“Si conoces a los demás y te conoces a ti mismo, ni en cien batallas correrás peligro; si no conoces a los demás, pero te conoces a ti mismo, perderás una batalla y ganarás otra; si no conoces a los demás ni te conoces a ti mismo, correrás peligro en cada batalla”. (Sun Tzu – El Arte de la Guerra)
on Saturday, February 20, 2010

Mucho se habla acerca de la caída del dólar y de la posibilidad de que otras monedas puedan reemplazarlo como principal referencia de cambio en el comercio internacional, tal como le sucedió a la Libra Esterlina en 1931 cuando se elimino el patrón oro; pero, francamente, a mi no me parece que esto vaya a suceder en el futuro inmediato. Ahora bien, puede que el tiro me salga por la culata porque, como lo he mencionado anteriormente, no soy una experta en el tema; las finanzas para mi son más un hobby del conocimiento que una práctica profesional diaria, lo que indudablemente me permite darme el lujo de ser poco ortodoxa a la hora de hacer mis apreciaciones sobre las finanzas mundiales.

El dólar es hoy la moneda de referencia en la economía mundial gracias al papel que jugó los Estados Unidos en la II Guerra Mundial. Al concluir esta, la mayoría de los países involucrados debieron reconstruir sus industrias incluyendo a Francia, Inglaterra y Rusia; media Europa le debía a América y sus actuaciones bélicas en la contienda con Japón le habían ganado la percepción mundial de ser el esquema político y económico más confiable, disciplinado y justo del momento. Por lo tanto, no debe sorprendernos que al reunirse los principales líderes mundiales en Brenton Woods en el ´44, se adoptara el sistema internacional de cambio fijo, lo que automáticamente estableció al dólar como la moneda de referencia, siendo que en aquel momento USA contaba con la mayor reserva de oro y el 50% de toda la capacidad de manufactura mundial. Este esquema se mantuvo hasta 1971 cuando la inflación y el déficit comercial obligaron a los Estados Unidos a abandonar el cambio fijo del dólar permitiéndole fluctuar contra el resto de las monedas.

Mucho antes de esto existía lo que se conoce como Mercantilismo una serie de pensamientos político-económicos que establecían que el poder de un Estado se medía por la riqueza acumulada, que se origina durante los años de las colonias en América. De ahí nace la obsesión por las reservas de oro y plata que han sido la base de los sistemas monetarios de nuestro mundo, como el Parón Oro, y por la propagación del concepto de que la sanidad económica dependía siempre de un excedente comercial positivo y de altas tasas de interés, para generar inversiones dentro del país.

Pero… mucho antes que esto existió el Imperio Romano. Ya se, ya se, han de estar diciendo y ¿hasta dónde se remontó esta loca? Pues bien, me encanta la historia sobre la caída del Imperio Romano no por todas las tonteras que se escriben acerca de las orgías o locuras de los emperadores que llevaron a la debacle al Imperio, sino a la rica historia económica del mismo, usualmente desdeñada en los libros de historia, para dar paso a ricuras literarias mucho más apetecidas por los lectores.

Son muchas las causas que se aducen fueron responsables por la caída del Imperio, pero muchos, como el economista Ludwig von Mises, dan prioridad a la idea de que la ruina de Roma se debió a una crisis económica, social y política, generada por la fuerte inflación y medidas de intervencionismo del Estado Romano. Por supuesto, las constantes guerras civiles entre generales por convertirse emperadores y la llegada de los primeros bárbaros y luego los cristianos, coronaron el esfuerzo.

El Imperio Romano fue fundado en realidad por Octavio Augusto, sucesor de Julio César. Luego de un período intenso de cimentación, Octavio creó la denominada “Pax Romana”, una época de paz y prosperidad económica donde los satélites occidentales del imperio estarían unidos por una moneda, un idioma y una cultura. Pero esta época de paz trajo como consecuencia que las clases militares no pudieran lucrarse del negocio de esclavos, una de las bases de la economía Romana. Cuando se dieron cuenta de la falta de ingresos en el período de los Severos, se les ocurrió la brillante idea de de emitir moneda con menor cantidad de metal precioso, con lo que causaron una crisis monetaria al devaluar la moneda y, muchos años después, dado que todas las provincias romanas tenían la misma moneda, se dio una incontenible inflación, causando un aumento de los impuesto sobre los granos. Esto dio por resultado que muchos campesinos se arruinaran y emigraran a las grandes ciudades, causando hacinamiento y la aparición de epidemias y aumento de los robos y asesinatos. ¿Les parece conocido esto?

Luego le tocó el turno a Diocleciano que para resolver la crisis monetaria estableció el oro como patrón en lugar de la alicaída plata. Pero también tomó medidas intervencionistas como prohibir a los campesinos abandonar sus tierras y fijó los precios de las mercancías, llevando a Roma al totalitarismo. Posterior a esto vino la caída de la parte occidental del Imperio, que muchos dan por llamar la caída del Imperio Romano, que aprovecharon los bárbaros como Atila y los Visigodos. Pero la realidad fue que el Imperio Oriental sobrevivió al mando de Constantino, pero básicamente como un terreno feudal, que había retornado a la economía del trueque. Las grandes ciudades ahora eran sólo villas, aisladas del poder central, ya que el ejército romano era ineficaz para protegerlas y las comunicaciones sufrían, ya que no había dinero para reparar los caminos.

Como vemos las constantes guerras entre los señores feudales por controlar el poder, generaron en crisis económicas y viceversa. Roma Oriental ya no era otra cosa que una serie de poblados con gente descontenta, llena de insatisfacción que se rebelaba constantemente ante las injusticias del emperador. Luego el cristianismo se alzó con el poder y acabo por destruir lo que quedada del Glorioso Imperio.

Si analizamos la evolución de la historia económica y política entre los países que se desarrollaron bajo el paraguas del Mercantilismo y luego el Patrón Oro, encontraremos muchas similitudes con la historia de Roma. De hecho, muchos países abandonaron el patrón oro durante la primera Guerra Mundial, cuando se vieron obligados a imprimir más moneda para hacer frente a los pagos por sus gastos bélicos.

Hoy día la monedas fluctúan, se supone que libremente aunque todos conocemos, pero no necesariamente entendemos a cabalidad, los manejos de los bancos centrales y los gobiernos para manipular los cambios. Lo cierto es que en el caso del dólar, muchas veces le ha convenido estar a la baja, ya que las industrias americanas venden más, al ser sus productos más baratos para otros países. Muchos países se han beneficiado de las épocas de bonanza en sus monedas, por lo tanto, veo muy improbable que los que abogan por que se retorne al disciplinado Patrón Oro, logren su propósito.

Desde mi punto de vista los Estados Unidos aún no han perdido del todo su título de regidor político-económico del mundo; de hecho, muchos creían que el Euro sería el verdugo implacable del dólar, pero los últimos acontecimientos con la deuda de Grecia desalientan mucho esta idea. Y es que yo no me trago el cuento de que una sola moneda, en un territorio compartido por varios estados soberanos, pueda sobrevivir demasiado tiempo. Los intereses internos de cada país siguen pesando mucho, como el de los campesinos romanos, si me afectan a mi me mando a cambiar de sistema.

Desde hace unos 20 años atrás, el dólar comparte su liderazgo en el Forex con monedas como el Yen, la Libra Esterlina, el Franco Francés, el Dólar Australiano y otras, aunque sigue conservando un indisputado 80% de las transacciones totales.

Por lo tanto concluyo que el dólar sólo desaparecería si a los Estados Unidos le pasa algo parecido al Imperio Romano, lo cual espero que sea improbable por el momento, ya que trastocaría de forma impensable el orden mundial. Pero lo que si puede suceder, es que el resto de las monedas vaya adquiriendo mayor prominencia en las transacciones comerciales, lo cual dependerá en gran medida de la capacidad de estos países para generar inversiones directas en sus países, ya que contrario a lo que muchos piensan, yo soy una convencida de que el respaldo a la moneda lo dan mas las inversiones que se generan en el país, que las reservas o el poder político que pueda tenerse. Por lo tanto, quédese tranquilo que hay dólar para rato, aunque siga a la baja.

Cuando repaso la historia Romana, plétora de guerras, intolerancia, tiranos y medidas económicas paliativas de urgencia, etc., no puedo más que compararla con nuestra propia era, plagada de injusticia económica, conflictos religiosos y regionales y bárbaros que creen que aún es posible hacerse de riqueza a expensas de negocios oscuros y producto de la corrupción de los gobiernos y las empresas. Por eso espero que los gobernantes y gurus de Wall Street quizás lleguen a comprender lo que nunca entendieron los Emperadores Romanos: que la caída de cualquier imperio político y económico es casi segura si insisten en destruir lo más importante de un país: las esperanzas, sueños y anhelos de la gente que lo habita.

 
Las palabras son la moneda que corrientemente se acepta en lugar de las ideas, como las monedas se aceptan en función de los valores.  Francis Bacon

on Saturday, January 23, 2010

Hemos hablado con anterioridad de la importancia que tiene el saber trabajar con el conocimiento, propio y de terceros; no hay manera de conseguir metas específicas, si no se es capaz de alienar estratégicamente a todo ese “collage” de personalidades, caracteres y niveles de saber, que generalmente conforman los equipos de trabajo. Por supuesto, estamos hablando de la “cognición”.


El término proviene del latín “cognitio” que significa "conocer" y es la acción y resultado de obtener conocimiento a través de las facultades mentales. Se refiere a cómo los individuos representan el mundo que los rodea, como reciben la información y cómo la procesan, para después, actuar de acuerdo a ella. Lo interesante de este concepto es que puede analizarse desde diferentes ángulos, incluyendo el cultural y social, ya que es el vehículo que permite el desarrollo del conocimiento dentro de cualquier grupo, que dará por resultado la correlación del pensamiento y las acciones.


Pero, y ¿cómo funciona? Bueno, lo último que quiero es darles todo un curso de habilidades cognitivas, para eso están los seminarios, las universidades y, por supuesto, lo libros de autogestión; lo que verdaderamente me interesa, es que tomen conciencia de que el conocimiento global de estos procesos, puede mejorar enormemente su capacidad de gestionar su carrera.


Hay dos tipos de procesos cognitivos:


1. Básicos: que corresponden a la recepción de estímulos y la respuesta a estos. Entre los principales tenemos la observación, sensación, percepción, atención y concentración y la memoria. Por ejemplo: recibir instrucciones y procesarlas implica la utilización de estos procesos básicos.


2. Complejos: que trabajan con el conocimiento ya procesado y recobrado de la memoria a largo plazo, y que se fundamentan en el pensamiento, el lenguaje y la inteligencia. Por ejemplo: la capacidad de crear e innovar, la toma de decisiones y la solución de problemas son potestad de estos procesos.


En cada una de nuestras especialidades se nos nutre de conceptos relacionados con las teorías de comunicación, toma de decisiones y solución de problemas, que contienen una gran cantidad de información en relación a estos procesos. Todos sabemos lo que es un receptor y un transmisor en una conversación, pero pocos entendemos qué otros elementos enlazados con las capacidades mentales entran en juego y que dan por resultado un comportamiento “x”, que en cada persona es diferente.


Esto es así porque generalmente utilizamos los procesos básicos y complejos a la vez y es necesario entender que estos interactúan con las emociones de cada individuo, para dar paso a un comportamiento que deberá integrarse al sistema social en que se origina. Los procesos básicos dan como resultado el almacenamiento de la información en la memoria a largo plazo, que será utilizada posteriormente por los procesos complejos como el pensamiento y la inteligencia.


Suponga que tiene un colaborador que le ha rendido muy bien en los últimos meses y está pensando en darle otras responsabilidades relacionadas con la búsqueda de información y su presentación. Usted tiene la seguridad de que aceptará el reto con la mejor de las disposiciones y le pide que le investigue las cifras de IPC para un período determinado y que se lo entregue en un período corto de tiempo. Se trata de una asistente con un poco más de dos años de graduada que recién empieza su carrera universitaria.


Qué pasa por la mente del colaborador y cómo aplica el pensamiento para resolver esta instrucción trabaja diferente para cada persona. También dependerá de lo bueno que sea usted al captar la atención y comunicar eficazmente lo que desea que el colaborador realice. Veamos el gráfico que he preparado.




Una vez que el colaborador escucha la instrucción su cognición arranca con los procesos básicos, que a su vez, generan toda una serie de reacciones físicas y emocionales que interactúan de forma positiva o negativa en el proceso. Es un hecho que el supervisor ha omitido datos importantes como una posible fuente, si es el IPC general o de una industria en particular, pero recordemos, que esto es parte de la prueba que el supervisor está realizando.


Al leer la instrucción vemos que el supervisor ha introducido un elemento de presión y es entregar el trabajo terminado ese mismo día a las 3.00 p.m. Dependiendo del sistema de creencias del colaborador, que no es otra cosa que cogniciones evaluativas o percepciones del mundo que nos rodean y que pueden ser rígidas cuando toman la forma de los “debos” y “absolutos”, y flexibles cuando permiten que la persona saque conclusiones y no trabaje sobre los “nunca” o “siempre”; la conducta y respuestas físicas y emocionales permitirán la solución del problema o la bloquearan totalmente.


En el ejemplo anterior vemos que el colaborador se interna en pensamientos un poco derrotistas generados por la amenaza que percibe de no tener el conocimiento anterior para realizar la tarea; pero, aunque por un momento se interna en la posibilidad del “no podré”, la flexibilidad priva en su análisis y se propone la posibilidad de pedir ayuda, lo que permite entonces a su mente, iniciar los procesos más complejos del pensamiento.






Si tiene muy desarrollado el sentido de la asertividad se acercará a su supervisor para que le de los datos que le faltan o, preferirá consultar con otros compañeros sobre la forma de obtener la información. El sólo hecho de recurrir a la ayuda implica que se ha razonado positivamente y el colaborar cuenta con una estrategia que le permitirá obtener la información que necesita para realizar la tarea, estará consciente de los pasos que son necesarios para la solución del problema y el resultado posiblemente será un pensamiento 100% productivo. Eso es precisamente lo que se conoce como Meta cognición.


Lo cierto es que la mente es un sistema complejo de funciones y procesos y cada persona los utiliza de manera particular. Lo importante es que usted comprenda, a partir de este ejemplo, que a medida que usted vaya conociendo la forma en que sus colaboradores procesan la información y como la entregan, estará en capacidad de lograr más de ellos y de usted mismo.


Usted debe entender quiénes en su equipo son pensadores espontáneos y quiénes sistemáticos. La diferencia en términos de la obtención de resultados es apreciable. El espontáneo piensa al azar y no tiene una intención definida, por lo tanto los resultados que producen no pueden ser replicados ni generalizados sin ninguna proyección. Muy por el contrario, el sistemático realiza un desarrollo consciente y planeado de su pensamiento, con la intención de conseguir un resultado definido de antemano, con capacidad de ser replicado y utilizado en un sinnúmero de casos parecidos, con la seguridad de que el mismo podrá ser controlado y medido para realizar los ajustes que sean necesarios.


En el caso de que el sistema de creencias del colaborador hubiera sido rígido, es muy probable que no hubiera pasado a la etapa compleja, dejando que el tiempo pasara sin entregar el trabajo. A usted como supervisor no le hubiera quedado otro camino que conversar con él para entender qué dificultades tuvo y amonestarlo por no entregar el trabajo, pero no habría podido cambiar el resultado.


Y es aquí donde radica la clave de entender como funcionan los procesos cognitivos y de hacer un esfuerzo por conocer un poco la personalidad de cada uno de sus colaboradores. Usted no puede controlar a la gente, eso es imposible. El famoso dicho de que “cada cabeza es un mundo” es una realidad total. Por eso un líder cognitivo comprende que lo que puede controlar son las operaciones de una empresa, que por supuesto son llevadas a cabo por las personas que trabajan con ellas. Entender cómo funcionan sus mentes no es sinónimo de controlarlos o manipularlos, eso no sirve para absolutamente nada; lo verdaderamente importante es tener la capacidad de levantar un inventario serio de las competencias de los miembros de su equipo y equilibrarlas con las suyas en la búsqueda del resultado planeado.


Pero antes que entender a los demás, usted deberá analizarse a sí mismo y establecer a qué nivel ha desarrollado usted esa capacidad cognitiva de entender su propios procesos mentales y su forma de aplicarlos a fin de que usted pueda ser la guía que ellos necesitan para descubrir sus distorsiones o falencias, a fin de superarlas y mejorarlas.


Un vaquero no podrá conducir las reses a través de la pradera si no conoce de antemano sus comportamientos, preferencias y necesidades; por supuesto, las vacas tienen cerebros límbicos, dirigir humanos es definitivamente otra historia.



Todo aquello que logran o dejan de lograr en su vida, es el resultado directo de sus pensamientos.

James Allen, poeta y escritor inglés.
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