Mucho se habla acerca de la caída del dólar y de la posibilidad de que otras monedas puedan reemplazarlo como principal referencia de cambio en el comercio internacional, tal como le sucedió a la Libra Esterlina en 1931 cuando se elimino el patrón oro; pero, francamente, a mi no me parece que esto vaya a suceder en el futuro inmediato. Ahora bien, puede que el tiro me salga por la culata porque, como lo he mencionado anteriormente, no soy una experta en el tema; las finanzas para mi son más un hobby del conocimiento que una práctica profesional diaria, lo que indudablemente me permite darme el lujo de ser poco ortodoxa a la hora de hacer mis apreciaciones sobre las finanzas mundiales.
El dólar es hoy la moneda de referencia en la economía mundial gracias al papel que jugó los Estados Unidos en la II Guerra Mundial. Al concluir esta, la mayoría de los países involucrados debieron reconstruir sus industrias incluyendo a Francia, Inglaterra y Rusia; media Europa le debía a América y sus actuaciones bélicas en la contienda con Japón le habían ganado la percepción mundial de ser el esquema político y económico más confiable, disciplinado y justo del momento. Por lo tanto, no debe sorprendernos que al reunirse los principales líderes mundiales en Brenton Woods en el ´44, se adoptara el sistema internacional de cambio fijo, lo que automáticamente estableció al dólar como la moneda de referencia, siendo que en aquel momento USA contaba con la mayor reserva de oro y el 50% de toda la capacidad de manufactura mundial. Este esquema se mantuvo hasta 1971 cuando la inflación y el déficit comercial obligaron a los Estados Unidos a abandonar el cambio fijo del dólar permitiéndole fluctuar contra el resto de las monedas.
Mucho antes de esto existía lo que se conoce como Mercantilismo una serie de pensamientos político-económicos que establecían que el poder de un Estado se medía por la riqueza acumulada, que se origina durante los años de las colonias en América. De ahí nace la obsesión por las reservas de oro y plata que han sido la base de los sistemas monetarios de nuestro mundo, como el Parón Oro, y por la propagación del concepto de que la sanidad económica dependía siempre de un excedente comercial positivo y de altas tasas de interés, para generar inversiones dentro del país.
Pero… mucho antes que esto existió el Imperio Romano. Ya se, ya se, han de estar diciendo y ¿hasta dónde se remontó esta loca? Pues bien, me encanta la historia sobre la caída del Imperio Romano no por todas las tonteras que se escriben acerca de las orgías o locuras de los emperadores que llevaron a la debacle al Imperio, sino a la rica historia económica del mismo, usualmente desdeñada en los libros de historia, para dar paso a ricuras literarias mucho más apetecidas por los lectores.
Son muchas las causas que se aducen fueron responsables por la caída del Imperio, pero muchos, como el economista Ludwig von Mises, dan prioridad a la idea de que la ruina de Roma se debió a una crisis económica, social y política, generada por la fuerte inflación y medidas de intervencionismo del Estado Romano. Por supuesto, las constantes guerras civiles entre generales por convertirse emperadores y la llegada de los primeros bárbaros y luego los cristianos, coronaron el esfuerzo.
El Imperio Romano fue fundado en realidad por Octavio Augusto, sucesor de Julio César. Luego de un período intenso de cimentación, Octavio creó la denominada “Pax Romana”, una época de paz y prosperidad económica donde los satélites occidentales del imperio estarían unidos por una moneda, un idioma y una cultura. Pero esta época de paz trajo como consecuencia que las clases militares no pudieran lucrarse del negocio de esclavos, una de las bases de la economía Romana. Cuando se dieron cuenta de la falta de ingresos en el período de los Severos, se les ocurrió la brillante idea de de emitir moneda con menor cantidad de metal precioso, con lo que causaron una crisis monetaria al devaluar la moneda y, muchos años después, dado que todas las provincias romanas tenían la misma moneda, se dio una incontenible inflación, causando un aumento de los impuesto sobre los granos. Esto dio por resultado que muchos campesinos se arruinaran y emigraran a las grandes ciudades, causando hacinamiento y la aparición de epidemias y aumento de los robos y asesinatos. ¿Les parece conocido esto?
Luego le tocó el turno a Diocleciano que para resolver la crisis monetaria estableció el oro como patrón en lugar de la alicaída plata. Pero también tomó medidas intervencionistas como prohibir a los campesinos abandonar sus tierras y fijó los precios de las mercancías, llevando a Roma al totalitarismo. Posterior a esto vino la caída de la parte occidental del Imperio, que muchos dan por llamar la caída del Imperio Romano, que aprovecharon los bárbaros como Atila y los Visigodos. Pero la realidad fue que el Imperio Oriental sobrevivió al mando de Constantino, pero básicamente como un terreno feudal, que había retornado a la economía del trueque. Las grandes ciudades ahora eran sólo villas, aisladas del poder central, ya que el ejército romano era ineficaz para protegerlas y las comunicaciones sufrían, ya que no había dinero para reparar los caminos.
Como vemos las constantes guerras entre los señores feudales por controlar el poder, generaron en crisis económicas y viceversa. Roma Oriental ya no era otra cosa que una serie de poblados con gente descontenta, llena de insatisfacción que se rebelaba constantemente ante las injusticias del emperador. Luego el cristianismo se alzó con el poder y acabo por destruir lo que quedada del Glorioso Imperio.
Si analizamos la evolución de la historia económica y política entre los países que se desarrollaron bajo el paraguas del Mercantilismo y luego el Patrón Oro, encontraremos muchas similitudes con la historia de Roma. De hecho, muchos países abandonaron el patrón oro durante la primera Guerra Mundial, cuando se vieron obligados a imprimir más moneda para hacer frente a los pagos por sus gastos bélicos.
Hoy día la monedas fluctúan, se supone que libremente aunque todos conocemos, pero no necesariamente entendemos a cabalidad, los manejos de los bancos centrales y los gobiernos para manipular los cambios. Lo cierto es que en el caso del dólar, muchas veces le ha convenido estar a la baja, ya que las industrias americanas venden más, al ser sus productos más baratos para otros países. Muchos países se han beneficiado de las épocas de bonanza en sus monedas, por lo tanto, veo muy improbable que los que abogan por que se retorne al disciplinado Patrón Oro, logren su propósito.
Desde mi punto de vista los Estados Unidos aún no han perdido del todo su título de regidor político-económico del mundo; de hecho, muchos creían que el Euro sería el verdugo implacable del dólar, pero los últimos acontecimientos con la deuda de Grecia desalientan mucho esta idea. Y es que yo no me trago el cuento de que una sola moneda, en un territorio compartido por varios estados soberanos, pueda sobrevivir demasiado tiempo. Los intereses internos de cada país siguen pesando mucho, como el de los campesinos romanos, si me afectan a mi me mando a cambiar de sistema.
Desde hace unos 20 años atrás, el dólar comparte su liderazgo en el Forex con monedas como el Yen, la Libra Esterlina, el Franco Francés, el Dólar Australiano y otras, aunque sigue conservando un indisputado 80% de las transacciones totales.
Por lo tanto concluyo que el dólar sólo desaparecería si a los Estados Unidos le pasa algo parecido al Imperio Romano, lo cual espero que sea improbable por el momento, ya que trastocaría de forma impensable el orden mundial. Pero lo que si puede suceder, es que el resto de las monedas vaya adquiriendo mayor prominencia en las transacciones comerciales, lo cual dependerá en gran medida de la capacidad de estos países para generar inversiones directas en sus países, ya que contrario a lo que muchos piensan, yo soy una convencida de que el respaldo a la moneda lo dan mas las inversiones que se generan en el país, que las reservas o el poder político que pueda tenerse. Por lo tanto, quédese tranquilo que hay dólar para rato, aunque siga a la baja.
Cuando repaso la historia Romana, plétora de guerras, intolerancia, tiranos y medidas económicas paliativas de urgencia, etc., no puedo más que compararla con nuestra propia era, plagada de injusticia económica, conflictos religiosos y regionales y bárbaros que creen que aún es posible hacerse de riqueza a expensas de negocios oscuros y producto de la corrupción de los gobiernos y las empresas. Por eso espero que los gobernantes y gurus de Wall Street quizás lleguen a comprender lo que nunca entendieron los Emperadores Romanos: que la caída de cualquier imperio político y económico es casi segura si insisten en destruir lo más importante de un país: las esperanzas, sueños y anhelos de la gente que lo habita.
Las palabras son la moneda que corrientemente se acepta en lugar de las ideas, como las monedas se aceptan en función de los valores. Francis Bacon

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