ECONOMIA Y FINANZAS GLOBALES 13 -14 ESTABILIZADOS EN EL CAOS

on Tuesday, December 3, 2013

 

Y ya se acaba el 2013 y de seguro que habrán extrañado mis peculiares análisis semestrales sobre finanzas económicas, pero lo cierto es que no había nada nuevo que decir, simple y sencillamente porque nos hemos acostumbrado a reaccionar como un gigantesco “Bear Market”, donde las buenas noticias no establecen tendencias y  sólo reaccionamos ajustándonos ante las malas nuevas tal como lo explica, con una prosa más ordenada, Soros en “The Alchemy of Finances”.   ¡Increíble no!

Pues sí, no en balde dicen que a todo se acostumbra el ser humano, pero lo cierto es que mucho más allá de los mercados de acciones, las bolsas internacionales o las constantes y desequilibradas decisiones de presupuestos, déficit fiscales o hasta años electoreros; pareciera ser que la velocidad y el alcance de los cambios ya no es posible predecirlos o siquiera atisbarlos.  Estos nos golpean obligándonos a tomar acciones evasivas de emergencia para luego quedar a la deriva de los subsiguientes ajustes económicos como el alza de la canasta básica,  el aumento en los intereses del crédito, el ascenso de por vida del barril del crudo, y tantas otras osadías financieras y económicas como la política monetaria y las prebendas de los grandes capitales regionales.

En otras palabras hemos aprendido a columpiarnos en el trapecio  del CAOS como un artista circense que se juega la vida, o un simple hueso roto, dependiendo de la altura y la protección que elija.  ¿Y de qué exactamente estoy hablando?

Por mucho tiempo el humano promedio percibió tanto al sistema económico como al financiero como estructuras ordenadas, donde todos tenían claras las reglas del juego y donde las altas y bajas que se daban eran meras circunstancias provocadas por agentes externos a estos sistemas.  Era impensable suponer que correspondían a una consecuencia propia de las acciones ejecutadas dentro de los mismos.  

Desde mi punto de vista no fue sino hasta la famosa crisis de las Subprime en 2008 que realizamos que un evento de la magnitud del CRASH de 1939 podría volverse a dar. Hasta entonces habíamos visualizado el quehacer económico y financiero como eventos bastante predecibles, cuyas variaciones eran fácilmente identificadas y, de alguna manera, contrarrestadas.  Lo único preocupante para la mayoría de nosotros se llamaba “petróleo”, y por alguna extraña razón, lo considerábamos como un ente “emancipado” de ambos sistemas a pesar de que sus variaciones afectaban a ambos.

Pero las pesadumbres y desventuras de los NINJA y sus créditos “subprime” nos arrancaron violentamente de nuestro tranquilo entorno para enfrentarnos, no al simple aleteo de una mariposa y su efecto, sino a una imparable bandada de “cisnes negros” cuyos inesperados efectos han dado al traste con esa sensación de “cuasi” seguridad que la mayoría de los humanos promedio, y aún muchos inversores, considerábamos real.

Y así hemos sido testigos de los abruptos aumentos de las materias primas, el desorden especulativo que llevó al precio del barril de petróleo a casi 150 dólares en el 2008; a las altas y bajas de los principales “commodities” como el cobre o el acero; a la casi desaparición del Euro y la comunidad Europea; a las guerras comerciales y de divisas, incluyendo  la pérdida del valor adquisitivo del dólar; al increíble desastre de la economía Española y sus entidades bancarias; a las crisis accionarias de Asia y, por último, al desastre Griego y Chipriota. Y antes de esto indudablemente el ataque terrorista a las torres gemelas, la crisis del sudeste asiático en el `97 y el folclórico “corralito argentino”.

A pesar de que cada una de estas crisis ha afectado mayormente a los países desarrollados, es un hecho que han tenido efectos negativos también en los llamados países emergentes.  De hecho, no podemos decir que ninguna de las crisis mencionadas anteriormente haya llegado a su fin. Por el contrario, a pesar de las nuevas legislaciones en materia financiera y de la toma de conciencia de los gobiernos mundiales acerca de sus causas, los comportamientos negativos que las generaron siguen siendo imitados por muchos países en desarrollo que han encontrado en ellas la manera de crear ventajas que antes no tenían. Y hablo específicamente del déficit fiscal y el sobreendeudamiento, el aumento desmesurado del consumo interno por facilidades excesivas de crédito y su fatal resultado: el debilitamiento de la clase media y la mediana empresa, bloqueando la creación de mayor cantidad de empleos.

Si bien alguna vez concebimos estos sistemas como imperturbables, no tengo idea del por qué ya que ninguno de estos sistemas tienen en realidad un control central; lo que parece haber sucedido es que una serie de eventos de alto impacto han golpeado sus núcleos centrales de forma tan frecuente, que los mismos no han tenido tiempo de volver a su punto de equilibrio y, por lo tanto, han aprendido a manejarse al borde del caos y, por ende, nosotros también.

De hecho es esta quizás la razón por la cual todos se quejan de lo lenta que ha sido la supuesta recuperación económica, que desde mi punto de vista no existe como tal.  De lo que se trata es de alcanzar nuevamente ese punto de equilibrio en los sistemas, mediante el ajuste de los parámetros críticos que son los que hacen que el comportamiento del sistema varíe al antojo de los llamados “agentes constituyentes”,  cuyo comportamiento es totalmente impredecible.

Si en este momento usted se siente como un bolillo de lana dejado en un rincón por un gatito juguetón, créame que lo entiendo perfectamente.  En esta ocasión mi análisis obedece a la Teoría de los “Black Swan” que el Prof. Nassim N. Taleb publicó en 2007.

Tomemos por ejemplo el caso de la Zona Euro.  Todos conocemos el descalabro que ocasionó no sólo la caída del valor del Euro y su casi desaparición, sino también las repetidas amenazas de quiebra estatal por parte de varias naciones europeas, fantasma que aún pesa sobre muchas de ellas.  Veamos a la CEE como un sistema cuyos agentes constituyentes son cada una de las naciones que la conforman.  Se suponía que existía un control central con reglas del juego claras,  pero ya hemos visto como cada estado impuso sus necesidades internas primero, ejecutando acciones de forma individual e impredecible, que acabaron minando de forma irremediable la estabilidad del sistema. O sea, las pequeñas perturbaciones que causaban cada uno de estos países, amplificaron su efecto causando perturbaciones mayores en toda la zona.

Hasta el día de hoy,  la Euro Zona continúa buscando mecanismos que permitan confinar los comportamientos individuales de los estados  dentro de una zona determinada de acciones,  resultando en pequeñas recuperaciones después de cada evento.  Esta autorregulación ha dado por resultado cierta adaptabilidad y resistencia al sistema.  Sin embargo, ciertos factores críticos siguen huérfanos de ajustes reales, como lo es “el grado de autonomía en la región” cuyo ajuste principal es un sistema de penalidades y recompensas que lo único que logra, desde mi punto de vista, es continuar abocando al sistema a la incertidumbre de seguir al borde del caos.

Cuando analiza el factor del grado de autonomía de los agentes constituyentes se dará cuenta que está presente en cualquiera de las crisis mencionadas anteriormente. Esto es muy simple, en todas ellas el agente constituyente principal es el ser humano y ya sabemos que su cualidad de “impredecible” es más que célebre, por lo tanto, la complejidad de los sistemas aumenta en la medida en que cada agente opta por obtener una ventaja para sí mismo en menoscabo del sistema como un todo.  Se llama “naturaleza humana”.

Ahora esto no quiere decir que el punto de equilibrio no pueda lograrse, sin embargo, éste dependerá en gran medida de la efectividad de los ajustes, que en el caso de los seres humanos tiene que ver en gran medida con limitar su “libre albedrío”, algo difícil de armonizar.  Y así tenemos a la OCDE y sus reglamentaciones sobre competencia, innovación y crecimiento; a Basilea II y III esperanzada en controlar los descalabros bancarios, al IRS y su triunfo sobre el secreto bancario, a la Troika financiera europea y sus desvaríos y, en fin, a un sinnúmero de intentos más para poner en orden el caos.

Sin embargo éste tímido orden que se logra no llega en su justa medida al humano promedio que lucha diariamente por mantener su calidad de vida, en un entorno caótico, lleno de limitantes y acéfalo de oportunidades.  Por eso para muchos de nosotros aun viviendo en paises emergentes donde todo parece ser parte de las buenas nuevas navideñas, no sentimos que haya ocurrido ningún avance.

Lo único que tengo claro en este momento es que hay tres tendencias que son claves para entender hacia donde se dirige el tren de nuestra calidad de vida en este 2014 y que se repiten como piezas de un rompecabezas en todas las regiones del mundo globalizado:









Lo cierto es que para el 2014 es de esperar que el crecimiento en todas las regiones de alguna manera se fortalezca, pero el mismo continuará siendo muy lento.  Para retornar al equilibrio que el sistema necesita para alejarse un poco más del caos, hay que realizar ajustes importantes en relación a los principales riesgos que aún siguen latentes:

  •         Altos niveles de deuda tanto en el sector privado como público
  •     Consecuencias que podrían tener a mediano plazo la relajación de las políticas monetarias
  •          Los desbalances sectoriales que distorsionan los mercados de capitales


También nos quedan unos cuantos cisnes negros por conocer, relacionados con los recientes desarrollos en el mundo árabe. Recordemos que la estabilidad de la región es fundamental para mantener a la baja los precios de la energía y evitar nuevos aumentos de costos en la cadena alimenticia.

Por lo tanto he de concluir que la tendencia principal hacia el ’14 es continuar “estabilizados en el caos”, en la esperanza de que la naturaleza humana haga valer su perspectiva de ponderar el “bien común”, pero eso indudablemente no lo sabemos.  No obstante, haciendo  uso una vez más de mi poco ortodoxa analítica, se me ocurre convocar al Oráculo, a ver si nos da un atisbo del futuro económico financiero para el ´14.

Dejando de un lado el siglo, que sigue siendo el mismo para todos los años, recurro a los Pitagóricos para determinar un número por año que me permita consultar una carta del Tarot.  Qué barbaridad, semejante invento esotérico, veamos.

Si sumamos 1 + 3 para el 2013, nos da “4”, número que corresponde a la cuarta carta del Tarot, El Emperador, cuyo simbolismo representa el poder material, que es temporal.  De alguna manera nos habla de la estabilidad que se ha conseguido sobre la base de bienes materiales.  Según los Pitagóricos representa la dualidad, es el primer número cuadrado, armoniza la justicia y otorga capacidad de evaluación y planificación.

Como ya hemos visto el 2013 se ha caracterizado por consolidar el reordenamiento de las legislaciones y por “cuadrar”  lo más posible los resultados de la acciones en favor de la recuperación económica. 

No vamos tan mal.  Ahora, si sumamos 1 + 4 tendremos “5” que corresponde a la quinta carta del Tarot, El Papa o Sumo Sacerdote y su simbolismo corresponde al sometimiento al poder y la voluntad divina, el respeto al orden, la transmisión de las leyes universales al mundo. Es la unión de la dualidad y en el plano material otorga la capacidad de percibir el orden en el desorden aparente.

Qué más quieren señores, según el Oráculo si bien es cierto que no arreglaremos todos nuestros problemas, es muy probable que al menos se den los pasos necesarios para realizar esos ajustes estructurales que nos permitan alejarnos lo más posible del borde del caos y enfilarnos un poco más hacia la consecución del “bien común”.


Según el filósofo Ly Tin Wheedle, el caos se encuentra en mayor abundancia cuando se busca el orden. El caos siempre derrota al orden porque está mejor organizado. Terry Pratchett

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