LOS NIÑOS DEL LLULLAILLACO

on Sunday, September 6, 2009

Hace ya unos días que disfruté de otro gran programa en Nat Geo “Los Niños Momia del Llullaillaco”. Es impresionante observar como un grupo de científicos escudriña con sus herramientas, que parecen sacadas de un libro de ciencia ficción, las últimas horas de vida de estos tres niños Incas, llevados a un muerte temprana para agradar a sus dioses, que fueron descubiertos en 1999 en la provincia argentina de Salta.
Es un hecho que la búsqueda del conocimiento en sus diferentes formas, sigue siendo la motivación principal del ser humano. Que los cuerpos de tres niños que vivieron hace ya 500 años vuelvan a nosotros, extremadamente bien preservados, nos da la oportunidad de mirar con nuestros propios ojos, a seres como nosotros de los que ya no quedan casi huellas palpables en nuestra época y aprender un poco más de nuestra naturaleza humana.

Me pregunto yo, una civilización que disfrutó de conocimientos astronómicos y matemáticos, que aún hoy nosotros tratamos de corroborar, tenía tanto temor a los simples dioses de la naturaleza, que era capaces de sacrificar niños, de una forma tan cruel, simple y sencillamente para contar con su gracia.

Es algo que me choca enormemente porque el conocimiento del que disfrutaban no parecía ser consistente con sus actuaciones. Pero todos sabemos, que en aquellos días, el conocimiento era totalmente elitista. Sólo los sacerdotes y allegados a la corte del Gobernante Inca, disfrutaban de él en forma real. Ese mismo conocimiento era utilizado para mantener a raya al resto de la población; el miedo fue siempre un mecanismo poderoso para gobernar en las antiguas civilizaciones. Probablemente por eso, los padres entregaban a sus hijos en la firme creencia que estos se convertirían en dioses mediante estos sacrificios y, de paso, harían un gran bien a la comunidad.

Los resultados de las pruebas realizadas por los científicos concuerdan de manera impresionante con los relatos de los archivos de Indias, donde los españoles describen muchos de estos ritos. Cada huella en la piel, los ojos o el cabello de los niños hablan de los ritos a los que fueron sometidos durante esas últimas horas, lo que me deja perpleja ante el concepto de la vida y la muerte que aquellas civilizaciones manejaban. Hoy, la Doncella, la Niña del Rayo y el Niño me llevan a meditar si el conocimiento del que hoy disfrutamos nos hace diferentes o mejores que los antiguos Incas.

Es cierto que cada uno de nosotros tiene a su disposición una gama amplia de herramientas y medios para hacerse del conocimiento necesario para labrarse un futuro; es más, eso incluye también ese conocimiento general que nos llega del pasado, así como los nuevos descubrimientos que nos permiten atisbar el futuro; sin embargo, debemos reconocer que nuestra sociedad de hoy, llamada del Conocimiento, es quizás más violenta que la de los propios Incas, así como menos solidaria y, si me lo preguntan, el ser humano promedio de hoy domina tan poco conocimiento acerca del mundo que lo rodea, que probablemente sea relativamente comparable al Inca promedio de aquellos tiempos. Y si no, pregúntele a un estudiante secundario ¿qué motivó la Segunda Guerra Mundial? y me atrevo a asegurarle, que muy pocos podrán contestarle aduciendo: “esa no es mi especialidad”.

Algunas culturas siguen utilizando el conocimiento como ventaja, al mantener a sus masas a raya bajo conceptos religiosos y culturales que los aíslan del resto del mundo. También en muchas organizaciones de todo tipo, sigue privando la máxima de que es mejor no compartir lo que se sabe, porque así nadie puede quitarme mi puesto; pero cada día comprobamos, que los medios de transferir el conocimiento se multiplican geométricamente neutralizando efectivamente los intentos que aún existen por evitarlo.

Si hay algo que ha probado la historia de estos tres niños es que el conocimiento sobrevive a las épocas, a las civilizaciones y a las catástrofes, para recordarnos, una vez más, que podemos tener el conocimiento pero sólo si sabemos utilizarlo apropiadamente, seremos capaces de sobrevivir como Sociedad sin terminar destruidos como los Incas.

Nuestro conocimiento está constituido por el pensamiento y la experiencia acumulados de innumerables mentes.
Emerson

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