SUICIDIOS EN FOXCONN Y EL FUTURO LABORAL CHINO

on Tuesday, June 22, 2010
Hace unas semanas atrás leía acerca de los suicidios que se daban en Foxconn, empresa taiwanesa ubicada al sur de china, que se dedica a la fabricación de partes para varias marcas de celulares incluyendo el IPhone de Apple. Aunque la empresa tiene alrededor de 800 mil empleados, en la planta del IPhone se concentran unos 300 mil y, hasta ahora, el número de suicidios asciende a unos 10, sin tomar en cuenta los que no murieron y resultaron heridos.

Pero si cree que este es el único caso está equivocado. En 2008 se dieron unos 24 suicidios en la francesa Telecom. En el caso de unos 4 se comprobó que les habían avisado de su despido, pero en el resto, se aduce que fueron más que nada causas personales o trastornos mentales. Ahora bien 24 suicidios en 18 meses me parece exagerado aún para una empresa con 100,000 empleados.

Mucho se ha especulado acerca del por qué de los suicidios en Foxconn y la mayoría apunta a las malas condiciones de trabajo y bajísimos sueldos 900 yuanes, unos $132 dólares por mes..Esto es muy común en China, no en balde es una de las “mano de obra” más baratas a nivel mundial. De hecho, a raíz de estos acontecimientos la empresa optó por aumentar un 30% los sueldos.  Algunos hasta han especulado que muchos siguieron la línea para que sus familias aprovecharan la jugosa indemnización que se daba por estas muertes.  


Pero esto en no es algo nuevo, China cobija al 20% de la población mundial y allí se origina el 25% del total de suicidios en el mundo; de estos, el 56% corresponde a mujeres, la tasa más alta a nivel mundial. El suicidio es la 5ª causal de muerte en el país y la primera entre el rango de jóvenes de 16 a 34 años. El rasgo de estos suicidas jóvenes es el mismo, provienen de zonas pobres de China que llegan a una ciudad relativamente próspera en la cual encuentran que sus esperanzas de progresar resultan estar cada vez más lejos.

En la cultura oriental el suicidio existe como parte de su historia, cuyas raíces se extienden a su cultura religiosa a sus valores de nación. No existen prohibición social o religiosa para esto. De hecho, quitarse la vida se considera una forma de expresión muy válida de protesta. Este comportamiento es legendario y se ha dado en muchas regiones del mundo en donde se han asentado comunidades de chinos y, de hecho, esto me recuerda uno de los episodios más bizarros de la historia panameña: los suicidios de chinos en Matachin.

Pocos conocen la importancia que tuvo el ferrocarril transítmico en Panamá, porque siempre se piensa más en el Canal; pero el ferrocarril vio la vida 50 años antes del Canal y su efecto en el comercio y el transporte de estadunidenses hacia el oeste de los Estados Unidos fue lo que puso a Panamá en el conocimiento mundial de aquella época, y una de las principales causas para que el Canal se construyera aquí y no en Nicaragua.

La construcción del ferrocarril inicia en 1850 de la mano de William Aspinwall y su empresa Pacific Mail Steamships. El y sus socios recaudaron la friolera de un millón de dólares mediante la venta de acciones de la nueva empresa, la famosa “Panamá Railroad Company” que se activaba en la bolsa de New York. Me impresiona lo exitosa que fue esta compañía que llegó a pagar dividendos de US$295 en aquellos tiempos. ¡Ni Microsoft!

Lo cierto es que el clima de Panamá nunca fue de mucha ayuda para ninguna obra, incluyendo el ferrocarril y a pesar de contar con una buen cantidad de trabajadores Irlanda, aunque también de Alemania, Austria, Francia e Inglaterra, la empresa se vio obligada a buscar trabajadores en China, y es así, como en 1854, procedentes de Cantón, llegaron unos 750 chinos a trabajar en el ferrocarril.

Según la antropóloga Cohen al poco tiempo de su llegada comenzaron a enfermarse y a sufrir de depresión severa, que muchos aducen fue producto de la prohibición de la compañía de consumir opio. Lo cierto es que su estado enfermo no les permitía trabajar y según publicaciones de los diarios de aquella época, se dice que las condiciones de trabajo eran inhumanas, eran insultados con frecuencia y ellos optaban por quitarse la vida.

Lo cierto es que en unos 5 meses 125 chinos se habían quitado la vida colgándose de los arboles con su propia cola de pelo y otros 300 ahogándose, matándose con machetes o dejando de comer. La empresa aterrada decidió eliminar a los chinos de sus planillas canjeándolos por trabajadores jamaiquinos. La misma Cohen cuenta que los que fueron llevados a Jamaica acabaron su vida en la indigencia en refugios de Kingston y St. Catherine. ¡Qué triste!

Si lo ocurrido en este episodio fue o no la forma de “protesta silenciosa” ancestral de los chinos, no lo sé, pero es un hecho cierto que los orientales y los occidentales tienen una forma muy diferente de afrontar las crisis de la vida y esto, tienen sus raíces en la concepción religiosa.

Para la mayoría de los occidentales, cuya tradición religiosa proviene del cristianismo romano, el suicidio es un atentado contra lo más preciado que Dios nos ha regalado, la vida, y esto hace que tomemos esta decisión en circunstancias muy particulares de nuestra vida o, cuando sufrimos de severos trastornos mentales. A los occidentales se nos señala cuando cometemos este tipo de actos y de hecho, para la mayoría de los creyentes implica un pecado tan abominable, que pone incluso en peligro la posibilidad de la “vida eterna”. O sea, somos castigados por ello.

En cambio para las orientales significa una salida honrosa a situaciones específicas, como el famoso “Harakiri japonés”. En estos países el suicidio no es señalado, ni castigado. Se entiende el proceder de la persona como un acto de responsabilidad, de protesta o de honor. Si esto es correcto o no, a mi no toca juzgarlo, pero me sirve para entender el por qué hoy en día se siguen dando casos como el de Foxconn. No sé si pueda tomarse como un cliché, pero es un hecho que la cosmovisión de las culturas es algo que pasa de generación en generación.

Los suicidios en Foxconn ya no se dan más, quizás las acciones tomadas por la empresa para mejorar las condiciones de trabajo surtieron su efecto. De hecho, el propio Gobierno chino ha solicitado a la mayoría de sus empresas que revisen su infraestructura de recursos humanos, quejándose de los malos tratos que dan las multinacionales a los empleados chinos; sin embargo, generalmente se trata de empresa subsidiarias con parte de Capital chino, dirigidas por capataces chinos.

Los sucesos en Foxconn han tenido un giro inesperado, han desatado una serie de huelgas en las fábricas chinas, como las que se dan en Toyota y Honda, donde sus empleados reclaman mejores salarios y condiciones. Recordemos que la tradición es que los hijos generalmente reemplazan a los padres en sus trabajos y, los chinos de hoy, no son iletrados ni son culíes que ahogaban sus penas en el opio, tal cual lo hicieron cuando el imperio de Macao llegó a su fin.

Por supuesto, analizando debajo del tapete como me gusta hacerlo, esto tiene una connotación muy especial. Significa que las situaciones sociales y de trabajo están cambiando forzadamente en China. Ya hemos visto como el gigante ha tenido que tomar medidas para frenar un crecimiento, que si nos descuidamos, deja a medio mundo sin recursos. Hemos visto como a través de los años, la calidad de los productos chinos ha mejorado forzados por las normas internacionales y, ahora, probablemente veremos como el precio de sus productos sube. Que la mano de obra signifique el 5% del costo de producción en nuestro mundo actual, es sinceramente inverosímil.

Créalo o no la forma en que se crece económicamente en el mundo está cambiando y, es muy probable que  las predicciones que se hayan hecho acerca de los “Bric” deban sufrir cambios, asi que por si acaso, siga la tendencia de este gigante no vaya a ser que sus inversiones en capitales emergentes sufra la epidemia actual de los mercados:  la impredecibilidad a medio plazo.



El Ingeniero Jefe de los trabajos, George M. Totten, hace una patética descripción del suicidio de los chinos " aunque viviera más que Matusalén, nunca olvidaré la escena que mis ojos encontraron esa mañana. Más de un centenar de chinos colgaban de los árboles, sus anchos pantalones moviéndose al soplo de una ardiente brisa. Algunos se habían ahorcado con pedazos de soga y gruesos bejucos. La mayoría, sin embargo, usó su propio cabello, dando vueltas a sus largas trenzas, y amarrando sus extremos a la rama de un árbol”.

Tomado de: Matachin y el suicidio de los Chinos de Alonso Roy.

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