Con los cambios e innovaciones observados en el pasado siglo la economía mundial casi puede compararse a un estresante juego de Póker con múltiples apuestas en los 5 continentes, ases bajo la manga, manipulación de información y suculentas ganancias en detrimento de aquellos con manos mediocres. Recordemos que el objetivo principal del juego es ganar el gran bote conformado por las apuestas de todos los jugadores, armando la mejor mano con una combinación de 5 cartas.
La suerte se ha convertido en un factor clave ya que un leve cambio en alguno de los factores de producción o comercio conlleva un número indeterminado de reacciones para las que hay que echar mano del autocontrol a fin de cometer la menor cantidad de errores posibles, ya sea apostando demasiado para ganar dinero rápido o, acobardándose con el clásico “fold”, abstraído por el terror a perder “dinero”.
Lo cierto es que cada continente de alguna manera ha realizado sus apuestas de cara a su propia evolución económica, social y cultural y, algunos más que otros, han logrado aproximarse al gran bote, aunque aún no logran llevárselo completo. Uno de ellos: China.
Hoy día es la segunda economía del mundo destronando con cargas de pirotecnia a su archinémesis histórico Japón. Ha obtenido un aumento sostenido de su PIB de cerca del 10% durante la última década; así mismo es el segundo mayor importador de bienes y responsable actual de los picos y faldas en los precios de los principales “commodities”; no en balde, cada vez que pasa algo en los mercados como consecuencia de la crisis en la zona euro, todo el mundo implosiona en la búsqueda de estadísticas del Imperio del Sol, a ver si por casualidad ya se apalancó.
Estos resultados alcanzados durante estos últimos 30 años han levantado toda una serie de agudezas y asombros, como si fuera algo no esperado o totalmente respaldado por el factor suerte, algo con lo que no estoy de acuerdo en lo absoluto, ya que de una forma u otra la historia nos dice que China siempre ha sido una de las economías más fuertes del mundo, sólo que sus formas de hacer y logros no fueron del conocimiento de los occidentales de forma cercana, salvo a partir de la revolución de las comunicaciones y la tecnología.
Para la mayoría de nosotros China era el país que tuvo una violenta revolución comunista, que se robó el Tíbet dejando al Dalai Lama como damnificado en New York y acabó vendiéndonos electrodomésticos desechables “made in China”, claro, además de ser los padres legítimos de la brújula y la pólvora. Pero señores, el Hommo Sappiens hizo su aparición en territorio chino hace unos 40,000 años y hace unos 10,000 ya se cultivaba el arroz en el Yangtsé y tenga en cuenta que, según estudios de OCDE, en el período del siglo V al XIV China era la primera potencia económica del mundo en términos de PIB, PIB p/c y población, muy por encima de Europa Occidental.
Es indudable que su extensa geografía indica una gran cantidad de pueblos y culturas que a través de los siglos se fueron fusionando, pero muchos están de acuerdo en que el desarrollo de su lengua de símbolos es lo que ha servido de base para su unificación y evolución como cultura. Pero si de verdad queremos comprender el porqué de la evolución socio-política y económica de la China es necesario entender su esquema feudal de dinastías.
De los 3,700 años de historia más del 95% de estos corresponden a períodos dinásticos constituidos por familias poderosas que usualmente ostentaban el poder total por largos períodos, con un patrón de luchas por territorios y procesos de reunificación con desarrollos importantes en la cultura y el comercio. Cada una de estas dinastías aportó una visual cultural y económica que fue estructurando la vida social, política y económica del gigante asiático, a la vez que defendían su territorio de los constantes embates de hunos, mongoles y, posteriormente, Japón y Europa.
Indudablemente el primer matiz de la economía fue la agricultura a la que se dedicaron con gran éxito durante la prehistoria. En la edad media aparecen las escuelas filosóficas de Lao Tse, Confucio y el invento del papel permite la aparición de grandes obras literarias promoviendo la educación a todos los niveles y dando gran poder al Imperio chino que durante el siglo XIV se consolidó como la principal flota marítima del mundo. Posteriormente inició lo que sería el floreciente comercio de la seda, el té y el valorado opio, no sólo con sus vecinos asiáticos, sino posteriormente con Europa.
Hubo una etapa en que existieron 140 reinos en China y, por lo tanto, la lucha por el poder se sucedía de período en período y aunque hubo espacios de paz, sobre todo promovidos por la dinastía Tang donde se multiplica el comercio con otras naciones y se extiende el Budismo, la corrupción y las desigualdades que se daban en los distintos reinos, promueven una serie de revoluciones que acaban a la larga por erradicar las dinastías.
Este esquema de Dinastías sentó las bases de lo que es hasta hoy el sistema de jerarquías en China. El Emperador era considerado el descendiente de los dioses y por lo tanto el nivel más alto de poder, luego se consideraba a los aristócratas constituidos por la familia del Emperador junto con algunos caudillos militares y terratenientes. Le seguían los mandarines que no eran otra cosa que funcionarios del imperio (gobernadores, jueces, etc.). Por último se ubicaban los campesinos y, por supuesto, los esclavos que no tenían absolutamente ningún derecho.
Por eso los chinos, aún hoy en día, son tremendamente respetuosos de las jerarquías y eso lo denotan a la hora de hacer negocios. Si es observador notará que siempre intercambian tarjetas de presentación, es porque les gusta saber el rango de la persona con quien tratan.
Así mismo muchos se preguntan por qué en China se castiga de forma tan estricta la corrupción de funcionarios públicos o, incluso de los privados que promueven esto.
Simple es una aversión heredada de los sistemas dinásticos. Resulta que los mandarines ostentaban todo el poder otorgado por el emperador para cargar y cobrar los impuestos del estado y con el paso de cada dinastía se volvía mucho más poderosos a base de corrupción y prebendas. Esto fue especialmente observado durante la Dinastía Qing, donde se establecía que los mercaderes tenían una alta influencia en las políticas de gobierno, prueba de ello, la famosa guerra del opio.
Este fue uno de los argumentos utilizados por la Revolución China al hacer su interpretación moderna de la historia y, por tal razón, la población china actual ostenta una aversión pronunciada por los sobornos y actos de corrupción, sobre todo si se dan por parte de sus funcionarios con extranjeros; no en balde, 140,000 funcionarios fueron investigados por corrupción en 2011.
La otra característica heredada del sistema de dinastías es indudablemente su desconfianza hacia el extranjero y la penetración de sus fronteras. ¿Por qué cree usted que existe esa obra majestuosa que es la muralla china? Fue construida para repeler las invasiones de tribus nómades y se ha convertido en símbolo que aglutina ese sentimiento de desconfianza hacia los extranjeros. Son bien sabidas las dificultades que han tenido muchas transnacionales para abrir oficinas en China, donde incluso se les ha exigido que les entreguen información corporativa de su producción para lograr establecerse allí. El simbolismo de China como el centro del todo, aún priva en su cultura y aunque cada día se entiende un poco más las ventajas de la diversidad, aún son extremadamente desconfiados.
Lo cierto es que China siempre estuvo entre las primeras potencias económicas del mundo y, entonces, ¿cómo es que nosotros alguna vez la miramos como un país con pobre desempeño?
Si bien es cierto que durante la primera mitad del siglo XIX China aún superaba en PIB a Europa, USA y Japón, a partir de 1850 su economía comenzó a decaer quedando en la cola, producto de las guerras del opio I y II que trajeron consigo la pérdida de territorios chinos y disputas con las potencias europeas además de una guerra civil, cuyo propósito inicial fue sacar a los extranjeros invasores, que desgastó la economía china y con los años dio por resultado la fundación del partido comunista en 1911 y la posterior victoria de Mao Zedong en 1949.
La Alianza Mao URSS duro poco y aunque se introdujeron una serie de reformas como el Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural, las mismas estuvieron salpicadas con miles de muertos, campesinos descontentos y, por supuesto, las puertas quedaron abiertas para las reformas de Deng Xiaoping. Es en esta parte de la historia donde muchos se preguntan si China fue alguna vez un sistema comunista real.
Bien yo diría que lo fue principalmente con Mao Zedong, no obstante, para la mayoría de los chinos Rusia no era más que otro extranjero imperialista y, por lo tanto, las masas en realidad nunca confiarían en ellos... Y dado que las reformas aplicadas por Mao tuvieron las mismas falencias que las aplicadas en Rusia, los chinos buscaron la forma de readaptarla a su visión de “China el centro del Mundo”. Es así como China acaba siendo, desde mi punto de vista, un Estado socialista con ambiciones capitalistas.
Y digo lo anterior ya que la clave para Deng Xiaoping y su equipo fue darse cuenta del atraso tecnológico y comercial que arrastraba China en comparación a Occidente y, fue así que introdujo las cuatro modernizaciones: agricultura, industria, defensa y ciencia. La apertura realizada en 1978 contribuyo al intercambio y la cooperación de la economía y tecnología con el exterior, manifestada en diversos rubros, desde la industria manufacturera. Esto fortaleció la industria, permitió la inversión extrajera directa e indudablemente mejoró la calidad de la producción, convirtiéndose en la “fábrica del mundo”. En la década de los ´80 se acuñó la famosa frase “made in China” ya que toda Europa fue invadida de una gran cantidad de productos chinos, muy baratos, pero que adolecían de tecnología de punta. Este era indudablemente uno de los puntos que Deng Xiaoping intentaba mejorar y así se crearon una serie de “empresas piloto” cuyos empresarios establecieron una estricta modernización de los métodos de producción y se flexibilizó el despido por ineficiencia, así como la recompensa por líneas de producción sin fallas.
En 1984 China se abre la economía mundial formando zonas económicas especiales y zonas económicas costeras con el fin de alentar el consumo intensivo de mano de obra para productos de exportación, es destacable la estrategia desarrollada en la ciudad costera de Dalian, cercana a Corea y Japón, lo que dio por resultado la inversión de más de 300 empresas niponas en su territorio. Por eso llaman a China el “taller del mundo”, se calcula que casi un 25% de los bienes manufacturados a nivel mundial, se producen en China.
No obstante el mundo aún recelaba de una economía comunista con total planificación y control estatal, sobre todo con el recuerdo de Tiananmen. Pero Deng Xiaoping había establecido excelentes relaciones con los Estados Unidos y en 2001, después de años de negociaciones y con el respaldo total de USA, China retorna a la OMC obligándose a cumplir con los acuerdos internacionales de comercio, garantizando así la apertura completa a todos los mercados mundiales.
De ahí en adelante el “milagro chino” es historia. Se espera que China tenga el mayor PIB a nivel mundial en 2030 y se convierta en la primera economía mundial. Eso a todas luces demostraría que sí es un “Royal Flush”; sin embargo, aun tengo dudas sobre ciertos aspectos que abordaremos en algún escrito futuro. Soy una convencida de que la mejor mano de póker que tiene China es su inmenso mercado al que todos aspiran a exportar, por lo tanto, puede ser un “Royal Flush” comercialmente, pero probablemente baje a un “Póker” como economía mundial sobre todo si le damos una miradita a sus finanzas.
Cuando China despierte, el mundo temblará.
Napoleón Bonaparte

0 comments:
Post a Comment