Desde enero de este año esta en la palestra el caso del UBS AG, pero desde el pasado 18 febrero cuando el banco suizo accedió a dar los nombre de 300 clientes estadounidenses con sospechas de evadir impuestos, un tornado ha estremecido los cimientos del mercado financiero internacional nuevamente: ¿es este el fin del secreto bancario?El mal llamado “secreto bancario” existe en la legislación financiera suiza desde 1934 y muchas páginas de la historia financiera mundial han estado ligadas a esta legislación. Recordemos que durante la Segunda Guerra Mundial Suiza tuvo que soportar las presiones nazis por saber datos de la cuentas de los judíos y otras minorías perseguidas y, luego en los ´90, la otra cara de la moneda, Suiza se vio forzada a liberar información sobre los judíos dueños de estas cuentas, en su mayoría fenecidos durante la guerra, y cuyos montos superaban los 1,000 millones, a fin de que fueran restituidas a sus legítimos descendientes.
Pero……. por qué digo “mal llamado secreto bancario”. La realidad es que en materia de legislación los países difieren generalmente en términos de la fuente donde se genera el ingreso. Por ejemplo en Estados Unidos y muchos países desarrollados, la fuente del ingreso es imputable de acuerdo al concepto de “nacionalidad”, o sea que todo nacional del país deberá pagar impuestos por los ingresos que reciba de negocios que se realicen en cualquier país del mundo. Para otros, como en la mayoría de los llamados “paraísos fiscales”, el ingreso es imputable de acuerdo al concepto de “territorialidad”; es decir, que sólo debe pagar impuestos por el ingreso que reciba de negocios que se generen en dicho país.
Es indudable que esta diferencia soberana entre las naciones ha generado que algunos nacionales de los países donde priva el concepto de nacionalidad, prefieran hacer sus negocios y sociedades en países donde priva el concepto de territorialidad, evitando así el pago de impuestos en su país de origen, que generalmente corresponden a tasas más altas. La pregunta del millón es: ¿es esto malo? Pues bueno, como todo en esta vida, depende del lado de la cancha donde esté parado.
Pero……. por qué digo “mal llamado secreto bancario”. La realidad es que en materia de legislación los países difieren generalmente en términos de la fuente donde se genera el ingreso. Por ejemplo en Estados Unidos y muchos países desarrollados, la fuente del ingreso es imputable de acuerdo al concepto de “nacionalidad”, o sea que todo nacional del país deberá pagar impuestos por los ingresos que reciba de negocios que se realicen en cualquier país del mundo. Para otros, como en la mayoría de los llamados “paraísos fiscales”, el ingreso es imputable de acuerdo al concepto de “territorialidad”; es decir, que sólo debe pagar impuestos por el ingreso que reciba de negocios que se generen en dicho país.
Es indudable que esta diferencia soberana entre las naciones ha generado que algunos nacionales de los países donde priva el concepto de nacionalidad, prefieran hacer sus negocios y sociedades en países donde priva el concepto de territorialidad, evitando así el pago de impuestos en su país de origen, que generalmente corresponden a tasas más altas. La pregunta del millón es: ¿es esto malo? Pues bueno, como todo en esta vida, depende del lado de la cancha donde esté parado.
A ver, si yo tengo una cuenta bancaria, los detalles de la misma sólo deben ser del dominio público en la medida en que yo quiera que lo sepan. Yo no tengo por qué revelarle a toda el que quiera, mi número de cuenta y mi saldo, a menos que yo lo autorice dentro del marco de una transacción bancaria. En todas las legislaciones del mundo, si usted cayó en desgracia con la Ley, las instituciones a cargo deberán emitir una orden de un juez para que se investigue sus haberes y demás hierbas aromáticas. Este, señores, es el derecho de todo ciudadano común y que se viola hoy día con mucha facilidad, sino que lo digan los estafados, secuestrados Express y demás. El problema real se encuentra en las llamadas cuentas cifradas, que han sido siempre el “núcleo” del negocio suizo.
La cuentas cifradas en Suiza, Panamá y en la Cochinchina son absolutamente anónimas ya que el nombre del cuenta habiente se sustituye por un número o código, sólo conocido por el dueño de la cuenta y el ejecutivo del banco asignado. Esto, por supuesto, puede ser utilizado por gente inescrupulosa para trabajar en la sombra, pero es muy injusto tacharla de una “mal praxis” bancaria simplemente porque dificulta que algunos países puedan iniciar investigaciones a sus nacionales para determinar si están o no evadiendo al fisco de su país.
De hecho esto último sigue generando una torcedura de brazo muy poderosa para el UBS. Lo que muchos pueden no saber sobre las aristas de este problema es que el UBS tuvo pérdidas severas del valor de sus acciones por efectos de las crisis de las “subprime” y que recibió del Gobierno Suizo fondos de rescate por 59 millones. Además, su filial estadounidense enfrenta un proceso judicial por ayudar a nacionales de USA a evadir impuestos. Esto es algo muy singular, sobretodo si se lee lo relacionado con Igor Oleinicoff, quien aduce que en UBS lo condujeron hacia el crimen fiscal, al explicarle las formas cómo podían ayudarlo a evadir impuestos en USA sobre 200 millones de dólares. ¡Vaya!
Por eso, y a fin de aplacar los ánimos, el UBS cedió información sobre 300 clientes sobre los cuales existen sospechas de evasión, pero se negó irresolutamente a dar información sobre las más de 52,000 cuentas cifradas de americanos en el banco, sobre los que no existe sospecha alguna de evasión. Por supuesto, si el UBS hace esto, simple y sencillamente sus banqueros enfrentarán pena de prisión en Suiza, ya que estarían violando las legítimas leyes del país helvético.
Lo cierto es que toda esta situación ha sido aprovechada también para mezclar peras con mangos y ahora el G-20 y la OCDE intentan aprovechar esta conyuntura para dejar caer la “Espada de Damocles” que hace años pende sobre aquellos países MAL DENOMINADOS “paraísos fiscales”, y eliminar una competencia que ellos consideran desleal y propicia para malos manejos. Y digo peras con mangos porque, si bien es cierto, que las cuentas cifradas son características de la banca “offshore”, no necesariamente son la causa a perseguir.
El sistema mercantil y bancario panameño tiene una sólida base de negocios “offshore”, que ha logrado con mucha dedicación, seriedad y esfuerzo. El término significa “fuera de la costa” y se refiere a las transacciones, cuentas o negocios en territorios que han decidido, soberanamente, ser de reducida o nula tributación, que nada tiene que ver con esconder cosas, hechos o acciones. De hecho el concepto de “paraíso fiscal” es una mala traducción de algún despistado, que no se dio cuenta que el término inglés era “tax haven” que significa “refugio fiscal” y no “tax heaven”. Si preguntan qué importancia puede tener esto, analice por un instante el proceso cognitivo de un inspector del IRS. Paraíso es sinónimo de no reglas, no leyes, no nada, el típico “laissez faire laissez passer”; sin embargo, un refugio, se basará siempre en una extensa planificación de su propósito y funcionamiento.
Señores, háganme el favor, que van a poner a Panamá en una ¡lista negra! Ya lo he dicho en otras ocasiones, a quien Dios se lo da, que San Pedro se lo bendiga. Panamá tiene todo el derecho de mantener sus negocios “offshore”, siempre y cuando promueva los mecanismos necesarios para que no puedan ser mal utilizados. En cuanto al secreto bancario, que parece ser la punta de lanza en esta vieja cacería de zorros, tanto Suiza como Panamá han creado mecanismos para garantizar la transparencia en las triangulaciones, la constitución de sociedades y la apertura de cuentas bancarias. El levantamiento del secreto bancario está consignado en la Ley 18 de 1959 en el caso panameño y en la legislación Suiza, siempre que medie una acusación penal comprobada.
No estamos en contra de que se tomen todas las medidas que sean necesarias en términos de cooperación, siempre que medie una autorización judicial para hacerlo, aún en los casos de sospechas no confirmadas, pero creo muy injusto que se nos quiera penar comercialmente, en aras de que un país pueda cobrar los $100,000 millones de dólares que sus nacionales no quieren compartir con su fisco. Si hay que tomar medidas difíciles y estructurar mejor la forma en que se conceden estos privilegios a los inversores extranjeros, estoy totalmente de acuerdo, pero no puedo avalar que el derecho soberano a determinar cómo hacemos negocios, nos sea arrebatado cuando dichos países bien pudieran hacer un esfuerzo por estructurar sus sistemas y conciliar sus diferencias internas con sus nacionales en materia de impuestos.
La cuentas cifradas en Suiza, Panamá y en la Cochinchina son absolutamente anónimas ya que el nombre del cuenta habiente se sustituye por un número o código, sólo conocido por el dueño de la cuenta y el ejecutivo del banco asignado. Esto, por supuesto, puede ser utilizado por gente inescrupulosa para trabajar en la sombra, pero es muy injusto tacharla de una “mal praxis” bancaria simplemente porque dificulta que algunos países puedan iniciar investigaciones a sus nacionales para determinar si están o no evadiendo al fisco de su país.
De hecho esto último sigue generando una torcedura de brazo muy poderosa para el UBS. Lo que muchos pueden no saber sobre las aristas de este problema es que el UBS tuvo pérdidas severas del valor de sus acciones por efectos de las crisis de las “subprime” y que recibió del Gobierno Suizo fondos de rescate por 59 millones. Además, su filial estadounidense enfrenta un proceso judicial por ayudar a nacionales de USA a evadir impuestos. Esto es algo muy singular, sobretodo si se lee lo relacionado con Igor Oleinicoff, quien aduce que en UBS lo condujeron hacia el crimen fiscal, al explicarle las formas cómo podían ayudarlo a evadir impuestos en USA sobre 200 millones de dólares. ¡Vaya!
Por eso, y a fin de aplacar los ánimos, el UBS cedió información sobre 300 clientes sobre los cuales existen sospechas de evasión, pero se negó irresolutamente a dar información sobre las más de 52,000 cuentas cifradas de americanos en el banco, sobre los que no existe sospecha alguna de evasión. Por supuesto, si el UBS hace esto, simple y sencillamente sus banqueros enfrentarán pena de prisión en Suiza, ya que estarían violando las legítimas leyes del país helvético.
Lo cierto es que toda esta situación ha sido aprovechada también para mezclar peras con mangos y ahora el G-20 y la OCDE intentan aprovechar esta conyuntura para dejar caer la “Espada de Damocles” que hace años pende sobre aquellos países MAL DENOMINADOS “paraísos fiscales”, y eliminar una competencia que ellos consideran desleal y propicia para malos manejos. Y digo peras con mangos porque, si bien es cierto, que las cuentas cifradas son características de la banca “offshore”, no necesariamente son la causa a perseguir.
El sistema mercantil y bancario panameño tiene una sólida base de negocios “offshore”, que ha logrado con mucha dedicación, seriedad y esfuerzo. El término significa “fuera de la costa” y se refiere a las transacciones, cuentas o negocios en territorios que han decidido, soberanamente, ser de reducida o nula tributación, que nada tiene que ver con esconder cosas, hechos o acciones. De hecho el concepto de “paraíso fiscal” es una mala traducción de algún despistado, que no se dio cuenta que el término inglés era “tax haven” que significa “refugio fiscal” y no “tax heaven”. Si preguntan qué importancia puede tener esto, analice por un instante el proceso cognitivo de un inspector del IRS. Paraíso es sinónimo de no reglas, no leyes, no nada, el típico “laissez faire laissez passer”; sin embargo, un refugio, se basará siempre en una extensa planificación de su propósito y funcionamiento.
Señores, háganme el favor, que van a poner a Panamá en una ¡lista negra! Ya lo he dicho en otras ocasiones, a quien Dios se lo da, que San Pedro se lo bendiga. Panamá tiene todo el derecho de mantener sus negocios “offshore”, siempre y cuando promueva los mecanismos necesarios para que no puedan ser mal utilizados. En cuanto al secreto bancario, que parece ser la punta de lanza en esta vieja cacería de zorros, tanto Suiza como Panamá han creado mecanismos para garantizar la transparencia en las triangulaciones, la constitución de sociedades y la apertura de cuentas bancarias. El levantamiento del secreto bancario está consignado en la Ley 18 de 1959 en el caso panameño y en la legislación Suiza, siempre que medie una acusación penal comprobada.
No estamos en contra de que se tomen todas las medidas que sean necesarias en términos de cooperación, siempre que medie una autorización judicial para hacerlo, aún en los casos de sospechas no confirmadas, pero creo muy injusto que se nos quiera penar comercialmente, en aras de que un país pueda cobrar los $100,000 millones de dólares que sus nacionales no quieren compartir con su fisco. Si hay que tomar medidas difíciles y estructurar mejor la forma en que se conceden estos privilegios a los inversores extranjeros, estoy totalmente de acuerdo, pero no puedo avalar que el derecho soberano a determinar cómo hacemos negocios, nos sea arrebatado cuando dichos países bien pudieran hacer un esfuerzo por estructurar sus sistemas y conciliar sus diferencias internas con sus nacionales en materia de impuestos.
"Ninguna nación fue arruinada jamás por el comercio"
Benjamin Franklin
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